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Salud

«Si una persona tiene colesterol, fuma y padece una enfermedad inflamatoria, su riesgo cardiovascular se multiplica»

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MADRID, ESPAÑA / EUROPA PRESS.— La doctora Susana Romero, jefa del servicio de Reumatología del Complexo Hospitalario Universitario de Pontevedra (CHUP) es, desde este lunes, la nueva presidenta de la Sociedad Española de Reumatología (SER). 

La especialista detalla los retos que tiene por delante en los próximos dos años como responsable, en el marco del Congreso Nacional de la SER, que tuvo lugar en Bilbao esta semana.

—¿Qué buenas noticias trae de este encuentro?

—Hemos visto avances en distintas áreas. Tanto en un mayor conocimiento de la forma de desarrollarse las patologías, como en la aparición de nuevas moléculas, que han mostrado y están mostrando eficacia en enfermedades que, en ocasiones, teníamos prácticamente huérfanas. Siempre es un motivo de alegría ver cómo la investigación no cesa, cómo se están desarrollando nuevas vías para afrontarlas y cómo nuestros pacientes van a tener una esperanza que hace unos años no tenían.

—En España hay más de once millones de personas diagnosticadas con una enfermedad reumática. Sin embargo, desde la SER indican que son patologías aún desconocidas. ¿Por qué cree que sucede esto?

—Es una especialidad bastante desconocida. Creo que se presta a confusión, sobre todo, por el nombre que tiene. La gente asocia reuma a una sola enfermedad de las casi 300 que llevamos los reumatólogos y las reumatólogas. Hay muchas patologías reumáticas: unas son de origen mecánico, como puede ser la artrosis, lo que la gente conoce por reuma, que es producto de la edad o del sobreuso; pero hay otro conjunto de enfermedades inflamatorias que están causadas por un desorden del sistema inmunitario. Este está pensado para defendernos contra lo extraño, pero cuando se desregula deja de reconocer lo propio como tal y se vuelve contra el organismo. Ese es el origen de muchas enfermedades inflamatorias autoinmunes que llevamos en reumatología. En ellas hay una predisposición genética que sobre la que actúan una serie de factores ambientales, unos conocidos y otros todavía por conocer; entre ellos están el tabaco, la polución, una dieta inadecuada o la obesidad, que se pueden controlar. También otros factores genéticos, contra los que no se puede hacer nada. Es importante controlar los de estilo de vida para evitar, en la medida de lo posible, el desarrollo o la gravedad de la enfermedad cuando ya se tiene.

—La especialidad vive un buen momento.

—Sí. Ha ido despuntando con el tremendo avance de la investigación en los últimos tiempos. Estamos asistiendo a un momento revolucionario. Cada vez conocemos más de la etiopatogenia, de lo que desencadena estas enfermedades, de las vías de la inflamación que están afectadas en cada una de ellas y se están desarrollando muchas moléculas que nos han ayudado, junto con una estrategia terapéutica adecuada, a controlar la inflamación en los inicios cuando todavía no ha causado un daño estructural. Esto es el objetivo. El pronóstico de nuestros pacientes ha cambiado desde que los cogemos a tiempo y desde que los vigilamos estrechamente introduciendo los tratamientos adecuados para controlar el proceso inflamatorio. Es una especialidad además muy sistémica, no solamente afecta las articulaciones, puede afectar al corazón, al pulmón, a los riñones, a los ojos, a la piel, incluso al aspecto psicológico. No solo porque, a veces, a los pacientes les cueste asumir que tienen una enfermedad, sino porque las moléculas que inflaman todos estos órganos pueden provocar depresión y en algunas personas también psicosis.

—¿De qué forma se relaciona la enfermedad reumática con la cardiovascular?

—Cuando la inflamación está activa pueden provocar una inflamación subclínica en los vasos sanguíneos. En este sentido, las enfermedades reumáticas inflamatorias cuando están activas son un factor de riesgo cardiovascular independiente a los tradicionales. Es decir que si una persona tiene colesterol, obesidad, fuma o tiene hipertensión y, además, padece una enfermedad inflamatoria, su riesgo cardiovascular se multiplica. Por ello es tan importante tener esta patología y su inflamación bien controladas, para evitar así el daño de los órganos y de los vasos sanguíneos. De hecho, todos los tratamientos y estrategias terapéuticas que estoy explicando van encaminados a que el paciente pueda llevar a cabo su vida con la mayor normalidad posible, que pueda vivir como si no tuviera la enfermedad. Esto lo conseguimos cuando lo cogemos pronto. Es muy importante que la población sea capaz de alertarse ante los primeros síntomas de las enfermedades para pedir ayuda. Solo que hay casos en los que los síntomas iniciales son inespecíficos y la enfermedad se sospecha por una analítica que se le hace a un paciente que se encuentra mal o que simplemente cansado.

—Casi puede decirse que es un momento dulce para abordar algunas de estas enfermedades. ¿Cómo era cuando usted empezó?

—Cuando hacía la residencia, entrabas en la sala de espera y sabías quién era el paciente y quién era el acompañante. Aquello parecía un parque móvil porque había muletas, había sillas de ruedas. Hoy en día no sabemos quién es el paciente y quién le acompaña porque se ha llegado a este control, que se consigue cuanto más pronto se ataja a la enfermedad. Pero también es cierto que, por ejemplo, hay enfermedades como las vasculitis, como el lupus eritomatoso sistémico, como el síndrome de Sjögren, como las miopatías autoinmunes, que si no se controlan, incluso ponen en riesgo la expectativa de vida del paciente. Hoy en día disponemos de fármacos que no teníamos hace años y nos permiten el control de estas enfermedades tan graves. Por eso, dentro del programa de formación de la reumatología, tenemos un apartado independiente y con mucha profundidad el abordaje de este tipo de condiciones.

—Dice que los síntomas pueden ser inespecíficos. ¿Hay retraso en el diagnóstico?

—Por desgracia, de momento aún hay cierto retraso, pero hay formas de contrarrestarlo. Una comunicación fluida con atención primaria es fundamental porque es la puerta de entrada de estos pacientes. Hay que establecer protocolos de derivación ágil, procesos asistenciales que permitan que lleguen pronto a las consultas de reumatología y también una organización dentro del servicio creando unidades de atención que permitan el diagnóstico precoz y un seguimiento muy estrecho. También son claves las campañas de divulgación a la población para que aprendan a reconocer los primeros síntomas son muy importantes.

—¿Cuáles son?

—En en la artrosis hay un dolor mecánico, es decir, que aparece con el movimiento y mejora con el reposo. Hay otras enfermedades que producen artritis, que es una inflamación de las articulaciones y antes de que se inflamen, estos pacientes pueden tener un dolor que empeora con el reposo o justo después del reposo; posteriormente, se acompaña de inflamación articular, de una rigidez matutina. También hay otras enfermedades, como el lupus eritomatoso sistémico, que pueden presentarse con muy diversos síntomas. 

Hay muchos pacientes que tienen fotosensibilidad. Cuando una persona tiene cansancio y malestar general, siempre hay que descartar que tenga una afectación sistémica. En este caso se hacen unos análisis y si están extendidas las células sanguíneas, los glóbulos rojos, los blancos, las plaquetas, o tienen una serie de anticuerpos que son propios de cada enfermedad, ya nos pone en alerta de que el paciente pueda tener una enfermedad reumática. Luego las miopatías inflamatorias cursan con debilidad muscular. Con todo, hay otras enfermedades que puede parecer que provocan debilidad, cuando a lo mejor lo que los pacientes tienen es dolor y rigidez, como puede ser la polimialgia reumática.

—¿Se espera que las enfermedades reumáticas sigan creciendo en los próximos años? Al final, la población envejece y los hábitos empeoran.

—No cabe duda de que el empeoramiento de los hábitos y el envejecimiento de la población siempre puede propiciar la aparición de ciertas enfermedades, pero no olvidemos que las enfermedades reumáticas pueden aparecer en niños, incluso en bebés. Es más, las autoinmunes son más graves en gente más joven que en gente mayor, porque el sistema inmunológico que protege a los jóvenes frente a las agentes extraños, como pueden ser las infecciones o las células tumorales, el es muy potente para defenderlos contra ellos cuando funciona bien, pero cuando se altera, esa misma potencia la ejerce para volverse contra el propio organismo. Como no cabe duda, en la gente mayor es más frecuente la aparición de artrosis, que es una patología no inflamatoria en los inicios. En cualquier caso, hay que dejar claro que las enfermedades reumáticas no entienden de edades.

—Desde la Sociedad Española de Reumatología alertaban de un déficit de especialistas, sobre todo, en zonas despobladas. ¿Va a ser uno de sus retos en la presidencia de la entidad?

—Tengo varios retos como presidenta de la sociedad. Uno de ellos es, efectivamente, desarrollar las herramientas necesarias para que no haya ciudadanos que estén sin atención reumatológica. Esto pasa por aumentar las plazas MIR, incrementar el número de reumatólogos y establecer procesos asistenciales en los que, seguramente, vamos a tener que apoyarnos en las nuevas tecnologías. Por otra parte, creo que se presenta un futuro muy interesante y a mí me va a tocar gestionar dos tipos de transición. La generacional, porque hay muchos reumatólogos que son hijos del Baby Boom, que se van a jubilar en los próximos años y tiene que haber un recambio. Y otra, la transición tecnológica. Las nuevas tecnologías van a venir para que nos podamos apoyar en ellas en beneficio de los pacientes. Han de estar validadas y tienen que haber demostrado su utilidad, pero es indudable que van a formar parte de nuestro día a día.

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