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El histórico préstamo del tapiz de Bayeux reabre el debate sobre la conservación del patrimonio

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Casi mil años después de narrar la conquista normanda de Inglaterra, el tapiz de Bayeux vuelve a ser noticia. La obra textil del siglo XI acaba de llegar a Londres, prestada por primera vez en su historia al British Museum. El acontecimiento despierta tanto entusiasmo como preocupación y reabre un viejo debate: ¿qué valor tiene la diplomacia cultural frente al riesgo que implica trasladar una obra de arte?

Sus 58 escenas, que conducen el relato hasta la batalla de Hastings de 1066, probablemente fueron bordadas en Inglaterra, según sostiene hoy una parte importante de la comunidad académica. Casi diez siglos después de la victoria de Guillermo el Conquistador sobre el rey Harold, la obra encarna por sí sola la mezcla de cercanía y rivalidad que ha marcado la relación entre ambos lados del canal de la Mancha.

«El tapiz siempre ha sido político», resume Lord Peter Ricketts, exembajador del Reino Unido en Francia, quien impulsó el préstamo. «Es nuestro relato fundacional. La única fecha que todo el mundo recuerda de la escuela: 1066. Así como los franceses recuerdan 1789».

La riqueza de sus detalles ha fascinado durante siglos a historiadoras e historiadores. «Son muy pocas las fuentes que muestran de manera tan concreta lo que la guerra significaba para la gente común», señala la académica Millie Horton-Insch. Intrigas de la corte, maniobras militares, caballos, barcos y soldados: la obra ofrece un valioso retrato de la vida en la Edad Media.

Un préstamo esperado durante décadas

Workers and volunteers rest before preparing to pack the Bayeux Tapestry to transfer to the British Museum, at the Bayeux Tapestry Museum, in Bayeux, northwestern France.
Trabajadores y voluntarios descansan antes de prepararse para embalar el Tapiz de Bayeux para su traslado al Museo Británico, en el Museo del Tapiz de Bayeux, en Bayeux, noroeste de Francia, el jueves 18 de septiembre de 2025. © Lou Benoist, AP

Londres llevaba mucho tiempo solicitando el préstamo del tapiz. Incluso llegó a pedirlo para la coronación de Isabel II, en 1953. Francia siempre se negó.

Sin embargo, en 2018 Emmanuel Macron rompió ese tabú durante una reunión con la entonces primera ministra británica, Theresa May. Después llegaron el Brexit y la pandemia de COVID-19, que dejaron el proyecto en suspenso. También pesaban las dudas sobre la viabilidad de un traslado tan delicado.

La situación cambió gracias a la remodelación del museo de Bayeux, donde la pieza se conserva desde 1983. Cerrado desde septiembre de 2025, el recinto atraviesa una renovación de 40 millones de euros; el nuevo edificio y su anexo abrirán sus puertas en 2027.

Un estudio técnico realizado en 2020 concluyó que mantener el tapiz suspendido en posición vertical aceleraba su deterioro. La recomendación fue exhibirlo completamente extendido sobre una superficie ligeramente inclinada, para disminuir la tensión sobre unas fibras ya muy debilitadas. Esa será precisamente la solución adoptada en la nueva sala.

En Bayeux, la ausencia deja sentimientos encontrados. «Vivimos con el tapiz», comenta una habitante. «Toda la ciudad convive con él y se siente orgullosa». Otros consideran que el préstamo es lógico, ya que la obra narra el nacimiento de la monarquía anglonormanda. «Los ingleses venían a verlo aquí», dice entre risas la guía Christèle Tait. «Ahora se los enviamos. Habrá que ver si nos lo devuelven».

El traslado preocupa a especialistas en conservación

This photo provided by the Ville de Bayeux shows a technician inspecting the tapestry in Bayeux, Normandy.
Esta fotografía, facilitada por la ciudad de Bayeux, muestra a un técnico inspeccionando el tapiz en Bayeux, Normandía, el 8 de enero de 2020. © Ville de Bayeux via AP

Más allá de las consideraciones culturales y políticas, el transporte del tapiz ha provocado fuertes críticas. La evaluación científica más reciente documentó miles de manchas, agujeros y desgarros, además de recomendar una restauración. Para quienes se oponen al préstamo, trasladar un textil en ese estado representa un riesgo innecesario, sobre todo porque el Ministerio de Cultura francés ha sido reservado respecto a algunos aspectos técnicos de la operación.

El historiador del arte y periodista Didier Rykner lanzó una petición en 2025 para impedir el traslado. Según él, nunca se ha evaluado seriamente el impacto que podrían tener las vibraciones del transporte sobre la pieza. «Nunca se ha movido una obra tan frágil», afirma.

Las autoridades francesas responden que no se ha escatimado ninguna medida de protección y destacan el diseño de una caja climatizada fabricada especialmente para esta operación. En el British Museum aseguran que la tecnología desarrollada para el traslado no tiene precedentes.

«Ningún traslado está completamente libre de riesgos», reconoce Michael Lewis, conservador jefe del museo. «Pero todo ha sido diseñado para reducirlos al mínimo razonablemente posible».

En un momento en que los presupuestos destinados a la cultura disminuyen a ambos lados del canal de la Mancha, esta operación diplomática de alto perfil vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la influencia de los Estados en la gestión del patrimonio cultural. Aun así, para generaciones de británicos, 1066 ha sido sinónimo de conquista. Quizá 2026 pase a la historia como el año en que Francia y el Reino Unido decidieron convertir esa fecha en un patrimonio compartido.

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