Internacionales
A 10 años del atentado de Niza: las historias que dejaron la tragedia
El 14 de julio de 2016, un atentado durante las celebraciones de la Fiesta Nacional de Francia cambió para siempre la historia de Niza. Un atacante embistió con un camión a la multitud reunida en la Promenade des Anglais, dejando 86 muertos y cientos de heridos. Diez años después, sobrevivientes y familiares de las víctimas recuerdan aquella noche, reconstruyen sus vidas y mantienen viva la memoria de quienes perdieron la vida en uno de los atentados más mortíferos registrados en Francia.
Diez años después del atentado de Niza, el dolor sigue presente para quienes perdieron a un ser querido aquella noche del 14 de julio de 2016.
Anne Murris es una de ellas. Su hija Camille, de 27 años, murió atropellada por el camión que irrumpió mientras miles de personas observaban los fuegos artificiales por la Fiesta Nacional francesa.
«Era una joven entrañable, con un algo de picardía. Le encantaba hacer reír y se reía con facilidad», recuerda su madre, con lágrimas en los ojos.
Leer tambiénFrancia rememora una década del atentado yihadista en Niza
Anne y su esposo estaban de viaje por Escandinavia cuando recibieron en sus teléfonos la alerta sobre el ataque. «Entramos en pánico porque sabíamos que Camille estaba allí», relata.
La pareja regresó de inmediato a Francia y pasó cuatro días buscando desesperadamente a su hija. Anne describe esa espera como una auténtica «tortura», durante la cual sufrió repetidas crisis de parálisis muscular provocadas por el impacto emocional.
Finalmente, una oficial de la policía judicial confirmó la muerte de Camille. Según relata Anne, la funcionaria les ofreció ver el cuerpo, pero les advirtió que «solo quedaban dos manos detrás de un vidrio».
«Con algunas familias hubo mucha delicadeza, pero con nosotros no fue así. Todo fue muy violento. El personal debería recibir una mejor formación y contar con el apoyo de psicólogos para comunicar este tipo de noticias», afirma.
Convertir el dolor en memoria
En 2018, Anne Murris fundó la asociación Memorial de los Ángeles, dedicada a acompañar a otras víctimas y preservar el recuerdo de quienes murieron en el atentado.
Desde entonces ha impulsado numerosos proyectos: un museo memorial en Niza, exposiciones fotográficas, actividades educativas en escuelas y hasta la colocación de 86 piedras en el Himalaya, una por cada víctima mortal.
«La muerte de mi hija nunca tendrá sentido. Lo único que puedo hacer es transformar mi sufrimiento en algo útil, trabajando por la memoria y por la prevención de la radicalización», explica.
También reconoce que esas iniciativas le permiten sentir que sigue cuidando de Camille.
El héroe que prefirió el anonimato
Durante los juicios celebrados por el atentado, Anne conoció a Gilles Gamberi, uno de los testigos que actuó con mayor valentía aquella noche.
Mientras asistía al concierto previo a los fuegos artificiales, escuchó un estruendo y los gritos de la multitud. Vio que el camión seguía avanzando hasta detenerse y corrió hacia la cabina para impedir que el conductor volviera a arrancar.
«En ese momento pensé que se trataba de un accidente o de que el conductor había sufrido un problema de salud», recuerda.
Al acercarse, el atacante le apuntó con un arma. Gilles intentó desarmarlo, pero escuchó dos disparos y comprendió que le estaba disparando. Consiguió escapar del camión y de inmediato informó a un policía sobre la posición del terrorista dentro de la cabina, información que resultó clave antes de que los agentes abatieran al atacante.
Durante años, Gilles prefirió mantener el anonimato y solo habló públicamente para corregir versiones que aseguraban que había intentado detener el camión cuando este aún estaba en movimiento.
Las víctimas más jóvenes
Entre las víctimas también estaba Soad Darwiche, que entonces tenía 15 años. Había acudido al espectáculo junto a su abuela, su tía, su tío y su hermana menor, Emma.
«No entendía bien lo que estaba pasando. Simplemente seguí a la multitud», recuerda.
Se refugió en un hotel cercano sin saber qué había ocurrido con su familia. Al día siguiente recibió la noticia: su abuela, su tía y su tío habían muerto. Emma, que tenía apenas 12 años, sobrevivió con graves heridas.
«Hoy sufre amnesia traumática», explica su hermana mayor, Dina Darwiche, quien estaba de vacaciones en Bretaña junto a su madre cuando ocurrió el atentado.
«Emma no quiere hablar de aquello. Incluso cuando tiene pesadillas o recuerdos repentinos, se despierta diciendo: ‘No quiero acordarme'».
Diez años después, las hermanas han conseguido reconstruir parte de sus vidas. Dina es profesora y bombera voluntaria; Soad trabaja en un restaurante y recientemente compró su primer departamento. Sin embargo, el duelo sigue presente.
«Pensamos muy seguido en nuestra abuela, nuestra tía y nuestro tío, aunque hablamos poco de ellos porque todavía duele mucho», dice Dina.
Soad añade un recuerdo que resume el cariño hacia sus familiares: «Mi tío y mi tía seguían enamorados como el primer día».
Las hermanas fueron reconocidas oficialmente como víctimas del atentado. Como ellas, cerca de 3.000 personas recibieron acompañamiento del Fondo de Garantía para las Víctimas de Actos de Terrorismo de Francia. Una cuarta parte de ellas eran menores de edad.
