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¿Son los franceses adinerados?: un informe revela por qué la mayoría no alcanza el umbral de la riqueza
Francia figura entre las mayores economías del mundo y alberga algunas de las mayores fortunas globales, pero la mayoría de sus ciudadanos no se considera adinerada. Un informe revela quiénes superan el umbral de la riqueza, cuánto deben ganar y por qué la percepción dista de las cifras macroeconómicas.
Francia suele aparecer en el imaginario internacional como uno de los países más prósperos del planeta. Su poderosa industria, el liderazgo de sus marcas de lujo, una infraestructura desarrollada y un amplio sistema de protección social alimentan la percepción de que la riqueza es una característica generalizada entre sus habitantes.
Sin embargo, las cifras muestran un panorama más complejo que no puede leerse de forma lineal, donde el buen desempeño macroeconómico no necesariamente se traduce en una sensación de prosperidad para la mayoría de la población, ni en las prácticas de los franceses cada día.
La economía del país europeo ocupa el séptimo lugar entre las más grandes del mundo por producto interno bruto (PIB) nominal y continúa siendo la segunda mayor economía del continente.
Pero la nación también enfrenta desafíos relacionados con el aumento de la desigualdad y la pobreza, factores que han abierto un debate sobre quiénes pueden considerarse realmente ricos dentro del territorio francés.
El más reciente informe del Observatorio de Desigualdades estima que únicamente el 7,5% de la población francesa supera el umbral de la riqueza.
Esto equivale a cerca de 4,8 millones de personas en un país que ronda los 69 millones de habitantes, lo que significa que más del 90% de los franceses no pertenece a ese grupo.
La diferencia entre la percepción exterior y la experiencia cotidiana también quedó reflejada en las calles de París. Para muchos ciudadanos, sentirse rico no depende exclusivamente del nivel de ingresos, sino de factores como la estabilidad financiera, la capacidad de afrontar el costo de vida o la posibilidad de disfrutar de tiempo libre y calidad de vida. En ese sentido, la riqueza adquiere un componente subjetivo que trasciende las estadísticas económicas.
El estudio también identifica el perfil de quienes conforman ese reducido grupo considerado rico. En este punto el 87% corresponde a directivos de alto nivel o empresarios, además de profesionales altamente cualificados como ingenieros especializados, abogados y médicos especialistas. Se trata de ocupaciones que suelen concentrar los salarios más elevados del mercado laboral francés.
La investigación también evidencia diferencias demográficas, entre quienes integran el segmento de mayores ingresos predominan los hombres, quienes perciben salarios superiores a los de las mujeres.
Además, cerca del 73% de las personas consideradas ricas tiene más de 45 años, lo que refleja que alcanzar ese nivel patrimonial suele requerir varios años de desarrollo profesional y acumulación de ingresos.
La ubicación geográfica también influye. La mayor concentración de personas con altos ingresos se encuentra en el área metropolitana de París, donde se ubican las principales sedes corporativas, los centros financieros y buena parte de los empleos mejor remunerados.
En contraparte a estas ideas, las regiones alejadas de la capital presentan menores niveles salariales y menos oportunidades para acceder a ese umbral económico.
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De acuerdo con el informe, una persona sola necesita percibir alrededor de 4.800 euros mensuales después de impuestos para ser considerada rica en Francia.
Sin embargo, apenas el 1% de la población supera los 7.500 euros netos al mes, lo que muestra que incluso dentro del grupo de mayores ingresos existen diferencias significativas.
El cálculo del umbral de la riqueza también varía según la composición del hogar. Los ingresos necesarios aumentan cuando se trata de parejas o familias con hijos, debido al incremento de los gastos asociados a vivienda, alimentación, educación y otros costos de vida.
Unos datos a los que se suman elementos como el lugar de residencia, el patrimonio acumulado y la existencia de herencias o deudas, factores que terminan moldeando la verdadera capacidad económica de cada hogar.
