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Elecciones en Brasil: la pugna por el poderoso voto de los evangélicos

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Es domingo por la mañana. En una calle del centro de Río de Janeiro, unos jóvenes se resisten a que la noche se acabe y bailan sin camisa en un after improvisado en la calle. En la acera de enfrente, la iglesia Batista do Caminho abre las puertas a sus feligreses. Es un templo evangélico progresista que se parece más a una cafetería modernilla que a un lugar religioso tradicional. Dentro, varios cantores se turnan en el palco, mientras que algunos devotos marcan pasos de baile. Entre ellos está Amanda.

Amanda Barroso, una pedagoga que ha cruzado toda la ciudad para asistir al culto del domingo, abrazó la religión evangélica desde pequeña, pero en los últimos años empezó a sentirse incómoda con el discurso ultraconservador de la iglesia que frecuentaba y buscó un lugar diferente, donde pudiera sentirse acogida y no tuviera que esconder sus ideas.

“En 2018 explotó la polarización, empezó la historia de creyentes de derecha y de izquierda y yo decidí pasar más tiempo en el campo progresista, donde tenía mayor libertad de elección”, cuenta Amanda. 

“Después de cuatro años de Gobierno de Lula, creo que muchas personas dentro de las iglesias pentecostales, personas que se benefician de programas sociales, comenzaron a despertarse y también a analizar, a tener más autocrítica. Las cosas están cambiando y los datos lo muestran”, añade.

Varias personas asisten al culto evangélico dirigido a "jóvenes maduros" de entre 20 y 25 años, el 29 de septiembre de 2022, en la congregación Sara Nossa Terra, en Sao Paulo (Brasil)
Varias personas asisten al culto evangélico dirigido a «jóvenes maduros» de entre 20 y 25 años, el 29 de septiembre de 2022, en la congregación Sara Nossa Terra, en Sao Paulo (Brasil) © EFE

Este 4 de octubre, la religión puede ser nuevamente un factor crucial para definir al nuevo presidente, en unas elecciones en las que el ultraderechista Flávio Bolsonaro – que se define como evangélico- y el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva – que se declara católico, pero defiende la libertad religiosa- son los favoritos.

En Brasil, los evangélicos suman más de 47 millones de personas, equivalentes al 27% de la población, según el Censo de 2022. Pero en algunas encuestas, este dato puede llegar al 30%. Es el nivel más alto de la historia de Brasil, un país que sigue ostentando el récord de tener más católicos del mundo. 

En 2018, el voto de los evangélicos fue considerado uno de los factores clave para la victoria del líder de la extrema derecha Jair Bolsonaro. Según la encuesta Datafolha, este político se llevó la preferencia de unos 21,6 millones de cristianos, equivalentes al 69% del total.

Cuatro años después, en 2022, Bolsonaro fue derrotado por Lula por un puñado de votos. En aquel entonces, las encuestas de intención de voto de Datafolha en la recta final de la segunda vuelta indicaban un cambio en la tendencia.

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¿Existe el «voto evangélico»?

El candidato de la ultraderecha concentraba entre el 55% y el 59% de la preferencia del electorado evangélico, frente a Lula, que registraba entre el 26% y el 32%. Hoy cada vez más especialistas defienden que es un error hablar de “voto evangélico” y descartan que la decisión de este segmento de la sociedad esté determinada únicamente por las orientaciones de líderes religiosos.

“Las personas deciden porque son evangélicas, pero también porque son mujeres, negras, pobres, o porque son hombres sin trabajo o jóvenes sin oportunidades… Todo eso en conjunto determina la forma de votar”, destaca Magali Cunha, investigadora del Instituto de Estudios de la Religión (ISER).

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El voto evangélico se ha convertido en un factor relevante en la disputa electoral de Brasil de cara a los comicios de octubre de 2026. Montaje realizado por France 24.
Imagen de portada: El voto evangélico se ha convertido en un factor relevante en la disputa electoral de Brasil de cara a los comicios de octubre de 2026. Montaje realizado por France 24. © France 24

Este año, el cambio de rumbo entre los evangélicos se ha hecho un poco más expresivo.

Por un lado, una encuesta de Datafolha muestra que el 52% de los evangélicos se identifica con las pautas conservadoras de la derecha. Entre ellas, destaca el no al aborto, la defensa de la familia tradicional y el rechazo a la llamada ideología de género.

Para el pastor Silas Malafaia, uno de los líderes evangélicos con más peso de Brasil, el mismo que ofició la boda de Jair e Michelle Bolsonaro en 2013, Flávio Bolsonaro es el candidato favorito de los evangélicos.

“Eso es indiscutible. Es algo claro, porque él representa a su padre, quien tenía una gran penetración en el mundo evangélico”, señala.

Sin embargo, el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula llega a estas elecciones con un fuerte trabajo de acercamiento y consolidación en la comunidad evangélica.

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Ser de izquierda y ser evangélico al mismo tiempo

En 2015, el PT creó el Núcleo de Evangélicos. Junto al Movimiento Sectorial Interreligioso, este grupo intenta mitigar el rechazo hacia el PT, la izquierda y el presidente Lula, un sentimiento constantemente fomentado desde las principales iglesias evangélicas. La estrategia está dando frutos: un sondeo de Quaest de junio reveló que Lula había subido siete puntos entre los evangélicos y Flávio Bolsonaro había caído nueve. 

“Este aumento en las encuestas es el resultado del trabajo de muchas personas. Es una labor realizada por numerosos grupos como el nuestro, el Frente de Evangélicos por el Estado de Derecho”, cuenta Nilza Valéria Zacarias, coordinadora de este grupo. Se trata de un movimiento que surgió en 2016, cuando un grupo de evangélicos resolvió unirse en defensa de la democracia brasileña tras el proceso de destitución de la presidenta Dilma Rousseff.

Fotografía de archivo fechada el 19 de octubre de 2022 que muestra al expresidente y candidato Luiz Inácio Lula da Silva mientras recibe una oración de David Mikami, de 9 años de edad, en Sao Paulo (Brasil).
Fotografía de archivo fechada el 19 de octubre de 2022 que muestra al expresidente y candidato Luiz Inácio Lula da Silva mientras recibe una oración de David Mikami, de 9 años de edad, en Sao Paulo (Brasil). © EFE

“Desde 2021, mantenemos un programa de radio llamado ‘Papo de Crente’ [‘Charlas de creyentes’], en el que, partiendo del texto bíblico, difundimos información sobre el derecho, la defensa de la democracia y la construcción de ciudadanía. Nunca se puede saber con certeza quién votó por quién, pero en 2018 las intenciones de voto indicaban que seis votantes evangélicos votarían por Bolsonaro y cuatro por Lula. Es una mayoría, pero no es una mayoría que impida la disputa. Existe un margen para conquistar espacio”, agrega Zacarias, que se muestra optimista. 

Para Cosme Felippsen, pastor y secretario estatal del Núcleo de Evangélicos del PT en Río de Janeiro, es posible ser de izquierda y ser evangélico al mismo tiempo. “Lo que pasa es que la extrema derecha observó el crecimiento de los evangélicos y comenzó a penetrar en los púlpitos y en los templos. En mi iglesia, la Asamblea de Dios, cuando era niño, yo no veía políticos agarrando el micrófono. Hoy esto cambió. Muchas iglesias evangélicas permitieron esta invasión, este cambio de ruta”, asegura.  

A pesar de este intento de retomada por parte de la izquierda, no cabe duda de que los evangélicos siguen siendo conservadores tanto en sus elecciones como en su conducta. Su presencia es palpable en las instituciones, especialmente en la Cámara de Diputados, donde existe un Frente Parlamentario Evangélico (conocida como la ‘bancada evangélica’), que utiliza los auditorios del complejo para celebrar cultos oficiales y actos religiosos de apertura de los trabajos legislativos. Además, todo apunta a que la composición del próximo Congreso será aún más conservadora.

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Imagen de portada: © France 24

En la Corte Suprema también hay un juez “terriblemente evangélico”, como dijo Jair Bolsonaro en 2021 al nombrarlo. Se trata de André Mendonça, quien recientemente ha protagonizado la mayor crisis institucional de este tribunal cuando resolvió filtrar un informe policial que relacionaba al juez Alexandre de Moraes con el dueño del extinto Banco Master, acusado de provocar el mayor fraude financiero de Brasil. 

A pesar de este escenario, la voz de los evangélicos progresistas está cada vez más presente en este final de campaña.

“Para mí, un cristiano no puede apoyar a quien defiende la tortura. Estoy en contra de los fundamentalismos, que son interpretaciones que llevan a los cristianos a defender la tortura o a sostener cosas del tipo de que ‘el único delincuente bueno es el delincuente muerto’. Cuando leo los Evangelios, aprendo que un buen cristiano es aquel que ha sido regenerado. Creo en un Cristo que da una segunda oportunidad a las personas. Lo que no puedo hacer de ninguna manera —y no considero honesto— es clasificar la fe como de derecha o de izquierda, porque estamos hablando de algo religioso”, concluye Nilza Valéria Zacarias.

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