Salud
Alergias estacionales y salud bucodental: “La relación radica en la inflamación”
Alberto Cuevas, Dr. en Medicina y Cirugía y Odontólogo y director médico de la clínica dental MAEX Cuevas Queipo – MAEX
MADRID, ESPAÑA/ SALUD DIGITAL.— La llegada de la primavera no solo trae consigo el aumento de la polinización, sino también una serie de efectos menos visibles que pueden afectar directamente a la salud bucodental.
Aunque habitualmente se asocian las alergias estacionales con síntomas respiratorios o oculares, también pueden alterar el equilibrio de la cavidad oral y favorecer la aparición de patologías dentales.
En este contexto, la inflamación se convierte en uno de los principales vínculos entre las alergias y la salud oral. Tal como explica Alberto Cuevas, doctor en Medicina y Cirugía, odontólogo y director médico de la clínica dental MAEX Cuevas Queipo en Málaga, en una entrevista concedida a Dentalia, “la relación entre las alergias estacionales y lasalud bucodental radica en la inflamación”. En este sentido, subraya que, al igual que ocurre con otras mucosas, “las encías pueden inflamarse como respuesta a los alérgenos en el aire”.
Esta inflamación gingival puede manifestarse con distintos niveles de intensidad. Desde “un ligero enrojecimiento y sensibilidad” hasta “un sangrado pronunciado al cepillado o al masticar”. Además el experto apunta que “los pacientes con alergias estacionales tienden a respirar más por la boca cuando su nariz está congestionada, pueden padecer de sequedad bucal”.
Esto puede afectar a la disminución del flujo salival, cuyas consecuencias son relevantes: “La saliva es fundamental para arrastrar los residuos de alimentos y neutralizar los ácidos”, por lo que su reducción puede “aumentar el riesgo de desarrollar gingivitis, halitosis, caries y otros problemas dentales”.
“Los pacientes con alergias estacionales tienden a respirar más por la boca cuando su nariz está congestionada, pueden padecer de sequedad bucal”
Cuando la respiración oral se prolonga durante semanas, el impacto va más allá de la sequedad. Cuevas advierte de que “la prolongación de la respiración oral puede romper el equilibrio funcional y estructural de la boca”, ya que “anula las funciones naturales de la nariz” y modifica la dinámica muscular. En este proceso, la lengua desciende y deja de ejercer su función sobre el paladar, lo que puede alterar el desarrollo de la cavidad oral.
A nivel funcional, este hábito también puede generar “tensión muscular” y aparece una hipotonía -debilidad- en los labios, que quedan entreabiertos, y “una alteración en los músculos masticatorios”. Además, debido a la sequedad bucal “el flujo constante de aire sin humidificar elimina la saliva, que es la principal defensa química y mecánica de la cavidad oral”.
El Dr. Cuevas advierte de que si la congestión nasal persiste y la respiración oral se vuelve un hábito de semanas, “empiezan a aparecer consecuencias evidentes”. Entre ellos, apunta a problemas en las encías y caries por acumulación de placa bacteriana: “Al perderse la saliva, el pH de la boca se vuelve ácido y disminuye la remineralización; puede aparecer gingivitis y un mayor riesgo de caries, especialmente en los dientes frontales”, describe. También puede derivar en “halitosis o mal aliento” debido a la proliferación bacteriana, así como en alteraciones del sueño, con aparición de ronquidos o descanso fragmentado.
En los casos en los que esta situación se cronifica, especialmente en población infantil, pueden aparecer alteraciones estructurales que lleven a una deglución atípica. “Se traga incorrectamente, la lengua empuja los dientes hacia afuera en lugar de apoyarse en el paladar”, describe. “Si este cuadro no se resuelve y pasan semanas, meses o años -especialmente en niños-, puede derivar en paladar ojival y malposición con apiñamiento dental”, alerta.
LOS EFECTOS DE LOS ANTIHISTAMÍNICOS
A estos factores se suma el efecto de algunos tratamientos habituales para controlar la alergia. Cuevas explica que “algunos antihistamínicos pueden provocar sequedad bucal al reducir el flujo salival”, lo que compromete aún más los mecanismos de defensa de la cavidad oral. Este efecto está especialmente asociado a los antihistamínicos de primera generación.
En concreto, estos fármacos “bloquean los receptores que estimulan las glándulas salivales, disminuyendo la producción de saliva”, lo que puede desencadenar problemas como caries, erosión del esmalte o gingivitis. Además, pueden aparecer “sensibilidad y dolor”, junto con halitosis, irritación de las mucosas e incluso “decoloración dental leve” en algunos casos.
En definitiva, las alergias estacionales no solo afectan a las vías respiratorias, sino que también pueden comprometer la salud bucodental a través de múltiples mecanismos. La inflamación, la sequedad bucal, la respiración oral y los efectos de determinados tratamientos configuran un escenario que requiere atención y seguimiento para evitar complicaciones a medio y largo plazo.
