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Trump reaviva el fantasma del fraude electoral antes de las midterms: ¿estrategia o desesperación?

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A poco menos de un mes para las midterms y con un pronóstico turbulento para el Partido Republicano, Donald Trump ha intensificado el uso de una de sus cartas de campaña más habituales: poner en duda la legitimidad del proceso electoral.

Sus denuncias sin evidencias de alteraciones a la voluntad popular –que, en su tesis, siempre le sería favorable si no fuera por esa supuesta intervención– han sido recurrentes, incluso desde su primera candidatura a la Presidencia de Estados Unidos en 2016.

Su punto más álgido se dio el 6 de enero de 2021, cuando semanas de discursos incendiarios alimentaron el asalto de sus seguidores radicales al Capitolio, con la intención de evitar la ratificación del triunfo del demócrata Joe Biden en los comicios presidenciales.

En vísperas de unas elecciones clave para el control del Congreso, el 3 de noviembre próximo, Trump ha vuelto a agitar los fantasmas de fraude, aunque su estrategia no parece tener el mismo impacto en una ciudadanía que, en buena medida, le responsabiliza por el alza del costo de vida, ligado a la crisis generada por la guerra que lanzó Estados Unidos junto a Israel contra Irán, el 28 de febrero pasado.

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El voto por correo, en la mira de Trump

El lunes 5 de octubre, Trump volvió a apuntar contra uno de sus objetivos más preciados: el voto por correo. Sin entregar evidencias, el presidente estadounidense aseguró a la prensa que «hay mucho fraude por todas partes» en este sistema.

Paradójicamente, su conclusión llegó después de animar a sus bases a votar temprano en las elecciones de medio término.

«Preferiría que votaran en persona, pero pueden votar por correo si lo desean, ya que parece que no tenemos otra opción; mucha gente quiere votar por correo», afirmó, antes de dirigirse a Nebraska para un mitin electoral.

Según señaló el historiador y politólogo Miguel Tinker Salas a la agencia EFE, se trata de «una contradicción que demuestra que tiene temor de perder las elecciones y por eso, precisamente, vuelve a agitar el fantasma del fraude electoral».

La obsesión del mandatario republicano por restringir el voto por correo sufrió el mes pasado un revés de la Corte Suprema, que frenó un plan que pretendía que, de cara a las elecciones del 3 de noviembre, el servicio postal enviara papeletas solo a aquellos ciudadanos incluidos en unas listas que debían elaborar los estados, encargados de gestionar el proceso electoral.

Ese fallo del máximo tribunal fue tachado por Trump de «gran derrota» para los republicanos y para el país, a la vez que dijo que continuaría su cruzada contra las elecciones «amañadas».

Por el contrario, expertos electorales, grupos de derechos civiles y opositores han alertado que, lejos de buscar garantías para un proceso limpio, las denuncias falsas del mandatario y los intentos de interferir en los procedimientos electorales establecidos desde hace mucho tiempo son los elementos que ponen en peligro la integridad de las elecciones.

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Una de las contradicciones de la Administración Trump es que desmanteló la agencia civil creada dentro del Departamento de Seguridad Nacional específicamente para salvaguardar la infraestructura electoral frente a posibles amenazas.

En paralelo, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció el 29 de septiembre pasado que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y otras fuerzas de inteligencia militar y ciberseguridad protegerán los sistemas electorales, una práctica, de todos modos, habitual desde que en 2017 se declararon como parte de la infraestructura crítica del país.

Para David Becker, exfiscal del Departamento de Justicia de Estados Unidos y director del Centro para la Innovación e Investigación Electoral, los movimientos del Ejecutivo han sido «pura farsa».

«Si la Administración realmente quería ayudar a los funcionarios electorales estatales y locales, no debería haber desmantelado toda la capacidad de ciberseguridad electoral del gobierno federal ni haber despedido a todos sus expertos a principios de 2025», denunció a la agencia AP.

Un mensaje que no alcanza para movilizar

De todas maneras, Trump aprovecha cada oportunidad para agitar los fantasmas de fraude. El domingo 4 de octubre, luego del triunfo en primera vuelta de su aliado Flávio Bolsonaro en Brasil, el presidente estadounidense comparó la rapidez del escrutinio en el país suramericano –aunque erróneamente se refirió a las «elecciones presidenciales en India»– con la lentitud del recuento en ciudades o estados demócratas, sugiriendo sin fundamentos que eso es muestra de un sistema electoral «corrupto» y unos resultados «amañados».

«En Detroit, Filadelfia, California y muchas otras ciudades y estados de EE. UU., los resultados, con cifras mucho menores (de votantes que en Brasil), a menudo tardan semanas en ser amañados… digo, calculados», escribió en su cuenta de Truth Social.

También se agarró de un error de un proveedor que envió con seis días de anterioridad unas 3.000 boletas de voto anticipado a los electores de Maricopa, en Arizona –estado en el que los republicanos han perdido terreno–, para tildar a ese condado de «muy, muy deshonesto».

Lo peculiar es que la oficina del registrador de Maricopa es dirigida por el republicano Justin Heap. Trump aseguró que debería «avergonzarse» por el incidente.

Según Ricardo Valencia, profesor de la Universidad Estatal de California Fullerton, esta insistencia de Trump en la retórica del supuesto fraude electoral «lo único que puede hacer es energizar a sus seguidores, que son los únicos que creen en estos temas».

Sin embargo, tanto Valencia como Tinker Salas coinciden en que difícilmente esto tenga un impacto en el electorado.

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Imagen de portada: © France 24

Tinker Salas advirtió que los votantes se mueven históricamente por la economía y que la elección pasará por «los golpeados bolsillos de los estadounidenses», afectados por las consecuencias del conflicto estancado con Irán.

«No creo que esta ‘idea’ de fraude electoral y de un ‘deep state’ (cloacas del Estado) que no lo deja gobernar vaya a funcionar en estas elecciones», señaló el historiador y politólogo.

Valencia, por su parte, consideró que el mensaje del mandatario estadounidense «no va a tener una respuesta de convocatoria» como en el pasado.

«Trump está en un momento de la comunicación política que ya es de desesperación. Está esperando un ‘Hail Mary’ (Avemaría), lanzando lo único que tiene, que es relativamente popular con su base, pero seguramente el partido lo va a perder», anticipó a EFE.

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El apoyo de Trump, ¿beneficioso o perjudicial?

En reiteradas ocasiones, Trump ha llamado a los ciudadanos a votar en las elecciones de mitad de mandato como si él estuviera en la boleta, pero no está claro si, en este momento, esa afirmación beneficia o perjudica a los candidatos.

Este viernes 9 de octubre, el presidente estadounidense participa de un acto de campaña en Syracuse con el candidato republicano a gobernador de Nueva York, Bruce Blakeman, quien también ha apelado en su discurso a varias jugadas al estilo Trump: ha insinuado que los demócratas podrían robarse las elecciones, ha estigmatizado a los inmigrantes como potenciales delincuentes y ha apelado a videos generados por inteligencia artificial para presentar el estado como un lugar peligroso e inasequible a nivel económico.

Mientras los republicanos esperan atraer a centristas que puedan desconfiar del avance del ala progresista del Partido Demócrata –en particular luego de que la ciudad de Nueva York eligiera a Zohran Mamdani como alcalde–, el alineamiento de Blakeman con Trump podría ser juzgado como contraproducente.

«Si su estrategia publicitaria para conseguir el puesto consiste en defender a Trump, eso le acarreará muchos problemas», afirmó a AP el exgobernador demócrata David Paterson, quien señaló que eso «podría empujar a muchas personas indecisas a tomar una postura radical en su contra».

La policía retira a manifestantes mientras el presidente Donald Trump habla en un mitin de campaña en el Freeman Coliseum de San Antonio, Texas, EE. UU., el 7 de octubre de 2026.
La policía retira a manifestantes mientras el presidente Donald Trump habla en un mitin de campaña en el Freeman Coliseum de San Antonio, Texas, EE. UU., el 7 de octubre de 2026. © Eric Gay / AP

Aunque está participando más activamente en la campaña, Trump hasta ahora ha evitado presentarse en los escenarios de disputas más cerradas, centrándose principalmente en estados de mayoría republicana o en actos frente a audiencias afines, mientras su partido se preocupa porque su impopularidad actual pueda perjudicar a sus candidatos.

Incluso en esos escenarios, Trump también ha enfrentado resistencia. El miércoles por la noche, su discurso en Texas fue interrumpido en varias ocasiones por al menos una docena de manifestantes, que fueron desalojados por la policía.

En ese estado, en el que Trump ganó por 14 puntos en 2022 y que no elige a un senador demócrata desde 1988, la contienda por el Senado se ha vuelto inesperadamente cerrada, centrando esfuerzos y fondos no planeados por los republicanos. 

El presidente estadounidense viajó tres veces en menos de un mes para respaldar al aspirante republicano, el fiscal general del estado Ken Paxton, quien, además de sufrir el clima político desfavorable hacia su partido, ha enfrentado cuestionamientos por su lujoso estilo de vida y por pasar demasiado tiempo fuera de Texas.

Una muestra de la baja popularidad de Trump fue que el gobernador republicano Gregg Abbott, quien busca su cuarto mandato, optó por no participar del mitin junto al presidente, en medio de una carrera inesperadamente reñida con la demócrata Gina Hinojosa.

Con EFE y AP

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