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«Salimos despedidos»: sobrevivientes relatan cómo fue el mortal choque de trenes en España

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Urda, un pequeño pueblo rural de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha de apenas 2.500 habitantes, se ha convertido en el epicentro de la asistencia a los sobrevivientes del mortífero choque de dos trenes que ha vuelto a conmocionar a España.

En esta localidad usualmente tranquila de la provincia de Toledo, la jornada de este miércoles 28 de octubre ha estado marcada por el ajetreo de ambulancias, vehículos funerarios y helicópteros para responder a la tragedia ferroviaria, que ha causado al menos 68 muertos y 108 heridos.

Los restos de metal retorcido y escombros esparcidos por un terraplén, por el que cayeron al menos tres vagones, han dado cuenta de la magnitud de una catástrofe que vuelve a enlutar a un país que, en enero de este año, vivió otro siniestro similar en Adamuz, con 46 víctimas mortales.

Tras ser evacuados a través de una carretera cercana, aquellos que resultaron ilesos o con heridas más leves –algunos con manchas de sangre o vendajes– recibieron apoyo en el pabellón polideportivo, habilitado como espacio principal para su llegada. Entre la conmoción y el respaldo de profesionales y voluntarios, algunos han relatado lo vivido.

Des secouristes sur les lieux d'une collision entre un train à grande vitesse AVE de la Renfe et un train Iryo, à environ 150 km au sud de Madrid, entre Urda et Los Yebenes, dans la province de Tolède
Equipos de rescate en el lugar de una colisión entre un tren de alta velocidad AVE de Renfe y un tren de Iryo, a unos 150 km al sur de Madrid, entre Urda y Los Yébenes, en la provincia de Toledo, el 28 de octubre de 2026. © AFP

Rosete viajaba en el vagón tres del tren de alta velocidad Renfe que se estrelló con el Iryo que estaba parado delante. Ella contó a la agencia EFE que «como a mitad de camino, el tren paró» y el maquinista les informó que estaban «retenidos» porque había «afluencia».

Media hora después, con el ferrocarril de nuevo en marcha, se produjo el choque y «salimos disparados todos» y «el vagón, de repente, roto». «Cuando me levanté vi el otro tren volcado enfrente», señaló la pasajera, que describió una situación «desastrosa».

Ella afirmó que tuvo que mantenerse «encogida», con la cabeza tapada porque «caían cosas», pero que afortunadamente fue rescatada y solo sufrió «un golpe en la nariz» que le provocó una hemorragia.

Salvador Arriza, de 62 años, describió a Reuters escenas de caos en su vagón, con pasajeros «rompiendo las ventanillas para poder salir» y otros que «prácticamente no podían moverse porque habían quedado atrapadas entre los asientos».

Rafael Barceló también describió un «impacto muy fuerte» por el que «salimos despedidos». En su caso, aseguró haber tenido suerte porque se había levantado a tomar un café y había dejado su vagón, en el que hubo al menos ocho víctimas mortales.

A bordo del tren embestido, en el coche cinco, iba Tania, quien explicó que el vehículo estuvo parado unos «15 minutos», después arrancó, «frenó de golpe» y hubo «un impacto muy grande», tras el cual los pasajeros «nos ayudamos unos a otros».

Esa ha sido una descripción recurrente de los sobrevivientes en declaraciones a distintos medios de comunicación: la asistencia inicial entre los propios afectados. También han destacado la rapidez con la que llegaron los agentes de la Guardia Civil y de las unidades de emergencia.

Para aquellos que han salido con vida, el desafío ahora es procesar la conmoción. Daniel, quien dijo solo haber sufrido algunos golpes, confesó al canal español ‘Cuatro’: «Las imágenes que hemos visto del accidente no las vamos a olvidar en la vida».

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La movilización solidaria de todo un pueblo

Al enterarse de lo ocurrido, vecinos y autoridades de Urda se movilizaron rápidamente para ayudar en lo posible a los afectados. Autobuses y vehículos particulares de voluntarios realizaron desde primera hora de la mañana el traslado de los heridos más leves.

Otros se acercaron al polideportivo municipal para dar agua y comida a las víctimas, como en el caso de Judith. «Es momento de ayudar en lo que se pueda», aseguró a EFE, añadiendo que «el pueblo salva al pueblo» y que «no faltan manos» para atender a los afectados.

Por su parte, el farmacéutico de Urda, Antonio García, fue uno de los primeros en llegar al lugar del accidente, con material de primeros auxilios, analgésicos y morfina de su farmacia, al igual que mantas para ayudar a atender a los heridos.

En diálogo con el medio español ‘El Mundo’, el hombre de 78 años confesó encontrarse con un escenario «dantesco» que le provocó «nada más que llorar, por la impotencia (…) porque había cuerpos, había gente muriéndose encima de otro cadáver, había gente despidiéndose de su familia».

Por otro lado, a Reuters le describió cómo un pasajero que había perdido un brazo pedía tranquilamente una ambulancia, mientras que otro se despedía de su familia.

«Sus últimas palabras fueron ‘Dios es bueno’. Para quienes somos creyentes, estas son palabras muy hermosas», sentenció.

En tanto, David Gómez, un trabajador de la construcción, le explicó al diario ‘El País’ que se encontraba cerca cuando escuchó el choque y corrió a ayudar.

«La gente intentaba salir por las ventanas. Cortamos unas vallas para acceder a la zona y atendimos a las personas con los botiquines de primeros auxilios que habíamos traído, hasta que llegaron los servicios de emergencia. Mientras intentaba sacar a una joven, apareció un trozo de pierna», detalló.

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La angustia de los familiares

Por otra parte, en la escuela primaria local se estableció un espacio para recibir a los familiares de las víctimas. Carmen, una psicóloga voluntaria llegada de Madrid, explicó que estuvo ayudando desde la mañana.

«Muchas madres se enteraron de que sus hijos habían muerto. Eso fue lo peor del día. Decirle a una madre que su hijo ha fallecido en un accidente de tren es devastador», reveló, angustiada.

Otras personas se han trasladado, muchas desde Madrid –a unas dos horas de viaje en carretera–, para intentar localizar a seres queridos, con la esperanza de encontrarlos entre los heridos leves.

Dos mujeres se abrazan este miércoles en el pabellón municipal de Urda, España, espacio habilitado para la llegada de heridos leves por el choque de dos trenes, el 28 de octubre de 2026.
Dos mujeres se abrazan este miércoles en el pabellón municipal de Urda, España, espacio habilitado para la llegada de heridos leves por el choque de dos trenes, el 28 de octubre de 2026. © Jesús Monroy / EFE

Entre lágrimas y con rostros desencajados, se entremezcló la angustiante espera de información con algunas críticas por el mantenimiento de los trenes o expresiones como la de un familiar, recogida por EFE, que calificó como «una vergüenza» que esto pase en España «una y otra vez».

A la escuela primaria llegó una mujer que se identificó como Ana, luego de haber recibido una llamada de la policía medioambiental, que había encontrado a su perra, Trece.

En cambio, su marido Pepe, que viajaba con el animal, no figuraba en ninguna lista y Ana no sabía su paradero luego de haberlo buscado en el lugar del accidente, el polideportivo de Urda y la escuela primaria.

Quienes no han hecho el trayecto hasta Urda han recurrido a las redes sociales, con fotos y solicitudes desesperadas de información sobre el paradero de sus seres queridos.

Según recoge el diario argentino ‘Clarín’, un hombre identificado como Sergi publicó en su cuenta de X que llevaba «varias horas sin saber nada» de su pareja, Agustín Randazzo, un argentino de 51 años que viajaba en el vagón 8 del tren de Renfe.

Para estas personas se trata de una angustiosa espera hasta que se termine de clarificar la situación, mientras las tareas de rescate continúan en horas de la noche.

Con Reuters, AP, EFE y medios

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