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El acuerdo del diésel de Trump y Putin: ¿qué hay detrás?

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Un galón de diésel (usado por el transporte pesado y central en la distribución nacional de paquetería, productos agrícolas, materiales, insumos, alimentos y otros bienes de consumo) cuesta en promedio 6,28 dólares en Estados Unidos este 12 de octubre, con picos en estados como California, donde puede elevarse sobre los 8 dólares.

En septiembre, el precio alcanzó un máximo histórico de 6,53 dólares, de nuevo según el promedio de todos los estados.

Hace un año por esta misma época, el costo medio era de 3,70 dólares el galón, según cifras de la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA). En febrero, cuando comenzó la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, ese promedio era de 3,76.

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Imagen de portada: © France 24

En un programa de radio dirigido a oyentes latinos en la emisora La Mega 101.7 en Lehigh Valley, Pensilvania, un camionero llama al conductor Víctor Martínez y le ofrece el lado positivo de este panorama: podrá irse de vacaciones no planificadas, porque pronto no podrá llenar el tanque de su vehículo.

El aumento del precio de este combustible ha tenido un impacto sobre las cadenas de suministro y, de manera directa, sobre las perspectivas republicanas en las próximas elecciones legislativas intermedias o midterms, donde los aliados del presidente Donald Trump pueden acusar el golpe y perder la exigua mayoría que tienen en ambas cámaras.

El salvavidas para tratar de cambiar el panorama ha llegado en el más inesperado de los desenlaces. El 9 de octubre, Trump anunció un acuerdo para la compra de 300.000 toneladas de diésel a Rusia, según él tanto para el mercado estadounidense como para el global.

Menos de tres semanas atrás, el 18 de septiembre, el mismo Trump había firmado la promulgación de la llamada Ley Lindsey Graham, en honor al senador republicano que la impulsó (fallecido repentinamente antes de la aprobación), que imponía aranceles y sanciones a países que compraran productos energéticos rusos.

¿Qué condujo a la cabriola estratégica que ha convertido a Rusia en un proveedor energético para el mismo país que apenas días antes consideraba liberar licencias para que Ucrania, enemigo de Moscú en la guerra, fabricara sus propios misiles Patriot?

“Una aspirina para curar un cáncer”

Estados Unidos consume cada día unos 3,6 millones de barriles de diésel, lo que equivale a 482.400 toneladas métricas de este combustible.

Las 300.000 toneladas anunciadas en el primer tramo del acuerdo con Rusia representan apenas un poco más de la mitad de un día de consumo para el país.

Aun así, Trump ha insistido en promover las supuestas bondades del trato, “precios más bajos para los estadounidenses, especialmente para los grandes granjeros, rancheros y camioneros”, a los que define como su “gran prioridad”.

“El acuerdo puede contribuir a aliviar tensiones puntuales de mercado, pero no tiene por sí solo una escala suficiente para resolver la crisis mundial de combustible. Es una aspirina para curar un cáncer”, explica en conversación con France 24 Nelson Bandeon, consultor en geopolítica energética.

“Hay un problema de equilibrio mundial de energía severo. Las 300.000 toneladas iniciales equivalen solo a 2,2 millones de barriles de diésel. Es comercialmente relevante para determinados compradores, pero muy pequeña para el consumo mundial de este derivado. Incluso el objetivo (final del acuerdo) de 3 millones de toneladas solo equivaldría a 22 millones de barriles”, apunta.

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Precio del gasóleo en Encinitas, California, EE. UU., 16 de septiembre de 2026.
Imagen de portada: Precio del gasóleo en Encinitas, California, EE. UU., 16 de septiembre de 2026. REUTERS – Mike Blake

Con el estrecho de Ormuz lejos de sus flujos de navegación normales, el de Bab el-Mandeb amenazado por los rebeldes hutíes, el acueducto Este-Oeste de Arabia Saudita sometido a hostilidades y las instalaciones energéticas tanto de Rusia como de Ucrania sufriendo las consecuencias de los ataques mutuos, los inventarios globales de combustible se han desplomado y el diésel no escapa a ese panorama.

Para el experto, la decisión de Trump de recurrir a Rusia obedece a una coyuntura interna, pero también a un interés geopolítico: ofrecer a Moscú un incentivo para acceder a conversaciones de paz con Kiev, una oferta de campaña en la que el presidente estadounidense se ha quedado clamorosamente corto.

“Son objetivos distintos que tienen limitaciones y riesgos. Para mí la decisión tiene más una dimensión de política interna, que son las ‘midterms’”, ante las cuales se pretende ofrecer “el atractivo inmediato de incorporar grandes volúmenes adicionales de diésel a un mercado que enfrenta restricciones de suministro y precios muy elevados”.

Para el experto, Washington privilegia la disponibilidad potencial de un suministro a corto plazo, “sin que se eliminen los riesgos estructurales de depender de Rusia”.

“El objetivo es poder decirle al votante ‘estoy haciendo todos los esfuerzos posibles para bajar el precio del diésel y tratar de reactivar las conversaciones de paz’ con la meta de mitigar el impacto en las elecciones de medio término”, resume.

“El diésel es político”

La jugada podría tener su propio costo político para Trump. Una declaración conjunta de siete senadores, cuatro de ellos republicanos, ha cuestionado el acuerdo apuntando que ofrece a “Putin un salvavidas financiero mientras Rusia continúa matando a civiles ucranianos”.

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Para Bandeon, la efectividad del convenio pasa por unas garantías de cumplimiento que Rusia no luce en la mejor posición para ofrecer.

“Rusia puede ser un proveedor energético relevante a nivel mundial, su producción es enorme, igual su capacidad de refinación a pesar de los ataques de Ucrania, tiene una gran experiencia exportadora, infraestructura para abastecer a mercados internacionales, pero esto no significa que sea un socio comercial o geopolíticamente confiable”, apunta.

“Esa confiabilidad debe medirse con criterios objetivos. Se tienen que cumplir los contratos y al mismo tiempo satisfacerse las necesidades de abastecimiento interno. El diésel es político. Si llega a faltar en Rusia, perder el apoyo interno puede ser complicado, así que el equilibrio es bastante delicado”.

A pesar de su capacidad industrial y su logística de exportación probadas, Rusia debe demostrar su capacidad para cumplir con los volúmenes y plazos anunciados.

“Es necesario distinguir los conceptos de capacidad instalada, capacidad operativa y disponibilidad exportable. Una refinería puede tener una capacidad nominal elevada, pero producir por debajo de ella, debido a los bombardeos, a mantenimientos periódicos, a la restricción de insumos para la producción, y aun después de producido, debe equilibrar las exportaciones con las necesidades internas de mercado”, precisa Bandeon.

Se trata, según el analista, de “una flexibilización específica del acceso al mercado estadounidense”, más que de una solución al problema global de suministro energético.

Un conductor pasa junto a un cartel que indica los precios por galón del combustible normal sin plomo y diésel en una gasolinera Shell el lunes 5 de octubre de 2026, en Evergreen, Colorado.
Un conductor pasa junto a un cartel que indica los precios por galón del combustible normal sin plomo y diésel en una gasolinera Shell el lunes 5 de octubre de 2026, en Evergreen, Colorado. AP Photo/David Zalubowski – David Zalubowski

“Si el diésel ruso se desvía desde un comprador asiático a otro mercado, eso no necesariamente aumenta el suministro mundial, solo cambia la distribución geográfica. La reducción de precios no equivale automáticamente a una recuperación de inventarios, porque para construir existencias es necesario que la oferta disponible supere el consumo en un periodo sostenido en el tiempo”.

Bandeon apunta que “el acuerdo no repara automáticamente las instalaciones dañadas, no elimina las restricciones de navegación, no sustituye la capacidad de refinación perdida. Es una herramienta de estabilización de muy corto plazo, de unas cuatro o cinco semanas hasta que pasen las elecciones de medio término, pero no es la solución estructural a la crisis global”.

Para hacer frente a estos compromisos, Rusia tendrá que operar en un entorno de disponibilidad mermada de tanqueros a nivel mundial, rutas de navegación comprometidas, costos disparados en las primas de los seguros marítimos, ataques ucranianos a sus instalaciones energéticas y servicios financieros limitados por las sanciones.

¿Aliados de espaldas?

Trump ha insistido en que el acuerdo apunta a restaurar los mercados globales, pero socios tradicionales como Europa y Canadá, por ejemplo, no han reaccionado positivamente a una movida que contraviene cuatro años de posición común sobre la guerra en Ucrania.

“Que Washington autorice determinadas operaciones no significa que Europa deba bonificar automáticamente sus políticas de sanciones”, advierte Bandeon.

Recientemente, el Consejo Europeo aprobó un paquete de sanciones que incluyó medidas adicionales sobre el sector energético ruso.

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“Es posible que una crisis prolongada de energía genere presiones para revisar determinadas restricciones comerciales”, reconoce el experto, pero agrega que “no debe confundirse eso con una decisión europea de modificar sus sanciones energéticas y financieras”.

Bandeon apunta que Europa dispone de alternativas de las que Estados Unidos se ha sustraído, como el uso de inventarios de reserva, el ajuste de la demanda, el empleo de energías alternativas o la diversificación de proveedores.

“Una crisis energética puede aumentar el pragmatismo comercial, pero no necesariamente produce una convergencia geopolítica”, sentencia.

Rusia, sin embargo, podría obtener réditos que no necesariamente verifican las advertencias de Volodímir Zelenski de que las exportaciones a Estados Unidos servirán para financiar la guerra.

“Mayores ingresos brutos por venta no equivalen a mayores ingresos fiscales, porque en el proceso intervienen costos, descuentos, mecanismos tributarios, pero el retorno de los volúmenes de productos rusos a mercados previamente restringidos podría reducir las tensiones comerciales y modificar las rutas internacionales de abastecimiento, es decir, podría ser aprovechado por Rusia para redibujar el mapa energético global”, explica el experto.

Si en el camino apalanca la percepción favorable hacia Trump de cara a las elecciones de medio término u ofrece incentivos para una reactivación de la vía diplomática frente a Ucrania, aún está por verse, pero Rusia podría haber obtenido ya su ganancia en la jugada, sin haber despachado aún el primer barril.

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