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Irán celebra el segundo día de funerales de Jamenei entre llamados a la venganza y la ausencia de su sucesor
Las principales autoridades de Irán y tres hijos del fallecido líder supremo Alí Jamenei, asesinado en un ataque israelí-estadounidense el pasado 28 de febrero, asistieron este domingo 5 de julio al rezo fúnebre por el ayatolá en la Gran Mezquita Mosalá de Teherán. Según la agencia AP, la aparición pública de los dirigentes sugiere una mayor confianza en su seguridad.
Su presencia ante la multitud habría sido impensable durante la guerra, iniciada el 28 de febrero con los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel que mataron a Jamenei, de 86 años, junto a miembros de su familia y otros altos cargos.
Durante el conflicto, Israel atacó a funcionarios que se mostraron en público y, en al menos un caso, habría usado esa aparición para fijar su posición y bombardearlos.
En las ceremonias, personas congregadas en las calles de la capital corearon consignas contra Estados Unidos e Israel, incluyendo llamados contra la vida del presidente estadounidense Donald Trump.
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Desde primera hora de la mañana el recinto quedó desbordado, con una asistencia mayor que la del sábado: los dolientes, vestidos de negro, llegaban con banderas y pancartas en homenaje a Jamenei, sin dejar espacio en el patio principal ni en los pasillos.
La red de metro de Teherán informó que registró siete millones de viajes entre la noche del sábado y la mañana del domingo por la afluencia hacia el centro de la capital, aunque las autoridades no ofrecieron cifras oficiales de asistencia.
Se celebró un rezo por Jamenei y los familiares que murieron con él: su hija, su yerno, su nuera y una nieta de 14 meses, cuyos féretros estaban dispuestos en el gran patio del complejo religioso.
Esa oración fue dirigida por el ayatolá Jafar Sobhani, de 97 años, una de las principales autoridades religiosas chiitas del país.
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La ausencia de Mojtaba
La televisión estatal mostró a tres hijos de Jamenei —Mostafa, Meysam y Masud, que no habían sido vistos desde la guerra— rezando detrás de los ataúdes.
Masud fue visto llorando y secándose las lágrimas con una kufiya, el pañuelo que en Irán simboliza los ideales revolucionarios y la solidaridad con los palestinos.
También asistieron el presidente Masaud Pezeshkian; el titular del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf; el jefe de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria, Esmail Qaani, y el comandante de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, quien recién el jueves había sido fotografiado por primera vez desde la guerra y que fue visto entre la multitud con una gorra negra, flanqueado por fuerzas de seguridad de civil. La agencia EFE reportó además la presencia del jefe del Poder Judicial, Gholam Hossein Mohseni Ejei.
El gran ausente volvió a ser Mojtaba Jamenei, el hijo que sucedió al ayatolá como líder supremo el 8 de marzo y de quien no hay avistamientos públicos ni imágenes difundidas desde entonces. Según fuentes cercanas a su círculo íntimo, citadas por Reuters, permanecería escondido tras haber resultado herido en el ataque que mató a su padre: su rostro habría quedado desfigurado y habría sufrido una lesión significativa en una o ambas piernas.
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Israel amenazó con matarlo también a él, mientras el nuevo líder conduce el sistema político-religioso iraní que negocia con Estados Unidos un fin permanente de la guerra y el estrangulamiento iraní del tráfico por el estrecho de Ormuz, que altera el suministro energético global.
Su eventual primera aparición pública es una de las grandes incógnitas de estos funerales, para los que las autoridades prevén una participación de hasta 20 millones de personas.
«Hasta el último momento, antes de que empezara la oración, les decía a los que me rodeaban que esperaba que viniera él mismo. Era nuestro único deseo», dijo una joven a la agencia semioficial Tasnim.
Otra asistente, la enfermera Ziba Naderi, de 42 años, dijo a AP que escuchó los llamados a la venganza, pero que «el líder debe decir qué tenemos que hacer».
Amenazas contra Trump
Los llamados a la venganza dominaron la ceremonia con carteles y grafitis en la Mosala que pedían matar al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump; y al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
El poeta Mohamad Rasouli, que condujo el acto previo a la oración, preguntó a la multitud por los altavoces, en referencia a Trump, por qué seguía vivo, y afirmó que el mundo ya no era un buen lugar para él, frases que fueron ovacionadas y que constituyeron la primera amenaza directa contra la vida del presidente estadounidense lanzada desde el escenario durante los funerales, según AP.
«Vine acá a gritar y a buscar venganza», dijo Gholamreza Sabooni, un trabajador de un almacén de 29 años. «Mataron a nuestro imán, deberíamos matar a su líder, Trump».
Otro asistente, Mahmud, portaba un retrato del presidente estadounidense encuadrado en la mirilla de un fusil con la frase «Habrá sangre» escrita en inglés y en persa.
Desde hace años, las autoridades federales estadounidenses vigilan las amenazas iraníes contra Trump y otros funcionarios de EE. UU. Estas amenazas se originaron en 2020, cuando Trump ordenó el asesinato del general Qassem Soleimani, entonces jefe de la Fuerza Quds. Irán, por su parte, ha negado en repetidas ocasiones que esté planeando matar a Trump.
Mientras se celebraba el funeral, Trump pronunciaba un discurso en Washington por el 250 aniversario de la fundación de Estados Unidos, en el que afirmó que el ejército estadounidense había aniquilado a las fuerzas militares iraníes.
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Negociaciones en pausa y una semana de ceremonias
La guerra, que se prolongó durante cuatro meses y dejó muerte y destrucción en la región, está suspendida por un frágil alto el fuego alcanzado en un acuerdo con Washington, que las autoridades iraníes presentan como una victoria sobre una superpotencia.
Las conversaciones para un fin permanente del conflicto quedaron en pausa hasta el final de los funerales: Trump declaró al sitio web Axios que las negociaciones se suspendieron durante una semana por los actos fúnebres.
Según AP, una alta convocatoria en los funerales podría resultar importante para Teherán, que busca usar su control del estrecho de Ormuz como palanca negociadora, mientras persiste el temor a un nuevo ataque israelí.
Con estas ceremonias masivas, la República Islámica busca mostrar unidad nacional y continuidad, en medio de un descontento generalizado por la mala situación económica del país.
Los actos comenzaron el viernes con una ceremonia oficial de homenaje a la que asistieron los primeros ministros de Pakistán y Armenia; los presidentes de Irak, Tayikistán y Georgia, y representantes de Rusia, China, Siria, Líbano, Afganistán y Arabia Saudita, entre otras delegaciones. El sábado comenzaron los funerales públicos, que se extenderán hasta las 20:00 hora local (16:30 GMT) de este domingo.
El lunes, el cortejo fúnebre recorrerá las calles de Teherán, cerradas junto con el espacio aéreo por el duelo, y el martes los restos serán trasladados a Qom, centro de la jerarquía chiita iraní. El miércoles habrá ceremonias en las ciudades santas chiíes de Nayaf y Kerbala, en Irak, y el jueves Jamenei será enterrado en el mausoleo del imán Reza, en Mashad, su ciudad natal, en el noreste del país.
Con AP, EFE y Reuters
