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¿Doctrina Donroe a lo que dé? Qué esperar de la relación Colombia – EE. UU. con De la Espriella en el poder
“Lo apoyé. Estaba en décimo lugar. Lo apoyé y ganó las elecciones”. Una de las primeras referencias de Donald Trump a Abelardo De la Espriella luego de que el preconteo lo mostrara al frente del balotaje fue atribuirse el crédito por el resultado electoral.
El abogado y empresario probablemente es consciente de la deuda que mantiene con un mandatario con el que comparte incluso la nacionalidad, pues el ‘Tigre’ es ciudadano estadounidense, italiano y colombiano.
No está claro qué tanto le sumó su endoso, pero sí el peso que tendrá la cercanía ideológica entre ambos en la gobernabilidad de un país que recibe partido en dos mitades: De la Espriella gana, según el conteo preliminar, con menos de un punto porcentual de ventaja sobre su rival en la segunda vuelta, el candidato izquierdista Iván Cepeda.
De la Espriella agradeció la felicitación de Trump anunciando la próxima adhesión de Colombia al Escudo de las Américas, la iniciativa de seguridad hemisférica promovida por el líder republicano que aglutina a todos los gobiernos de su órbita de influencia en la región.
“Colombia NO será más gobernado por un gobierno complaciente con el narcoterrorismo, pasaremos a combatirlo como corresponde”, prometió De la Espriella en una publicación en X.
Se espera que el tema de seguridad sea precisamente el eje de la relación entre dos líderes que defienden el concepto de la “paz a través de la fuerza”.
“De la Espriella y Trump han encontrado una sinergia real en la lucha contra el narcotráfico”, estima Sergio Guzmán, director de Colombia Risk Analysis, quien prevé “operativos conjuntos similares a los que está haciendo Ecuador”, partiendo de que el combate a la producción y tráfico de drogas constituye “un interés compartido”.
Esa es la expectativa de otros gobiernos de la región que también forman parte de la órbita de Trump. El presidente de Panamá, Raúl Mulino, señaló que espera que el resultado del balotaje en Colombia traiga “tranquilidad” a los “vecinos”.
Guzmán teme, sin embargo, que el carácter prioritario de este objetivo pueda dejar en muy segundo plano otras prácticas criminales “que están muy entrelazadas, como la lucha contra la minería ilegal, la extorsión, el contrabando o el tráfico de personas”.
Para el analista político Ernesto Salazar, el enfoque de la nueva relación entre Washington y Bogotá estará centrada solo en apariencia en el tema de seguridad. A su juicio, la prioridad declarada no es más que un “eufemismo” que enmascara un interés marcado por la agenda económica.
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“Colombia siempre ha establecido un direccionamiento hacia el norte global, sobre todo hacia Estados Unidos, desde una perspectiva de carácter económico antes que en materia de seguridad”, estima Salazar, para quien la balanza comercial deficitaria ha marcado una relación de desigualdad.
“Mientras que nosotros tenemos unas exportaciones de apenas un 30% (de la balanza), unos 12.500 millones de dólares, vemos que el 70% de los bienes que Colombia no produce los importa de Estados Unidos. Eso marca una relación muy asimétrica y condicionada”, agrega el analista.
“Va a ser una cooperación centrada sobre todo en la sensibilidad que tenemos como principal aliado comercial, disfrazado de una cooperación en términos militares”.
Para Salazar, el acento en materia de combate al narcotráfico probablemente reproducirá una política “que ha fracasado históricamente: el ataque el eslabón más débil de la cadena, que son los cultivos ilícitos, y no la interdicción o el tránsito por Centroamérica, por el Pacífico y la costa Atlántica, incluso desde Venezuela, hacia Estados Unidos”.
Ambos analistas coinciden en que la relación de Bogotá con Washington reproducirá la misma posición de asimetría de otros gobernantes latinoamericanos que integran la esfera de influencia de Trump, aunque, para Guzmán, esta vendrá dada por la diferencia en el poderío militar y no por la disparidad comercial.
Un nuevo enfoque migratorio
La nueva alianza entre los dos países vivirá un capítulo importante en el tema migratorio. De acuerdo con las estimaciones de Salazar, bajo De la Espriella se verá un retorno al papel que cumplió Iván Duque en la cooperación para el resguardo de la frontera sur de Estados Unidos.
“Colombia podría pasar a convertirse en una especie de país llave para cortar el chorro del tránsito ilegal por el Darién, por la costa pacífica y por la costa atlántica hacia Centroamérica y Estados Unidos”, prevé el experto.
“Es la misma dinámica que usa la Unión Europea a través de Alemania, de pagarle con cooperación amplia a Turquía para que frene la inmigración que viene de los países en conflicto en Asia”, recuerda Salazar. “Van a buscar fortalecer la permanencia en Colombia”.
El analista también prevé políticas que afectarán incluso a ciudadanos colombianos, como la anunciada por el senador republicano de origen colombiano Bernie Moreno, quien citó una llamada entre Trump y De la Espriella en la que se habría discutido la restricción de solicitudes de asilo político y la deportación de quienes no puedan demostrar el riesgo que corren, “con una alta posibilidad de que nos convirtamos en un país receptor de migrantes”.
Normalización regional
Una reparación del vínculo con Washington representará también una puerta abierta para el restablecimiento de relaciones con mandatarios de la región de los que el izquierdista Gustavo Petro se mantenía distanciado, como los conservadores Rodrigo Paz en Bolivia o Daniel Noboa en Ecuador.
Ambos habían manifestado su intención de normalizar el vínculo una vez que se concretara un cambio de gobierno, luego de que Paz rechazara lo que calificó de interferencia de Petro en el conflicto interno boliviano y de la imposición de aranceles por parte de Noboa, en respuesta a lo que denunció como la desatención de las fronteras por parte del gobernante saliente.
Para Salazar será un realineamiento mucho más amplio. “Va a ser Bogotá, Quito, Lima, La Paz, Santiago, Buenos Aires totalmente alineados hacia Estados Unidos, un nuevo eje de la derecha internacional” que dará lugar a “espacios de servidumbre y de sometimiento a la política exterior de Estados Unidos, prácticamente como una nueva doctrina Monroe, o Donroe”, anticipa.
Para el analista, Trump interpreta al hemisferio ya no como un patio trasero sino como “súbditos de una política internacional en la que la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo disfraza realmente intereses sobre aspectos geoestratégicos, medioambientales, energéticos y de recursos naturales”.
“Ya lo vimos en Venezuela, donde bajo el discurso de la libertad hoy no hay elecciones libres, pero sí una negociación para la exploración y explotación de pozos petroleros”, como una respuesta a la “tensión (energética) que vivió Estados Unidos con (la guerra en) Irán”, ejemplifica Salazar.
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En declaraciones a France 24, Susana Muhamad, exministra de Ambiente de Petro, se refirió también a “un interés económico de explotación que cae muy bien bajo la doctrina del Gobierno de los Estados Unidos, la doctrina Donroe, como la han llamado, en su lucha geopolítica con China”.
Sergio Guzmán también coincide en un viraje energético, que a su juicio vendrá dado por intereses comunes: “Colombia es un país que necesita importar gas, y Estados Unidos es un país que provee gas. Pero también lo es Venezuela, y una de las cosas que Washington muy probablemente quiera hacer es reactivar el comercio energético de Venezuela. En Colombia tiene un socio importante para hacerlo”.
Guzmán espera que la relación con Caracas esté marcada por un distanciamiento del líder del preconteo con respecto a posiciones anteriores. “De la Espriella no ha sido muy vocal con respecto a la relación con Venezuela. Su antichavismo reciente es una indicación de cómo enfrentaría ese aspecto, pero presumo que, por la relación que Trump ha tenido con el Gobierno de Delcy Rodríguez, buscará ser más pragmático”.
Por su parte, Salazar recuerda que la porosidad de la frontera con Venezuela ha hecho que quede sometida a “una gobernanza criminal por parte del ELN, que ha surgido con la connivencia de miembros de la Guardia Nacional Bolivariana”.
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Basado en el anuncio de De la Espriella de que mantendrá relaciones solo con países que respeten la libertad democrática, Salazar cree que “insinúa la misma lógica de lo que hizo Iván Duque en su momento, que es una pantomima de interrupción de relaciones, aunque el interés de Estados Unidos en Venezuela puede lograr una distensión”.
Según el analista, una inclinación de ese tipo llevaría a deja de atender tareas más apremiantes en la frontera, como “la búsqueda de migrantes desaparecidos en las trochas, la persecución de aquellos que controlan el tráfico de personas, de armas, de drogas, o las pistas que están instaladas de forma ilegal en el Zulia o el Táchira que trasladan cargamentos del Clan del Golfo y del ELN”.
El pasaporte de la discordia
Ernesto Salazar fue la primera voz que alertó sobre la inconveniencia de que el entonces candidato De la Espriella aspirara a la Presidencia teniendo triple nacionalidad, en alusión a los pasaportes estadounidense e italiano que suma al colombiano.
Hoy, el analista sostiene esa advertencia, basado en el juramento de lealtad que implica la adopción de la ciudadanía estadounidense.
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“El presidente de la República actúa como máxima autoridad en materia de relaciones internacionales, de control de la fuerza pública y de decisiones en materia económica, lo cual incluye tratados internacionales. Tener esa doble nacionalidad implica un impedimento y conflicto de interés de quien ha prestado un juramento hacia los Estados Unidos”.
“Hoy la pregunta que se hace el país es a quién le va a ser leal Abelardo De la Espriella, si a Colombia o a los intereses del Gobierno de Estados Unidos en materia económica, en una relación comercial donde hay una asimetría enorme, con un tratado de libre comercio que ha ampliado las brechas comerciales, con un Escudo de las Américas que implica una colaboración militar y de inteligencia a favor de Estados Unidos, no de Colombia o de América Latina”, puntualiza.
