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“No podemos creer que todo haya desaparecido”: Nepal busca a cientos de personas tras gigantesca avalancha
Un paisaje que desapareció en segundo. En distintos puntos de la región del Himalaya, la vida transcurría con aparente normalidad. Había personas preparándose para ir a la escuela, policías trabajando en una comisaría, peregrinos desplazándose hacia el Tíbet y familias comenzando su jornada.
Pero después, llegó el agua…Un torrente de dimensiones extraordinarias descendió por los valles fronterizos entre Nepal y el Tíbet, arrastrando rocas, vehículos, edificios y puentes. Las aguas cubrieron comunidades enteras y dejaron tras de sí una mezcla de barro y escombros que en algunos lugares alcanzó varios metros de profundidad.
Más de 360 personas han muerto y más de 1.400 permanecen desaparecidas, según las autoridades, mientras cientos de personas han sido desplazadas. Entre los desaparecidos hay ciudadanos de numerosos países y decenas de peregrinos que se encontraban en la ruta hacia el Monte Kailash, uno de los lugares sagrados más importantes del Himalaya.
Las cifras apenas alcanzan a explicar lo ocurrido. Para quienes sobrevivieron, el desastre tiene una dimensión mucho más concreta: el instante en que una calle, una casa o un edificio conocido desapareció delante de sus ojos.
Rajan Khatri, un policía de 41 años destinado en Syabrubesi, recibió una llamada alrededor de las 9:10 de la mañana. Un amigo le advirtió de que una crecida repentina avanzaba río abajo.
«No hubo tiempo para evacuar»
«Uno de mis superiores y yo estábamos juntos cuando llegó la ola. Yo salí despedido, pero él no tuvo tanta suerte y quedó sepultado o arrastrado», contó Khatri desde una cama de hospital en Katmandú.
El policía todavía intenta describir una escena que, incluso después de sobrevivirla, parece difícil de dimensionar.
«No puedo describir la magnitud de las olas. Engulleron edificios de varios metros de altura en cuestión de segundos».
Y añadió una precisión que resume la naturaleza de la catástrofe: «No era solo agua. Era una mezcla de rocas, arena y lodo espeso».
De las siete personas que trabajaban en la comisaría, solo tres, incluido Khatri, fueron encontradas con vida. Los otros cuatro seguían desaparecidos.
Cuando recuperó el conocimiento, el paisaje había cambiado por completo. Según relató, al menos un centenar de viviendas habían sido destruidas, junto con una oficina de un proyecto hidroeléctrico, escuelas y otras instalaciones públicas.
Khatri permaneció entre los restos hasta que fue rescatado la mañana siguiente. La fuerza del torrente le había provocado heridas en el pecho.
“Fue terrorífico”: una adolescente frente a la desaparición de su mundo
A cientos de kilómetros de distancia, Smriti Ojha, de 17 años, se preparaba para ir a la escuela en Trishuli, en el distrito de Nuwakot, cuando sintió que el suelo temblaba.
Su primera reacción fue pensar en un terremoto. No era una asociación arbitraria. En 2015, un terremoto devastador destruyó la vivienda de su familia.
Esta vez, sin embargo, el peligro llegaba en forma de agua. Ojha salió corriendo de la casa alquilada donde vive con sus amigos. Justo cuando abandonaba el inmueble vio las enormes olas aproximándose.
Todos consiguieron salir antes de que fuera demasiado tarde. Pero no pudieron llevarse nada.
«Todos en la casa salieron antes de que fuera demasiado tarde, pero no pudimos salvar nada», dijo desde una cama de hospital, donde recibía tratamiento por una herida en el pie derecho.
Su familia directa, que vive a más de ocho kilómetros de la zona devastada, está a salvo. Cuatro de sus parientes, sin embargo, permanecen desaparecidos.
«Fue terrorífico (…) No puedo creer que todo haya desaparecido ante mis ojos», lamentó.
La frase describe una de las características más desconcertantes de este desastre: para muchos sobrevivientes, la destrucción no llegó como una inundación gradual que permitiera escapar con pertenencias o preparar una evacuación. Llegó como una pared de agua, lodo y piedras capaz de modificar el paisaje en segundos.
Familias atrapadas en la espera
Mientras los rescatistas avanzan entre los escombros, miles de personas esperan noticias.
Shova Shrestha, de 33 años, lleva más de un día buscando a su esposo, Rajan Shrestha.
Después de las inundaciones consiguió llamarlo. El teléfono llegó a sonar. Poco después dejó de funcionar.
Desde entonces, su búsqueda se ha convertido en una espera suspendida entre la esperanza y el miedo. Shova observa los helicópteros que aterrizan en Bidur, la capital del distrito de Nuwakot, intentando reconocer en cada operación de evacuación el rostro de su esposo.
«No dejo de mirar cada helicóptero, esperando que salga de él», dijo.
Es una escena que se repite en distintos puntos de Nepal y también fuera del país: familias que llaman repetidamente a teléfonos que ya no responden, que consultan redes sociales, que preguntan a agencias de viajes o que esperan que las autoridades actualicen las listas de supervivientes.
«Hemos perdido la esperanza tras conocer la magnitud de la destrucción»
En India, las líneas de ayuda habilitadas por el Gobierno y las autoridades estatales se han visto saturadas por familiares que buscan información sobre cientos de peregrinos y turistas.
Entre ellos está Sandeep Mohapatra, residente en Australia y originario del estado indio de Odisha, y su esposa. Su prima Soumya Mohapatra explicó que la familia habló con ellos por última vez el 23 de agosto y recibió un mensaje al día siguiente.
Después, nada.
«Hemos perdido la esperanza tras conocer la magnitud de la destrucción y el número de fallecidos», declaró.
Pero mientras los equipos de rescate continúan trabajando, otras familias todavía se aferran precisamente a esa incertidumbre: mientras no exista confirmación de una muerte, queda abierta la posibilidad de encontrar a alguien con vida.
Peregrinos atrapados en la ruta hacia el Monte Kailash
La tragedia adquirió una dimensión internacional porque la zona afectada se encuentra en una de las rutas utilizadas por peregrinos que viajan desde India hacia el Monte Kailash, en el Tíbet.
Para hindúes y budistas, la montaña tiene una importancia espiritual excepcional. Para miles de peregrinos, el recorrido es el resultado de años de planificación y un viaje que combina devoción, esfuerzo físico y largas travesías por algunas de las zonas más remotas del Himalaya.
El miércoles, una crecida arrasó el paso fronterizo de Gyirong, en el Tíbet, en esa misma ruta.
Entre los grupos afectados se encontraba una expedición procedente del estado indio de Tamil Nadu. La agencia de viajes de Syed Sadique había enviado a 57 personas hacia Nepal con la intención de que continuaran hasta el Tíbet.
Ahora, unas tres docenas están desaparecidas, incluido el hijo de Sadique, Sayed Umar Farook, que trabajaba como guía turístico.
«El grupo viajaba en tres autobuses en Nepal», relató Sadique. Un integrante del grupo le contó que uno de los vehículos, con unas 20 personas, consiguió avanzar, mientras que los pasajeros vieron cómo otro autobús caía por un barranco.
«Nos dicen que el nivel del agua está bajando, pero la zona sigue cubierta de lodo. No sabemos cuántas personas regresarán sanas y salvas».
Otros peregrinos tuvieron más suerte. Vallynayagi, de 62 años, viajaba en uno de los autobuses que logró escapar de la zona de peligro. Su cuñado, A. Manoharan, recibió su llamada alrededor del mediodía.
Tres autobuses circulaban juntos cuando se produjo el deslizamiento. El vehículo que iba delante y el que iba detrás fueron arrastrados, según explicó Manoharan. El autobús de Vallynayagi quedó sobre un tramo de carretera que no fue destruido.
El interior, sin embargo, comenzó a llenarse de lodo.
Los pasajeros escaparon del vehículo y subieron a pie por la ladera de una colina. Primero fueron llevados a un campamento militar y posteriormente evacuados en helicóptero.
La historia de ese autobús muestra hasta qué punto la supervivencia pudo depender de unos pocos metros de diferencia: una carretera que resistió, un vehículo que no fue alcanzado o unos segundos que permitieron abandonar el lugar.
“Hablamos con él y diez minutos después ya no pudimos contactar”
Otro grupo de peregrinos tuvo un destino más incierto. Según Maa Gambhiri, coordinadora de Isha Sacred Walks, 77 peregrinos de distintas nacionalidades y tres miembros de la Fundación Isha se encontraban en la zona cuando se perdió el contacto.
La comunicación se produjo poco antes del desastre. «Hablamos con el líder del grupo a las 9:05 a. m. Pero cuando volvimos a intentarlo 10 minutos después, no pudimos contactar con él ni con nadie más», relató.
Esos diez minutos son ahora una frontera entre la normalidad y la tragedia.
El grupo había completado la peregrinación y estaba pasando los controles de inmigración del lado chino cuando desapareció la comunicación.
El líder espiritual indio Sadhguru Jaggi Vasudev, visiblemente emocionado en un mensaje difundido en redes sociales, señaló que el grupo incluía a 22 estadounidenses y personas de varios países y que no había información oficial sobre su paradero.
La magnitud internacional de la emergencia ha obligado a varios gobiernos a activar sus propios mecanismos de búsqueda. Estados Unidos informó de que 90 ciudadanos estadounidenses se encuentran desaparecidos en China y Nepal, aunque tres habían sido rescatados y no se había confirmado la muerte de ninguno.
India informó de 288 ciudadanos desaparecidos en Nepal. China, por su parte, señaló que cerca de 100 ciudadanos chinos estaban desaparecidos en Nepal y que alrededor de 260 extranjeros figuraban entre los desaparecidos en el Tíbet.
Un desastre que se extendió por los ríos
La devastación tampoco quedó confinada al lugar donde comenzó la inundación. Los rescatistas han encontrado cuerpos en el distrito de Chitwan, cientos de kilómetros río abajo de las zonas más afectadas.
La fuerza del agua convirtió los propios ríos en corredores de destrucción. Vehículos fueron arrastrados, carreteras quedaron sepultadas y los escombros se engancharon en árboles y cables eléctricos.
Las imágenes difundidas después de la tragedia muestran edificios cubiertos de barro hasta varios pisos, calles convertidas en canales de lodo y vehículos prácticamente enterrados.
En el Tíbet, el paso fronterizo de Gyirong quedó cubierto por una capa de barro de más de 1,5 metros de profundidad en promedio. Un edificio portuario de varios pisos quedó sepultado y las carreteras que conducen al paso resultaron dañadas.
Las autoridades chinas enviaron cientos de militares y paramilitares y utilizaron helicópteros para localizar supervivientes, evaluar los daños y establecer rutas de evacuación.
Además, un lago recién formado en la confluencia de dos ríos comenzó a generar una nueva preocupación: su posible desbordamiento o ruptura podría provocar otra inundación.
El origen: un Himalaya cada vez más vulnerable
Las primeras explicaciones apuntaron a un terremoto. El Servicio Geológico de Estados Unidos registró inicialmente un movimiento de magnitud 4,4 al norte de Katmandú.
Posteriormente, actualizó su análisis y señaló que lo ocurrido correspondía a un derrumbe glaciar de magnitud 5,2 que desplazó grandes cantidades de escombros y desencadenó el torrente río abajo.
Expertos del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas, con sede en Katmandú, consideraron que una avalancha procedente de un glaciar probablemente provocó la inundación repentina.
En un punto del río Trishuli, el nivel del agua llegó a aumentar nueve metros en apenas media hora.
El episodio vuelve a poner de relieve la vulnerabilidad de las comunidades que viven bajo la cordillera del Himalaya. Sus valles estrechos y empinadas laderas concentran población, carreteras, centrales hidroeléctricas y rutas comerciales y turísticas junto a ríos que pueden cambiar de volumen de forma extrema en muy poco tiempo.
Los expertos advierten además de que el sistema glaciar del Himalaya se está volviendo más inestable. El calentamiento provocado por el cambio climático está acelerando el retroceso de los glaciares y aumentando el riesgo de desbordamientos repentinos de lagos glaciares y otros fenómenos capaces de desencadenar inundaciones.
No es la primera vez que la región enfrenta una tragedia de este tipo. En agosto de 2025, un lago glaciar en el Tíbet se desbordó después de un periodo de temperaturas elevadas. Nueve personas murieron y quedaron dañadas infraestructuras esenciales, incluido un puente que conecta Nepal y China.
Entre los escombros, la búsqueda continúa
La Cruz Roja de Nepal ha comenzado a pasar de las operaciones inmediatas de rescate a una respuesta humanitaria de mayor escala. Alrededor de 1.200 personas han sido desplazadas de al menos tres aldeas, según su presidente, Bishal Kumar Bhandari.
Pero para miles de familiares, la emergencia todavía tiene una prioridad más elemental: saber qué ocurrió con los suyos.
En los hospitales, algunos supervivientes cuentan los segundos que tardaron las aguas en destruir sus hogares. En los centros de evacuación, otros intentan recordar nombres, matrículas, rutas y rostros. En las líneas telefónicas de ayuda, las familias repiten una y otra vez la misma pregunta.
Y en Bidur, Shova Shrestha sigue mirando hacia el cielo.
Cada helicóptero que aterriza contiene, por unos instantes, una posibilidad.
Después de una catástrofe capaz de borrar casas y carreteras en segundos, para quienes esperan noticias el tiempo se ha convertido en otra forma de incertidumbre: cada minuto sin una respuesta prolonga el miedo, pero también conserva una última esperanza.
Con Reuters y AP
