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Entre pujanza y violencia: ¿será Antioquia la región bisagra de las presidenciales en Colombia?
El departamento de Antioquia es fundamental no solamente para entender lo que se juega en los comicios a la Presidencia del 31 de mayo, sino para interpretar el meollo de varios debates políticos en Colombia. ¿Por qué?
Este territorio del noroeste de Colombia es el segundo territorio administrativo del país con más población. Según las estimaciones del DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), su población ronda los 6,9 millones de habitantes.
Su extensión oficial es de 63.612 kilómetros cuadrados, siendo el sexto departamento más grande del país, con un área superior a la de países europeos como Croacia o Dinamarca.
Esta zona del país está en su mayoría ubicada en las montañas de la cordillera central y occidental de los Andes, cuenta con salida al océano Atlántico a través de la región conocida como el golfo de Urabá, y tiene la segunda ciudad más poblada del país, su capital, Medellín.
Además, dispone de una enorme riqueza en materia de biodiversidad. Según cálculos del Instituto Humboldt, Antioquia acoge el 27,3% de especies observadas en Colombia.
Por sus condiciones geográficas, buena parte de la población se vio aislada durante años del resto del país, creando una fuerte identidad regional conocida localmente como la cultura ‘paisa’.
“Durante el siglo XIX, tuvo lugar el proceso conocido como la colonización antioqueña, un pensamiento en el que las personas creían que había que buscar sus propias tierras, sus propias comunidades, y eso hizo que el pensamiento del antioqueño fuera de buscar un porvenir en la montaña”, explica la politóloga y profesora de la Universidad de Antioquia, Lina Guisao.
Una identidad de pujanza que también se vio entremezclada por un fuerte arraigo con los valores católicos.
“Antioquia es el eterno progreso del eterno retorno”, escribió en su ensayo ‘Postal a Medellín’ el escritor antioqueño y fundador del movimiento nadaísta, Gonzalo Arango.
Pulmón económico regional con la vista en el mundo
Antioquia es una de las locomotoras que impulsan la economía de Colombia. Para 2025, fue el segundo territorio que más contribuyó al PIB del país, únicamente sobrepasado por la capital, Bogotá.
Históricamente, esta zona ha tenido un gran desarrollo industrial jalonado por grandes empresas en rubros como el de las confecciones textiles, los alimentos, la energía eléctrica y la minería.
“Su lugar geográfico la ubicó como el lugar que recibió las primeras bonanzas cafeteras del país, lo que permitió que se desarrollara una banca fuerte y pujante a principios del siglo XX, que eventualmente derivó en industria y en un comercio dinámico y boyante”, explica Mauricio Salazar, el economista y profesor de la Universidad Javeriana.
Actualmente, se están realizando grandes obras de infraestructura en la región, como la hidroeléctrica Hidroituango, el túnel vial del Toyo, que será el más largo de Latinoamérica, y el proyecto de Puerto Antioquia, una terminal marítima ubicada sobre el océano Atlántico, que aspira a mejorar el comercio exterior y la logística del país.
“Los antioqueños a largo plazo le están apostando a conectarse mucho más con el mundo y ser más competitivos“, señala Salazar.
¿El gran fortín del uribismo apostará por De la Espriella?
En el siglo XXI, la política electoral de este departamento ha estado permeada en buena medida por el poder de un caudillo político: el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien gobernó entre 2002 y 2010.
El hoy líder del partido derechista Centro Democrático llegó al poder en 2002 tras haber sido gobernador de Antioquia y alcalde de Medellín con la promesa de mejorar la economía del país y llevar a cabo una ofensiva militar contra las guerrillas, en búsqueda de mejorar los indicadores de seguridad.
Actualmente, tanto el jefe de Gobierno de la capital departamental como el encargado de la Gobernación son afines al proyecto uribista.
“Siempre se ha mostrado con un liderazgo muy antioqueño: muy macho, muy capaz y de que ‘con Dios todo lo puedo’”, así describe el carácter de Álvaro Uribe la profesora Lina Guisao.
Una visión del mundo que ha intentado ser capitalizada por dos candidatos en las elecciones a la Presidencia de Colombia de 2026.
De un lado, la ahijada política de Uribe y candidata por el Centro Democrático, Paloma Valencia, ha optado por hacer campaña en Antioquia buscando alzar las banderas del retorno de la seguridad y el anhelo de mejorar las condiciones para los empresarios e inversionistas.
“Antioquia es libertad, trabajo y orgullo por lo que somos. Un ejemplo de emprendimiento, pujanza, liderazgo cívico y compromiso social que demuestra que sin estatismo y con economía fraterna se puede construir prosperidad”, declaró Valencia en un mensaje a la ciudadanía a través de las redes sociales en medio de la campaña.
Y del otro, el aspirante ultraderechista Abelardo de la Espriella también apuesta por fortalecer los servicios de seguridad del Estado, con el objetivo de arremeter en contra de los grupos al margen de la ley que operan en el departamento. Al igual que promete reducir el Estado y llevar a cabo un plan para otorgar vivienda con créditos a bajo costo.
“Este no puede ser un territorio de miedo, no voy a permitir que el progreso se vea empañado por la delincuencia, el olvido de las necesidades de la gente y el alto costo de vida al que nos tienen sometidos los de siempre”, aseveró De la Espriella en uno de sus más recientes mítines políticos en Rionegro, Antioquia.
La izquierda al alza en Antioquia
En otra orilla, se encuentra el candidato oficialista, Iván Cepeda, que ofrece profundizar las reformas sociales del actual Gobierno de Gustavo Petro y promete continuar con la política de ‘Paz Total’, en donde se privilegia el diálogo con grupos armados, en aras de que los combatientes regresen a la vida civil de forma pacífica.
El aspirante por el partido izquierdista Pacto Histórico ha mantenido una larga pugna legal con Álvaro Uribe.
Una disputa que derivó en acusaciones formales por parte de la Justicia colombiana contra el expresidente por delitos relacionados con manipulación de testigos. Proceso que sigue en curso y deberá ser evaluado en tercera y última instancia por la Corte Suprema de Justicia.
Cepeda pretende dar la sorpresa en Antioquia, un territorio en el que su partido obtuvo resultados nunca antes vistos para una formación de izquierda en las legislativas de marzo.
El Pacto Histórico logró más votos con relación al mismo tipo de votaciones realizadas en 2022 en 124 de 125 municipios del departamento, según un análisis llevado a cabo por el medio colombiano La Silla Vacía.
Avances que para Lina Guisao tienen que ver con la fortaleza de los sindicatos y los movimientos obreros en la región, pero también por una identificación de los más pobres con un discurso “que está en contra de la oligarquía, en una de las regiones más desiguales, no solo de Colombia, sino del mundo”.
Una visión que el candidato oficialista, quien fue declarado persona ‘non grata’ por 14 diputados de Antioquia, también ha trasladado al plano histórico. “Antioquia se convirtió en cuna de la parapolítica, de la narcoeconomía y del terrorismo de Estado”, dice un documento oficial de campaña.
Texto que en su momento fue duramente criticado por Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Álvaro Uribe y otras figuras de la derecha colombiana.
La violencia: el eje de la controversia electoral
El conflicto armado colombiano ha sido un elemento transversal en la historia reciente de Antioquia.
“Él es Jesús y se está señalando el pecho con el dedo, y en el pecho abierto el corazón sangrando: goticas de sangre rojo vivo, encendido, como la candileja del globo: es la sangre que derramará Colombia, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén”, escribió el escritor antioqueño Fernando Vallejo en su novela ‘La Virgen de los sicarios’, haciendo referencia al símbolo del Sagrado Corazón de Jesús, una imagen religiosa típica de los hogares colombianos y antioqueños.
Según la Comisión de la Verdad de Colombia, entre 1985 y 2018 este fue el departamento con más víctimas identificadas: 128.980 personas, lo que representa alrededor del 28% del total de afectados.
“Aquí ha habido un conflicto armado de larga duración con partes enfrentadas múltiples: muchos grupos guerrilleros, muchos grupos paramilitares, más el Estado. Y hay que aclarar que los narcotraficantes no son parte del conflicto armado, sino que son un actor económico, que cultiva relaciones con unos y otros”, explica Gloria Gallego, abogada, investigadora experta en temas de conflicto y paz, y profesora de la universidad Eafit.
Actualmente, este territorio vive una situación de orden público compleja, gracias a la expansión en aumento de diferentes grupos armados como el Clan del Golfo, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y varias disidencias de la extinta guerrilla FARC en zonas como el golfo de Urabá o el noreste del departamento.
Según el informe de 2025 de la plataforma «Antioquia Cómo Vamos«, los grupos armados ilegales tienen injerencia en 86% de los municipios con actividades como “la minería ilegal, el micro y narcotráfico, la extorsión y el tráfico de migrantes”.
Por su parte, la Defensoría del Pueblo de Colombia alertó que, en lo que va de 2026, Antioquia es el segundo departamento con más asesinatos de líderes sociales con nueve casos, únicamente superado por el Cauca. Esta entidad también informó que la situación de desplazamiento forzado en la zona es “grave”.
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Entre los casos más recientes está el del joven periodista Mateo Pérez, asesinado en Briceño, Antioquia, por una facción de las disidencias de las FARC.
Otro punto a tener en cuenta es el aumento de los cultivos de coca en la zona. El más reciente informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito alerta que, entre 2023 y 2024, Antioquia registró un incremento del 16,19% en el número de hectáreas dedicadas a la coca, que posteriormente se procesa y se convierte en cocaína.
Un panorama que, de cara a las elecciones, es interpretado de manera dispar por los aspirantes con mayores opciones para obtener la jefatura de Estado.
De un lado, Valencia y De la Espriella quieren dar por terminadas las conversaciones de paz y retomar una ofensiva militar; y del otro, Cepeda persiste en la promesa de llevar a buen puerto la iniciativa de ‘Paz total’, emprendida por Gustavo Petro.
Dos visiones de Colombia interpretadas por la abogada Gloria Gallego como un momento decisivo en cuanto a la situación de orden público del departamento.
“Uno esperaría que se recondujera el proceso de ‘Paz total’ para intentar disminuir las violencias y no que se apueste por el militarismo. Cuando eso sucede, como ya pasó en los Gobiernos de Álvaro Uribe, el derramamiento de sangre y las violaciones de Derechos Humanos en Antioquia se disparan”, advierte la investigadora.
