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La “tropicalización” del Mediterráneo: ¿se produjo un minihuracán en Cataluña?

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La agencia meteorológica de España explica que una de las razones de las lluvias que azotaron al este del país al inicio de octubre fue un fenómeno que comparte similitudes con un ciclón como los que suele haber en el Atlántico y, para ello, el aumento de la temperatura del mar es fundamental. A las lluvias torrenciales también se sumó una DANA que llegó desde Portugal. 

La meteorología adversa y los fenómemos asoacidos con el calentamiento del mar Mediterráneo se sintieron con fuerza en el noreste de España en los últimos días.

El escenario más crítico se vivió en Cataluña. El pueblo de Vilassar de Mar registró un récord de 288 litros por metro cuadrado en 24 horas; mientras que la capital catalana, Barcelona, alcanzó 213 litros en el barrio de Les Corts, la cifra más alta en sus 143 años de registros. Para hacer un paralelo, durante todo un otoño en Barcelona pueden caer 200 litros por metro cuadrado, según Rubén del Campo, meteorólogo y portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología de España (Aemet).

Personas observan desde sus balcones el parque infantil inundado tras las fuertes lluvias y la emisión de una alerta roja para Cataluña por parte de la agencia meteorológica española Aemet, en Sant Adrià de Besòs, a las afueras de Barcelona (España), el 4 de octubre de 2026.
Personas observan desde sus balcones el parque infantil inundado tras las fuertes lluvias y la emisión de una alerta roja para Cataluña por parte de la agencia meteorológica española Aemet, en Sant Adrià de Besòs, a las afueras de Barcelona (España), el 4 de octubre de 2026. Reuters – Horaci Garcia

La física detrás de este evento apunta a un fenómeno con rasgos propios de un ciclón tropical.

«Entre las costas de Cataluña y de las Islas Baleares, se formaron unos sistemas de tormentas cuyo nombre técnico es sistema convectivo de mesoescala. Podríamos decir que es un sistema de tormentas muy organizado, de no muy gran tamaño, que no ocupa un tamaño tan grande como puede ocupar un auténtico huracán o una borrasca, pero ya tiene un tamaño lo suficientemente grande para afectar a amplias zonas», explicó Del Campo. 

Y esa no es la única similitud que comparte con un huracán. “En ocasiones, cuando se observan imágenes desde el satélite de estas estructuras de tormentas, en algunos casos muestran estructuras similares a las que pueden tener los ciclones tropicales: un pequeño ojo como los ojos de los huracanes, pero en miniatura y en ocasiones tienen también cierta simetría como la tienen los huracanes”, añadió Del Campo. 

A estos fenómenos se les llama medicán, que viene siendo una especie de minihuracán mediterráneo. Aunque son eventos inusuales, no es la primera vez que ocurre. Un medicán en 2023 produjo inundaciones en Libia y en Grecia que dejaron miles de muertos.

Lo que comparten estos hechos meteorológicos es que se alimentan y se potencian por las altas temperaturas en este caso, del mar Mediterráneo. “Mares más cálidos ayudan al desarrollo de estos sistemas de tormentas porque al tener una temperatura tan alta, existe un mayor contraste entre la temperatura en las capas bajas de la atmósfera y la que hay en las capas altas, y esto genera una mayor inestabilidad atmosférica. Eso hace que las tormentas que se forman puedan ser mayores. Además, un mar más cálido aporta más humedad y la evaporación es mayor. En otras palabras, esto le da más combustible a estas tormentas para que puedan desarrollarse con mayor eficiencia”, explica Del Campo. 

Esa condición la cumplía el Mediterráneo que, a finales de septiembre, registraba una temperatura de 26°C en sus aguas; un nivel que suele verse durante pleno verano en agosto y no durante el otoño. 

Por eso es que la ciencia apunta a que “el cambio climático está tropicalizando al Mediterráneo”, como señaló el portavoz de la Aemet.

“Este es un término que ya utilizan biólogos para explicar cómo los ecosistemas del Mediterráneo están cambiando y los oceanógrafos también lo utilizan. Quizás en meteorología también vamos a tener que empezar a utilizar el término tropicalización del Mediterráneo, porque esas temperaturas en octubre o finales de septiembre no son para nada habituales y favorecen a que se formen estos fenómenos tan extremos en esta zona del planeta”, concluyó Del Campo. 

La DANA vuelve a los titulares en España

Asimismo, el país ibérico sufrió los estragos en el oeste e interior peninsular de una nueva DANA: un embolsamiento de aire frío aislado de la circulación general que al estancarse y cargarse con humedad que llegó del océano Atlántico luego de cruzar Portugal, desató tormentas severas que activaron la alerta en 12 comunidades autónomas españolas.

“El 4 de octubre se formó una DANA que influyó, sobre todo, en el tiempo del oeste y del centro de la Península Ibérica. Pero tampoco podemos asociar exclusivamente a la DANA o a una vaguada este episodio de lluvia, sino que intervienen factores como de dónde llega el viento, la cantidad de humedad que transporta, cómo de cálido está el océano o el mar”, dijo el meteorólogo en entrevista con France 24.

Del Campo aclara que esta DANA no alcanzó la magnitud de la de Valencia en 2024 y que no siempre estos fenómenos meteorológicos producen lluvias. Una DANA incluso puede traer olas de calor, dependiendo de la época del año en la que aparezcan y su ubicación. “Si una DANA está lo suficientemente alejada de España, puede traer vientos del norte de África y eso genera temperaturas muy elevadas”, precisó Del Campo. 

Aunque en este caso del temporal de octubre, la DANA sí produjo lluvias y no fue la única razón de los torrenciales. 

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