Salud
Su sueño de ser médica la llevó a soportar años de dolor y retrasar una cirugía de columna
SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD. — Mientras muchos jóvenes a los 18 años apenas comienzan a descubrir qué quieren hacer con sus vidas, Edwina Luna ya tenía claro su propósito: convertirse en médica. Sin embargo, el camino hacia ese sueño estuvo marcado por un dolor constante que, durante años, decidió soportar en silencio.
La hoy neuróloga vascular reveló que siendo apenas una adolescente comenzó a experimentar fuertes dolores en la columna producto de una escoliosis que limitaba su movilidad y afectaba su vida diaria.
Recuerda con claridad el día en que acudió sola a una consulta médica y escuchó una noticia que cambiaría su vida.
“Recuerdo cuando tenía 18 años. Fui sola al doctor y él le dijo a la secretaria: ‘Prepárala para cirugía’. Yo me paré y me fui. Le dije a mi tía: ‘No me voy a operar’”, contó durante una entrevista con Ana Mercy Otáñez para el podcast A Metro Y Medio, de la plataforma El Nuevo Diario.
Detrás de aquella decisión había un temor más grande que el dolor físico: abandonar su sueño de estudiar medicina y especializarse en neurocirugía.
Luna confesó que ocultó durante mucho tiempo la gravedad de su condición por miedo a que su familia insistiera en obligarla a someterse a la operación.
En ocasiones, el dolor era tan intenso que apenas podía caminar. Aun así, decidió continuar estudiando y avanzando en su carrera médica. “Yo normalicé el dolor. Para mí se volvió parte de la rutina”, expresó.
La especialista relató que las crisis eran tan fuertes que llegaron a alterar completamente su vida familiar.
Una de las escenas que más recuerda ocurrió una madrugada, cuando sus tíos tuvieron que salir a caminar con ella a las dos de la mañana para ayudarla a soportar el dolor.
Pero la cirugía que durante años evitó finalmente se realizó, y aunque esperaba encontrar alivio, el sufrimiento continuó.
Los médicos no lograban entender por qué seguía presentando los mismos síntomas pese a haber sido intervenida. Tiempo después descubrirían la verdadera causa: padecía espondilitis anquilosante, una enfermedad autoinmune que provoca inflamación crónica en la columna y afecta principalmente a pacientes jóvenes.
Llegar a ese diagnóstico fue un proceso largo y emocionalmente devastador.
“Hubo un punto en que el doctor me mandó al psiquiatra. Me empezaron a medicar por la ansiedad y me deprimía”, recordó.
“Sentí que el mundo se me derrumbaba”
La neuróloga explicó que conocer finalmente el diagnóstico fue uno de los momentos más difíciles de su vida. Aunque ya cursaba su residencia médica y tenía conocimientos sobre enfermedades complejas, confesó que sintió miedo.
“Cuando vi el resultado, se me derrumbó el mundo. A pesar de ser R2 de medicina, no sabía qué hacer. No sabía cómo explicarle a mi familia porque ellos no lo podían entender”, expresó entre lágrimas.
Con el conocimiento médico que poseía en ese momento, pensó en los peores escenarios posibles.
Sin embargo, lejos de rendirse, Luna continuó adelante con su formación profesional y convirtió el dolor en una motivación para seguir creciendo.
Un premio que simbolizó su lucha
Años después, la joven médica recibiría uno de los reconocimientos más importantes de su vida: el Premio Nacional de la Juventud.
Luna reveló que fue una de sus tías quien la motivó a inscribirse al galardón, figura a quien atribuye gran parte de su educación, disciplina y fortaleza emocional.
“Cuando tuve la estatuilla en mis manos no pude evitar llorar”, confesó.
Hoy, su historia se ha convertido en un ejemplo de perseverancia, resiliencia y vocación, demostrando que incluso en medio del dolor más profundo es posible seguir luchando por los sueños.
