Internacionales
«No dio tiempo de agarrar nada”: huir y sobrevivir, la tragedia por los incendios en España y Francia
“La gente ya está muy cansada”, dice Mariano Núñez, alcalde de la localidad de Villamanta, en diálogo con France 24 en Español. Este municipio de casi 2.900 habitantes, ubicado en la Comunidad de Madrid, España, recibe a cientos de personas que llegaron desde Aldea del Fresno, luego de ser evacuadas ante las llamas de los incendios que azotan al país ibérico y a Francia.
Las personas llevan cinco días acogidas en el pabellón de un polideportivo y “quieren volver a sus casas”, enfatiza Nuñez. El municipio se encarga de atender, proveer alimentación y ofrecer medicinas a las familias del pueblo vecino. En este lapso de tiempo, les avisan en tres oportunidades la posibilidad del regreso a sus viviendas, pero no se confirma.
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La mayoría de los evacuados son adultos, pero también hay niños y ancianos que, además de alimentarse, se pueden duchar y dormir en el lugar. Algunas personas rechazan esta última opción porque prefieren descansar en sus vehículos con las mantas que le proporcionan.
«Vinimos con lo puesto porque pensamos que volveríamos al día siguiente. Estamos muy cansadas, agotadas, con ganas de volver a casa», afirma Helena, una mujer de 45 años que duerme desde el jueves en el albergue improvisado.
Hasta el lugar llegaron el rey Felipe VI y su esposa, Letizia, junto con otras autoridades. Fuera de protocolo, vestidos con ropa informal, visitaron a las familias afectadas. El monarca calificó los hechos como la pérdida de “un patrimonio natural incalculable” y la reina reparó en la angustia de los desplazados «cuando preguntan ¿cuándo voy a volver a casa?¿Cómo estará mi casa?”.
“Nunca viví algo parecido”
Ecologio Cabrera lleva 29 años viviendo en Aldea del Fresno, pero advierte que nunca pasó algo igual. «El fuego te come. O sales corriendo o te quema los pantalones”, relata.
Desde le polideportivo de Villamanta, el jubilado de 86 años describe sus vivencia durante la evacuación: «Llegaron, dieron el aviso de que todos afuera, salimos con lo puesto y aquí estamos con lo puesto. O sea, no dio tiempo de agarrar nada. Porque corremos peligro allí, por el humo. Así que aquí estamos, aguantando”.
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A Mercedes García, ama de casa de 69 años, la rescató de su domicilio la Policía y la Guardia Civil durante la tarde del jueves 23 de julio, en medio de un operativo complejo, si se toma en cuenta que tiene dificultades para desplazarse y utiliza un andador. Ya en el centro de acogida, duerme en una colchón hinchable de piscina cerca de sus esposo, quien no tiene ese privilegio y descansa en una silla.
La operación comenzó el jueves 23 de julio con la evacuación de dos residencias de ancianos. Un total de 100 adultos mayores con necesidad de atenciones especiales, se reubicaron en dos horas en otros geriátricos, en un procedimiento coordinado por la Comunidad de Madrid y la Dirección General del Mayor, que contó con la participación de 20 ambulancias.
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Videos difundidos por medios locales dan cuenta de los procedimientos: las fuerzas de seguridad caminan por las calles y piden a los vecinos que salgan para evacuar el pueblo. Luego, algunos entraron por asalto a las viviendas y le pidieron a los adultos mayores que se prepararan para salir. En algunos casos cargaron a los ancianos para acelerar los tiempos ante la urgencia.
“Un incendio tan voraz como este nunca ocurrió”, sostiene el alcalde de Villamanta mientras conversa con France 24 en Español, en medio de interrupciones para atender nuevas situaciones de emergencia.
Una zona turística
El alcalde Núñez describe la región como dependiente del turismo. Dice que, salvo Villa del Prado (“que es la huerta de Madrid y media España”), todo está supeditado al desarrollo de esta actividad. En el caso concreto de Aldea del Fresno, se trata de un espacio vacacional, pero no de larga estancia. Los visitantes suelen llegar allí para disfrutar el río durante el día.
“Ahora se les ha arrasado lo que es de lo que vivía la mayoría. Eso es la lástima, que ahora vamos a ver qué pasa. Hay que reinventar, porque hay cosas que rápido se pueden recuperar, pero un entorno natural con una zona de pinos preciosa, como el que había aquí, va a tardar muchos años en volver a recuperarse”, reflexiona. Según las autoridades regionales, unas 6.000 hectáreas quedaron calcinadas desde el jueves.
Además, otro de los focos en España, en Ávila, al noroeste de Madrid, daña cerca de 50.000 hectáreas. «Estamos hablando del mayor incendio forestal de la historia reciente en nuestro país», afirma la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen.
La situación en Madrid y en las provincias vecinas de Toledo y Ávila amenaza con converger en un enorme incendio alrededor de la capital y fuerza la evacuación de unas 60.000 personas. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, advierte que quedan «horas complejas» por delante.
El padecimiento de los vulnerables en Burdeos
Al otro lado de los pirineos los padecimientos no son menores. Desde Gironda, la corresponsal para la cadena en francés de France 24, Cyrielle Cabot, registra el testimonio de afectadas y voluntarias en la zona metropolitana de la ciudad de Burdeos.
Cabot pasa la noche del sábado junto a los equipos de protección civil en un gimnasio de Biganos, al suroeste del país galo.
En el caso de Francia, el primer incendio comenzó el miércoles 22 de julio en la cuenca de Arcachón. La devastación que provoca el fuego alcanza ya 42.000l hectáreas y obligó la evacuación de 220.000 personas.
La emergencia no se muestra igual para todos: muchos lo hacen en sus propios autos pero adultos mayores en residencias y aislados, personas hospitalizadas y poblaciones situación de calle no cuentan con los medios para escapar. Para estos últimos, hacen su labor voluntarios de protección civil que llegan de todo el país.
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Quentin Bernagaud dirige las operaciones mientras dialoga con la periodista de France 24 en francés: “Consulto constantemente el mapa, que nos muestra en tiempo real la ubicación de todas nuestras ambulancias, e intento distribuir nuestros recursos de la mejor manera posible en función de los espacios de evacuación disponibles. El objetivo es llevar a las personas al lugar más adecuado para ellas”.
El recinto ferial de Burdeos funciona como centro de evacuación y cuenta con una unidad médica. Otros llegan a residencias universitarias, adaptadas para la ocasión. Para el caso de las personas que hospitalizadas o atendidas en residencias, los traslados requieren una atención específica, pero la situación es compleja porque muchos de estos espacios alcanzan su máxima capacidad.
La corresponsal también conversa con Louis, un voluntario de 21 años: “estamos tratando con personas frágiles, tanto física como psicológicamente”, subraya. “No podemos simplemente llegar y decirles: ‘¡Vámonos!’. A pesar de la urgencia, tenemos que tomarnos el tiempo para explicarles y tranquilizarlas”.
El joven recuerda, por ejemplo, a una paciente completamente desorientada que grita y se niega a salir de su habitación. Tarda varios minutos en aceptar vestirse y seguir a los equipos. Sin embargo, no hay tiempo que perder: las llamas son visibles desde las ventanas del centro.
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El camino de la solidaridad
Un hecho que se suele repetir en las catástrofes. Personas que ayudan a otras que sufren. Se hace de diversas maneras, con donación de ropa, agua o desplazamientos de jóvenes para colaborar en tareas de limpieza.
En el caso de Francia, se abren las viviendas. Las familias ofrecen una cama o un sofá para una o más noches. La acción solidaria es destacada, pero se torna más compleja para quienes tienen necesidades especiales.
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Cabot habla con Anita y Rosaria, de 75 y 76 años respectivamente. “Fui la primera en evacuar. Lógicamente, fui a casa de mi hermana. Pero cuando tuvimos que irnos de nuevo, esta vez solo nosotras dos, no nos quedaba otra opción. Todos nuestros conocidos son de la zona, así que también tuvieron que evacuar», explica Rosaria.
Para ambas, aceptar alojamiento de desconocidos es impensable. “Uso silla de ruedas, lo que supone muchas limitaciones. El alojamiento tiene que ser adecuado; no quiero dañar nada. Prefiero dormir en mi coche y no molestar a nadie”.
La complejidad aumenta cuando algunos de los pueblos que funcionan como centros de acogida también deben ser evacuados. Los voluntarios admiten las dificultades para los grupos más vulnerables, mientras los incendios forestales alcanzan magnitudes inéditas en Francia, con 98.000 hectáreas abrasadas y más de 200.000 evacuados.
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