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“Hemos atendido partos en los botes”: la crisis de salud se profundiza en el Chocó y Buenaventura

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Una tragedia sobre la otra. Regiones como el Chocó o el litoral vallecaucano ya vivían crisis invisibilizadas antes de que el terremoto de 7,4 del 10 de agosto desafiara aún más sus precarios equilibrios.

Ahora, mientras la ayuda gubernamental se centra esencialmente en grandes ciudades como Cali o Pereira (donde se han producido la mayor parte de las víctimas mortales), el único hospital distrital del principal puerto de Colombia, Buenaventura, está colapsado, mientras parteras atienden en botes a niños que llegan al mundo en Chocó.

“Hay otras cosas que se vienen encima de esto y es el mismo conflicto, porque ¿cómo les llevamos ayuda? El litoral de San Juan, población en su gran mayoría indígena, ha sido muy afectado. Sin embargo, las ayudas se están concentrando primeramente en Quibdó”, relató a France 24 Ledy Mosquera, partera tradicional y directora de la Red Interétnica que reúne a sus pares en el Chocó.

Mosquera precisó que de las cinco subregiones del departamento, la del Darién, que limita con Panamá, es la menos afectada, mientras que los mayores daños se concentran en San Juan (donde se encuentran San José del Palmar, epicentro del temblor) y Atrato, que comprende a ciudades como Bojayá o Quibdó.

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Imagen de portada: © France 24

“En San Juan tenemos partos que se han atendido en medio de la misma urgencia, de la misma situación”, indicó Mosquera, que monitorea a un centenar de parteras afiliadas a su organización. “Ellas siguen trabajando, el problema ha sido la remisión, ¿cómo las sacamos?”, se preguntó, refiriéndose a gestantes y parturientas.

“Se ha atendido a niños en los botes, porque no alcanzamos a llegar a los hospitales. Hasta el momento se han atendido 10 niños en medio de la crisis, entre San Juan y Atrato”, apuntó Mosquera.

El alcalde de San José del Palmar, León Fabio Marín Moncada, relató en France 24 que hay una sola máquina tratando de despejar los caminos hacia la localidad, pero que las consecuencias del aislamiento ya se han comenzado a sentir, con desabastecimiento y falta de condiciones para atender a los afectados.

Como ocurre en otros sitios del país, la solidaridad comunitaria ha permitido hacer frente a esa desconexión (física y digital) en la que han quedado las poblaciones, a falta de ayuda oficial.

“Las parteras nos estamos ayudando entre familias, amigos, en comunidades como Sipí están organizando entre ellos mismos sus refugios”, precisó Mosquera.

En medio de la emergencia, las integrantes de la red de parteras solicitan de forma prioritaria “equipos para identificar signos de alarma como tensiómetros, termómetros, porque muchas dicen ‘sí, lo siento caliente’, pero al no poder medir la fiebre, muchas han visto a los pacientes convulsionar, sobre todo en el caso de los niños”.

La población en general requiere alimentos no perecederos y ropa en buen estado, pero ante las dificultades para movilizar la ayuda en la región, Mosquera recomienda “un incentivo económico” para resolver las urgencias de los afectados.

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«No se olviden de Buenaventura”

Tan difícil como trasladar insumos hacia el Chocó es la atención de la emergencia en Buenaventura, que ha quedado aislada por un deslizamiento de tierra que tapó el túnel que da acceso a la ciudad, como lo informó en conversación con la revista ‘Semana’ Libia Mosquera, excónsul de Colombia en Washington y residente del principal puerto del país.

Pero la emergencia no se centra en el área urbana y es mucho más apremiante en la parte rural, que constituye el 80% del territorio.

Bairon Yessid Castro, sobreviviente del terremoto en Buenaventura, conversó con France 24 y lamentó que, a pesar de ser “uno de los lugares que más le aportan a este país en materia económica, todavía no hay despliegue nacional para atender a las víctimas”.

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Imagen de portada: © France 24

Al menos dieciséis personas han perdido la vida en la localidad, 258 han sufrido lesiones y varios centenares han perdido sus hogares como consecuencia del movimiento telúrico.

La mayoría de los heridos debe confiar su atención al único hospital distrital de la ciudad, cuya capacidad ha sido sobrepasada, lo que ha llevado a la alcaldía a decretar una alerta naranja para advertir sobre una crisis hospitalaria que se ha agravado con el terremoto.

“Necesitamos insumos médicos, alcohol, carpas, toldos, colchonetas. Anoche llovió y el hospital presentó fallas. Muchos de los enfermos están siendo atendidos en los parqueaderos”, relató Castro.

También en Buenaventura, las redes vecinales han complementado los albergues que ha puesto a disposición la administración distrital para atender a los damnificados, pero Castro advierte que la gravedad de los daños “superó la capacidad institucional”.

“Se han dispuesto algunos albergues provisionales, pero mucha gente se niega a moverse de sus casas porque dicen que si se mueven, los ladrones pueden llegar a hurtar y llevarse sus pertenencias, que con tanto sacrificio han logrado durante años”, relató Libia Mosquera.

La exdiplomática hizo énfasis en la necesidad de contar con un hospital de campaña, pero apuntó que la lluvia nocturna del 11 de agosto mostró la fragilidad de las carpas médicas improvisadas en los parqueaderos.

Ambos residentes, Castro y Mosquera, coinciden en un llamado común: “No se olviden de Buenaventura”.

La ciudad de 330.000 habitantes se ha quedado sin agua potable, porque el terremoto ha agravado un problema crónico que ya antes mantenía a los residentes confinados a recibir suministro cada tres días.

Todo esto se complica ante la perspectiva de que el fenómeno del ‘súper Niño’ afecte aún más la principal fuente de agua de la ciudad, la planta de tratamiento del río Escalerete, que surte al precario sistema de acueducto local.

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Ayuda prioritaria para los más aislados

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) anunció en un comunicado el 11 de agosto que serán precisamente el Chocó y Buenaventura los puntos donde concentrará sus primeros esfuerzos humanitarios en el marco de la emergencia derivada del terremoto.

“UNICEF está poniendo en marcha una respuesta temprana en agua, saneamiento e higiene para ayudar a reducir los riesgos para la salud pública y proteger la dignidad de las familias afectadas mientras se restablecen los servicios esenciales y continúan las evaluaciones de necesidades”, informó Tanya Chapuisat, representante en Colombia de la agencia de la ONU para la infancia.

La respuesta incluye “suministros de agua, saneamiento e higiene para 25.000 personas en Chocó y Buenaventura, incluidos kits familiares de higiene, de atención materna, de higiene menstrual y tanques de almacenamiento de agua”, de acuerdo con el comunicado.

El Comité Internacional de la Cruz Roja también mantiene al Chocó y el Valle del Cauca a la cabeza de su respuesta humanitaria, junto a Risaralda y Caldas, los otros departamentos que serán beneficiados por una partida de 30 millones de dólares que permitirán atender a unas 24.000 personas en los próximos 24 meses.

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Con EFE y medios locales

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