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“Matar personas inocentes está mal”: lo qué pasó en el juego Israel – Irlanda de la Liga de Naciones
Irlanda derrotó 3-0 a Israel en un partido de la fase inicial de la Liga de Naciones de fútbol, pero la historia del encuentro fue mucho más allá de lo meramente deportivo, con el bando ganador aprovechando cada ocasión posible para manifestar su posición sobre la situación en Gaza.
Todo comenzó con la disposición de los jugadores irlandeses a boicotear ambos partidos de la fase de grupos, el de local en Dublín (previsto para disputarse el 4 de octubre) y el de visitante en Debrecen, Hungría, sede alternativa del equipo israelí, que juega en la confederación europea, la UEFA, por las tensiones con los vecinos de su región natural, la asiática.
Una reunión la noche del sábado pareció rebajar la temperatura. A instancias de ambas federaciones y de la UEFA, “una mayoría significativa” votó a favor de presentarse en el encuentro, según el director ejecutivo de la Asociación de Fútbol de Irlanda (FAI), David Courell.
Uno de los que era partidario de no hacerlo, el portero Gavin Bazunu (de origen nigeriano), abandonó la concentración y publicó un comunicado en sus redes sociales explicando su posición.
«Mi decisión se basa únicamente en mi creencia personal de que matar a personas inocentes está mal”, afirmó Bazunu, quien luego aclaró que “mi postura no es en contra del pueblo israelí ni de la comunidad judía, sino en contra de las atrocidades en la región”.
El director técnico de la selección, el islandés Heimir Hallgrimsson, aclararía luego que “al jugar, no estamos aceptando lo que está pasando”.
“No es una sensación agradable. Queremos dejar claro que no apoyamos nada de lo que está ocurriendo en Gaza; jugamos este partido porque así lo establecen las normas de la competición en la que participamos”, agregó el entrenador.
El equipo se enfrentaba a sanciones disciplinarias si se ausentaba del encuentro. Previendo las reacciones para el duelo de vuelta en casa, la FAI decidió que ese choque se dispute en Backa Topola, Serbia, lejos del escrutinio de los aficionados irlandeses.
Hallgrimsson prometió que el equipo jugaría “contra el genocidio” a lo que la federación israelí respondió diciendo que «no jugamos con ignorancia, hipocresía ni estupidez, estamos jugando contra el entrenador que los encarna”.
El ente rector del balompié israelí celebró la decisión de los jugadores y agregó que “los únicos que perdieron hoy son aquellos que tratan de intimidar y convertir el campo de fútbol en un terreno político. La UEFA y las federaciones de Israel e Irlanda se opusieron a esto. Estamos encantados de que el pitido inicial se vaya a escuchar mañana».
Un brazalete negro y la cabeza gacha
La decisión de Bazunu obligó a Hallgrimsson a inscribir al defensa Jimmy Dunne como tercer portero, para cumplir con las normas de la UEFA en este sentido.
La noche del sábado, los pocos aficionados irlandeses que se habían movilizado para acompañar a su selección en Debrecen descubrieron que sus boletos habían sido desactivados por la federación israelí, que era local, según relataron a la cadena televisiva de su país RTE. Apenas una decena de ellos pudo entrar en el estadio, que estuvo casi vacío.
En el terreno, los jugadores irlandeses se presentaron con un brazalete negro en recuerdo de las más de 72.000 víctimas del conflicto de Gaza. Mientras sonaba el himno israelí, todos cruzaron las manos detrás de la espalda e inclinaron la cabeza.
A la hora de impartir las indicaciones arbitrales, el capitán Dara O’Shea, defensa del Ipswich Town de la Premier League inglesa, mantuvo las manos entrelazadas detrás de la espalda. Luego, estrechó las del juez central Harm Osmers y sus asistentes, pero se negó a saludar al capitán israelí Manor Solomon, que también juega en Inglaterra, pero con el West Ham de la EFL.
Cuando convirtió un gol para el 3-0 definitivo, el mediocampista Jack Moyland se quitó el brazalete, lo besó y lo elevó al cielo, como un homenaje a las vidas perdidas en Gaza.
El tránsito de Israel por la Liga de Naciones que se inició esta semana ha sido accidentado.
En el primer partido, Sayed Abu Farchi (un jugador nacido en Israel, en el seno de una familia árabe musulmana) celebró tras haber convertido el gol del empate ante Austria retirando el asta del banderín de córner y simulando que disparaba con ella, un gesto que el árbitro reprendió, mostrándole una tarjeta amarilla.
Era la segunda en su cuenta, de modo que con esa decisión Abu Farchi fue expulsado, Israel tuvo que jugar con 10 hombres desde el minuto 56 y terminó cayendo 3-1.
Dos días después, el extremo de la selección inglesa Anthony Gordon celebró un gol frente a España con un gesto similar, en su caso sin reprimenda, lo que generó quejas en redes sociales sobre un supuesto doble rasero aplicado para penalizar al jugador israelí.
La UEFA y la FIFA se han rehusado a suspender a Israel, tal como lo hicieron con Rusia tras la invasión a Ucrania, a pesar de las presiones en este sentido por parte de un panel de expertos de la ONU, organizaciones de defensa de los derechos humanos, las federaciones irlandesa y palestina y aficionados de clubes europeos.
Presión en ascenso
Los episodios en el fútbol se suman a otras polémicas recientes en el mundo del espectáculo, como la cancelación de los conciertos de la gira ‘Loop Tour’ que el músico irlandés Ed Sheeran debía ofrecer el 25 y 26 de septiembre en el estadio Gilette de Boston.
El propietario de la instalación y accionista mayoritario de los New England Patriots de la NFL, Robert Kraft, presionó para que fuera retirado del espectáculo el rapero Macklemore, que días antes había aprovechado su aparición como telonero de Sheeran para visibilizar la causa palestina.
En rechazo por la exclusión de Macklemore, se retiraron de la gira con Sheeran la banda danera Lukas Graham, el músico estadounidense Finneas (hermano de Billie Eilish) y los irlandeses Aaron Rowe y Beoga, una agrupación de música folklórica.
Los retiros obligaron a cancelar los conciertos de Sheeran en Boston y reembolsar a quienes ya habían adquirido sus boletas.
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Al mismo tiempo, ha crecido la solidaridad hacia los realizadores israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, autores del documental ‘Naza’, que recibió el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Venecia.
La pieza describe la toma deliberada de decisiones que llevaron a la muerte de civiles en Gaza, a partir de los testimonios de miembros del ejército de Israel y funcionarios de inteligencia.
Ambos cineastas han recibido amenazas de todo tipo por parte del primer ministro Benjamin Netanyahu, sus partidarios y miembros de su Gobierno, que incluyen el retiro de la ciudadanía.
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El 24 de septiembre, delegaciones de más de 70 países abandonaron el salón de debates antes de la intervención de Netanyahu ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
Con EFE, Reuters y AP
