Salud
30 años de estudio de Harvard revelan qué dieta reduce el riesgo de enfermedad cardíaca
El cardiólogo Harlan Krumholz, de la Universidad de Yale
NUEVA YORK,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- Durante años, el debate sobre la salud cardiovascular ha girado en torno a si es mejor reducir las grasas o los carbohidratos.
Sin embargo, una nueva investigación de la Universidad de Harvard apunta en otra dirección: lo determinante no sería la cantidad de macronutrientes, sino el tipo de alimentos que los aportan.
El estudio, difundido por Science Alert y publicado en febrero, siguió durante aproximadamente 30 años a unas 200.000 personas en Estados Unidos, en su mayoría profesionales de la salud. En total, los datos acumulados representan más de 5,2 millones de años-persona de seguimiento, lo que le otorga un peso estadístico considerable dentro de la investigación nutricional.
Los resultados sugieren que las personas que basaron su dieta en vegetales, frutas, granos integrales y grasas saludables presentaron mejores indicadores cardiovasculares y menor riesgo de enfermedad coronaria, en comparación con quienes consumieron mayores cantidades de alimentos ultraprocesados o proteínas animales en exceso.
“No se trata de eliminar, sino de elegir mejor”
Uno de los autores principales del estudio, el epidemiólogo Zhiyuan Wu, subraya que el hallazgo central cuestiona la forma tradicional de entender la dieta.
“No se trata simplemente de reducir carbohidratos o grasas, sino de la calidad de los alimentos que las personas eligen para construir esas dietas”, afirmó Wu, según recoge el estudio.
En otras palabras, dos dietas con la misma cantidad de grasas o carbohidratos pueden tener efectos completamente distintos sobre la salud cardiovascular si provienen de fuentes alimentarias diferentes.
Mejores marcadores de salud cardiovascular
El análisis encontró que los participantes con patrones de alimentación considerados más saludables tendían a presentar niveles más altos de colesterol HDL, conocido como “colesterol bueno”, además de un menor riesgo de desarrollar enfermedad coronaria.
Este tipo de perfil lipídico suele asociarse con una mejor protección frente a la acumulación de placas en las arterias, uno de los principales factores de riesgo de infartos y otros eventos cardiovasculares.
Un estudio masivo, pero con matices
Aunque el seguimiento prolongado es uno de los puntos fuertes del estudio, los investigadores también reconocen algunas limitaciones importantes. La información dietética provino de cuestionarios completados por los propios participantes, lo que puede introducir sesgos de memoria o de percepción.
Además, al tratarse en su mayoría de profesionales sanitarios, es posible que este grupo tuviera una mayor conciencia sobre hábitos saludables que la población general, lo que podría limitar la extrapolación total de los resultados.
Aun así, los autores sostienen que la magnitud del seguimiento y la consistencia de los hallazgos aportan evidencia sólida sobre la importancia de la calidad de la dieta.
El debate que el estudio busca cerrar
El trabajo también ha sido interpretado como un aporte relevante a una discusión que ha dividido durante años a la nutrición moderna: las dietas bajas en carbohidratos frente a las dietas bajas en grasas.
El cardiólogo Harlan Krumholz, quien no participó en la investigación, consideró que los resultados ayudan a matizar ese debate.
Según Krumholz, los hallazgos permiten “superar el prolongado debate entre dietas bajas en carbohidratos y dietas bajas en grasas”, al centrar la atención en la calidad de los alimentos más que en la proporción de macronutrientes.
Más allá de las dietas estrictas
En línea con esta interpretación, los autores del estudio plantean que las dietas rígidas basadas exclusivamente en el conteo de calorías, carbohidratos o grasas podrían no ser necesarias para mejorar la salud cardiovascular.
En su lugar, recomiendan priorizar patrones alimentarios centrados en alimentos vegetales, granos integrales y grasas saludables, independientemente del enfoque dietético específico que se siga.
El mensaje central, según la investigación, es que no todas las calorías son iguales en términos de impacto metabólico y cardiovascular, y que la procedencia de los alimentos puede ser más importante que su clasificación nutricional clásica.
