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Salud

Dra. Juliana Mosciulsky: la obesidad debe tratarse como enfermedad crónica y no como decisión personal

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Juliana Mociulsky

La Dra. Juliana Mosciulsky, coordinadora del Comité de Obesidad y Diabetes de la Sociedad Argentina de Diabetes. (Foto: Archivo DEF.)

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La obesidad no es una cuestión de voluntad: la enfermedad silenciosa que puede desencadenar más de 200 problemas de salud

Durante años, la obesidad fue explicada con una fórmula aparentemente sencilla: comer menos y moverse más. Sin embargo, la ciencia moderna ha comenzado a desmontar esa visión simplista.

Hoy, cada vez más especialistas sostienen que la obesidad es una enfermedad compleja que involucra mecanismos hormonales, metabólicos, neurológicos y psicológicos que van mucho más allá de las decisiones individuales sobre alimentación.

Esa fue una de las principales conclusiones expuestas por la doctora Juliana Mosciulsky durante una conferencia virtual organizada para periodistas latinoamericanos, en la que se discutieron algunos de los avances científicos más recientes presentados en el Congreso Europeo de Obesidad (ECO), uno de los encuentros internacionales más importantes dedicados al estudio de esta condición.

“La obesidad genera más de 200 complicaciones o enfermedades asociadas”, afirmó la especialista.

La cifra resulta impactante porque desmonta una percepción frecuente: que la obesidad es únicamente un problema relacionado con el aspecto físico o el exceso de peso corporal.

Según explicó Mosciulsky, las consecuencias pueden extenderse a prácticamente todos los órganos y sistemas del cuerpo.

Entre ellas figuran enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, trastornos articulares, alteraciones hormonales, problemas hepáticos, complicaciones respiratorias y diversos tipos de cáncer.

Una enfermedad de la grasa

Uno de los cambios más importantes en la comprensión científica de la obesidad ha sido la forma en que los médicos la definen.

Durante décadas, el diagnóstico estuvo centrado casi exclusivamente en el Índice de Masa Corporal (IMC), una fórmula matemática que relaciona el peso y la estatura.

Tradicionalmente se consideraba que una persona tenía obesidad cuando su IMC superaba el valor de 30.

Pero hoy los especialistas consideran que ese criterio es insuficiente.

“La obesidad es una enfermedad crónica, compleja, multicausal y recidivante”, explicó Mosciulsky.

Actualmente, los expertos analizan también cómo está distribuida la grasa corporal, especialmente la acumulación de grasa visceral, aquella que rodea órganos internos y que se asocia con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares.

La médica explicó que la obesidad es esencialmente una enfermedad del tejido adiposo.

Cuando este tejido aumenta de tamaño de forma excesiva o comienza a depositarse en órganos donde normalmente no debería estar presente, se generan procesos inflamatorios y alteraciones metabólicas capaces de desencadenar múltiples enfermedades.

Por esa razón, algunos especialistas han comenzado a utilizar el término “adiposopatía”, que significa literalmente “enfermedad del tejido adiposo”.

La intención es enfatizar que la obesidad es una condición médica y no simplemente una característica física.

Pensar en comida todo el tiempo

Uno de los aspectos que más llamó la atención durante la conferencia fue la explicación sobre cómo la obesidad afecta los mecanismos cerebrales relacionados con el apetito.

Mosciulsky describió una realidad que muchas personas con obesidad experimentan diariamente y que suele ser incomprendida por quienes nunca la han vivido.

“La persona que vive con obesidad tiene el deseo de comida prendido todo el tiempo”, explicó.

Según la especialista, esto no significa simplemente tener hambre.

Se trata de pensamientos constantes relacionados con la comida que aparecen de manera repetitiva y consumen una parte importante de la energía mental de las personas.

Ese fenómeno, sostuvo, puede dificultar enormemente la toma de decisiones saludables.

“El pensamiento de comida es intrusivo. No deja tomar buenas decisiones y le quita energía a otras actividades”, afirmó.

Esta explicación ayuda a entender por qué muchos expertos consideran que la obesidad no debe interpretarse como una simple falta de autocontrol.

Los mecanismos biológicos del apetito están profundamente influenciados por hormonas, neurotransmisores y sistemas cerebrales de recompensa.

Cuando esos sistemas se alteran, las recomendaciones tradicionales centradas exclusivamente en la fuerza de voluntad suelen resultar insuficientes.

“No hablamos de voluntad. Hablamos de determinación”, subrayó la especialista.

La menopausia y el aumento de peso

Otro de los temas abordados fue el impacto de la obesidad en las mujeres durante la transición hacia la menopausia.

Los cambios hormonales que ocurren durante esta etapa favorecen una redistribución de la grasa corporal, particularmente hacia la zona abdominal.

Según explicó Mosciulsky, muchas mujeres identifican el aumento de peso como uno de los síntomas más molestos de este período.

“Cuando se les pregunta cuáles son los síntomas que más les preocupan, sorprendentemente el aumento de peso aparece entre los primeros lugares”, señaló.

La acumulación de grasa abdominal no solo tiene implicaciones estéticas.

También está relacionada con un incremento del riesgo cardiovascular y metabólico.

Por ello, los especialistas consideran fundamental abordar la salud metabólica de las mujeres durante esta etapa de la vida.

La importancia de preservar el músculo

La pérdida de peso no siempre equivale a una mejora completa de la salud.

Mosciulsky explicó que uno de los principales desafíos consiste en reducir la grasa corporal sin comprometer la masa muscular.

“El descenso de peso tiene que estar equilibrado con la conservación de la masa muscular”, afirmó.

Para lograrlo, los tratamientos deben complementarse con una alimentación adecuada, rica en proteínas, y programas de actividad física adaptados a cada paciente.

Los músculos cumplen funciones fundamentales en el metabolismo, la movilidad y la calidad de vida.

Por ello, los especialistas consideran que una estrategia eficaz de tratamiento debe enfocarse en mejorar la composición corporal y no únicamente en reducir el número que aparece en la balanza.

La relación con las enfermedades cardiovasculares

Más allá de la pérdida de peso, los especialistas insisten en que el objetivo principal del tratamiento es reducir riesgos de salud a largo plazo.

En ese contexto, la doctora Mosciulsky destacó los resultados del estudio SELECT, una de las investigaciones más relevantes sobre obesidad y riesgo cardiovascular.

Según explicó, los análisis mostraron una reducción aproximada del 20 % en eventos cardiovasculares graves, como infartos o accidentes cerebrovasculares no fatales, en personas con antecedentes previos de enfermedad cardiovascular.

“Hoy hablamos de medicamentos que son prácticamente obligatorios para proteger el corazón en determinados pacientes”, señaló.

Semaglutida y los nuevos tratamientos

Buena parte de la conferencia estuvo dedicada a los medicamentos basados en GLP-1, entre ellos la semaglutida.

Este fármaco actúa imitando una hormona natural que el cuerpo libera después de comer y que ayuda a regular la sensación de saciedad.

“El medicamento imita la acción de esa hormona, pero con una duración y potencia mucho mayores”, explicó la especialista.

Entre los estudios discutidos se encontraba el ensayo STEP UP, que evaluó dosis más altas de semaglutida.

Los resultados mostraron reducciones de peso cercanas al 20 %, mientras que algunos participantes alcanzaron descensos de hasta un 28 % de su peso corporal.

Estas cifras se aproximan a los resultados observados en algunos procedimientos de cirugía bariátrica, considerados durante años la intervención más eficaz para tratar la obesidad severa.

No obstante, la especialista insistió en que estos medicamentos no son adecuados para todas las personas.

Entre las principales contraindicaciones mencionó el embarazo, la lactancia, antecedentes de carcinoma medular de tiroides y ciertos casos de pancreatitis.

También recordó que existen efectos secundarios conocidos y esperables que deben ser supervisados por profesionales de la salud.

Más allá del peso

Quizás el mensaje más importante de la conferencia fue el llamado a cambiar la manera en que la sociedad percibe la obesidad.

Para Mosciulsky, reducir esta enfermedad a una cuestión de apariencia física perpetúa el estigma y dificulta el acceso a tratamientos adecuados.

“La persona que vive con obesidad suele tener una larga historia de frustraciones y fracasos”, afirmó.

Y concluyó con una reflexión que resume la nueva visión médica sobre esta condición:

“El peso es un signo de la obesidad. No es la enfermedad en sí misma”.

Una frase que refleja cómo la ciencia está redefiniendo una de las condiciones de salud más extendidas del siglo XXI y que, según los especialistas, requiere comprensión, atención médica especializada y un abordaje integral que vaya mucho más allá de la balanza.

Fuente original: Encuentro virtual para periodistas de América Latina organizado por Novo Nordisk con motivo de la presentación de hallazgos científicos en el Congreso Europeo de Obesidad (ECO), celebrado en Estambul, Turquía. Participación de la doctora Juliana Mosciulsky, coordinadora del Comité de Obesidad y Diabetes de la Sociedad Argentina de Diabetes (SAD). Diario Libre participó en el encuentro.

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