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¿Qué moviliza a los nueve millones de jóvenes que podrían decidir el balotaje en Colombia?

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«Es tema prohibido en mis redes sociales. La gran mayoría de mis amigos y familiares tienen claro que votarán por Iván Cepeda. Muchos incluso ya no me hablan», dice Daniela Ramos.

En su historia se asoma una de las claves de estas elecciones: el papel de los jóvenes, protagonistas de un electorado cada vez más influyente y, al mismo tiempo, más polarizado. Casi 4 millones de nuevos electores podrán participar en la segunda vuelta electoral del próximo 21 de junio en Colombia, según la Registraduría Nacional de Colombia

Daniela, una pedagoga de 22 años, reside en uno de los 137 barrios de clase media en Bogotá donde el presidente Gustavo Petro perdió terreno en comparación con los resultados de hace cuatro años, mientras el ultraderechista Abelardo de la Espriella logró allí un fuerte respaldo. 

Daniela Ramos, tiene 22 años. El próximo 22 de junio vivirá su segunda elección presidencial entre miedos y desconfianzas.
Daniela Ramos, tiene 22 años. El próximo 22 de junio vivirá su segunda elección presidencial entre miedos y desconfianzas. © Julián Ramírez Castro – France 24

En este contexto, el voto de los menores de 28 años –que representan cerca del 24% del electorado, con más de 9 millones de inscritos, de acuerdo con la Registraduría y las proyecciones del Departamento de Estadística de Colombia (DANE)– podría resultar decisivo en el balotaje.

«Si la participación juvenil se mantiene en sus niveles históricos, probablemente la elección se definirá por la movilización de las bases tradicionales. Pero si una parte importante de esos jóvenes que normalmente no votan decide acudir a las urnas, podrían convertirse en uno de los grupos con mayor capacidad para inclinar el resultado», explica Simón Doncel, politólogo y consultor político. 

Karen Herrera tiene 20 años y habla desde la moto con la que trabaja medio tiempo en una plataforma de transporte para sostener sus estudios. Le preocupan las propuestas «contra el medio ambiente» del candidato Abelardo de la Espriella. «Estudio química y conozco los riesgos del fracking para la extracción de petróleo y minerales. Además, me preocupa el futuro de la matrícula cero para los estudiantes de universidades públicas», dice. Vive con su familia en el sur de Bogotá, donde el debate político ya no se da en voz alta. «Los mayores en mi casa son muy conservadores y van por Abelardo. Es una discusión que ya no damos en casa.»

Karen Herrera, tiene 20 años. Estudia y trabaja medio tiempo en una aplicación de transporte con una moto que está pagando.
Karen Herrera, tiene 20 años. Estudia y trabaja medio tiempo en una aplicación de transporte con una moto que está pagando. © Julián Ramírez Castro – France 24

Del K-pop al streaming: la otra batalla por el voto 

El K-pop y las transmisiones con ‘influencers‘ llegaron a la política colombiana. Y esta vez no solo como tendencia, sino como el centro de la estrategia.

Iván Cepeda aprendió que sin presencia digital dinámica su campaña no conseguiría los votantes que necesita, y Abelardo de la Espriella, que el uso de redes sociales, videos realizados con IA y transmisiones en redes sociales no es suficiente para llegar a la Casa de Nariño. 

Del lado del candidato de extrema derecha –el más votado en la primera vuelta del 31 de mayo, con más de 10.361.499 votos, y una distancia de 600.000 votos del candidato oficialista–, el reto ha sido pasar de una campaña fundamentada en el miedo a una en la emoción, según describe Juan Fernando Giraldo, cofundador de la consultora de investigación y estrategia Búho.

«La campaña se ha replegado en redes en comparación a la primera vuelta y no está matizando sus opiniones en contraste a lo que empezó a hacer Cepeda, la estrategia ha sido dar más protagonismo a su fórmula vicepresidencial, el economista José Manuel Restrepo, quien matiza las opiniones de De la Espriella e intenta recoger ese voto más moderado de centro», describe Giraldo. 

«Cepeda ha intentado ablandar la imagen de continuidad del petrismo y acercarse más a audiencias jóvenes y urbanas mediante elementos culturales, redes sociales y mensajes asociados a oportunidades, participación e inclusión», añade Doncel, quien destaca que la inclusión del símbolo de corazón con los dedos o finger heart y las apariciones casi diarias en transmisiones de ‘influencers‘ que adoptó la campaña de este candidato busca atraer a estos votantes caracterizados por una baja participación histórica en las urnas.

Holmán Hernández, un barbero de 23 años que vive y trabaja en el sur de Bogotá, cuenta, mientras termina un servicio con uno de sus clientes, que tiene dudas en su voto, pero encuentra más afinidades con Cepeda, especialmente después de su última aparición en el show Fuck News, en el que habló con los dos comediantes y conductores sobre su plan de gobierno.

«En Colombia, tenemos una crisis de empatía. Nos cuesta ponernos en los pies del otro. Me resulta difícil pensar que algunas personas con las que crecí en mi barrio en Bosa (sur de la ciudad) piensan que el salario mínimo está muy alto y eso afecta la economía», se lamenta.

Holman Hernández es un barbero de 23 años. Vive en el sur de la ciudad, en uno de las zonas en las que la izquierda perdió influencia en primera vuelta.
Holman Hernández es un barbero de 23 años. Vive en el sur de la ciudad, en uno de las zonas en las que la izquierda perdió influencia en primera vuelta. © Julián Ramírez Castro – France 24

Entre los votantes jóvenes, las opciones de izquierda han predominado históricamente en Colombia. Las encuestas de Atlas Intel, la firma que más se acercó al resultado de primera vuelta, muestran que la preferencia por Cepeda entre los de 18 a 24 años creció del 42% al 62%.

Pero De la Espriella tampoco se queda atrás en ese grupo: pasó del 9% al 24% en el mismo periodo, una señal de que el voto joven no está cerrado para ninguno de los dos.

«Es el grupo de edad en donde está la brecha mayor entre los dos candidatos y el único en donde gana Cepeda», precisa Juan Fernando Giraldo. 

Camilo Córdoba tiene 24 años, busca empleo y abandonó la universidad porque no podía pagar. Prefiere no votar: «No me motiva tener que viajar hasta mi pueblo en Boyacá — son casi cinco horas».

Como él, más de dos millones de jóvenes de entre 15 y 28 años forman parte de los ‘ninis’: jóvenes que ni estudian ni trabajan, una condición que afecta de manera desproporcionada a las mujeres.

Bogotá y el Caribe, ¿con las llaves de la Casa de Nariño? 

El mapa del 31 de mayo muestra patrones que se remontan al plebiscito de 2016, cuando Colombia se partió en dos frente al acuerdo de paz. Casi una década después, esa fractura sigue visible en las urnas.

Dos ciudades concentran esa fragmentación: Bogotá, con más de seis millones de votantes, y urbes del Caribe como Barranquilla y Montería, donde se disputan el legado de Petro y el auge de De la Espriella.

En Bogotá, el petrismo perdió terreno principalmente en los votantes de clase media, como lo registra el diario El Tiempo. En estas zonas de la capital colombiana, de ingresos medios, la izquierda disminuyó pasando de imponerse en 2022 en 9 de cada 10 puestos electorales, a la mitad de ese resultado en la primera vuelta. 

En la capital colombiana, aunque ganó Iván Cepeda, el desafío se centra en crecer en estas áreas a través de votantes más jóvenes.

«El votante de izquierda podría ampliarse más en las zonas más desfavorecidas, y la gran sorpresa podría encontrarse en los votantes de clase media. En primera vuelta fue difícil medir el voto por De La Espriella, pero el tema de la seguridad en las ciudades puede tener un impacto alto, especialmente por el aumento de la extorsión a pequeños negocios», analiza la politóloga y profesora de la Universidad de los Andes, Sandra Borda. 

En el Caribe colombiano, los datos de primera vuelta analizados por La Silla Vacía revelan un fenómeno atípico: Barranquilla registró un abstencionismo inusualmente alto, en parte porque las maquinarias políticas que históricamente mueven el voto en la región no se activaron con la misma fuerza. Ese voto dormido es ahora uno de los botines más codiciados de la segunda vuelta.

A horas de abrir las urnas de la segunda vuelta, ninguna campaña puede dar por sentado el apoyo de los jóvenes.

Aunque temas como el empleo, el acceso a la educación, la crisis climática, la seguridad y las oportunidades económicas atraviesan sus preocupaciones cotidianas, el verdadero interrogante no es solo por quién votarán, sino cuántos de ellos acudirán a las urnas.

En una elección que se anticipa reñida, la participación de esos más de nueve millones de colombianos menores de 28 años podría terminar definiendo quién ocupará la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años.

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