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Adiós a Bernadette Chirac, una mujer de deber y poder
Qué pareja tan peculiar: la aristócrata reservada y distante y el nieto de unos maestros de Corrèze, afable y seductor. Todo oponía a Jacques Chirac y a su esposa Bernadette, quienes atravesaron juntos cerca de 45 años de la vida política francesa. Bernadette Chirac, nacida Chodron de Courcel el 18 de mayo de 1933 en París, falleció el 5 de junio de 2026, casi siete años después de aquel a quien acompañó en su impresionante ascenso político, como una auténtica soldado.
Desde Corrèze hasta el Ayuntamiento de París, pasando por los gabinetes ministeriales bajo Georges Pompidou y Matignon, antes de la consagración en el Elíseo, la conquista del político no habría sido posible sin ella, Bernadette Chirac.
Impulsada por el sentido del deber, esta valiosa aliada se puso al servicio de todas las batallas de su marido. Hasta el punto de que le tomó el gusto y trazó su propio camino: fue consejera general del departamento de Corrèze de 1979 a 2015 sin interrupción. La ex primera dama incluso destacó por su auténtica experiencia política, ya que fue la única del entorno presidencial que anticipó la presencia de Jean-Marie Le Pen en la segunda vuelta en 2002.
La futura pareja se conoció en las aulas de Sciences-Po en 1951. La estudiante se ofrecía de voluntaria para hacer exposiciones, lo que impresionaba al joven: desde entonces, consideraba a la tímida Bernadette Chodron de Courcel una «chica atrevida», con «carisma», según contó el magazín ’13h 15, le dimanche’, en una edición dedicada a los esposos Chirac en marzo de 2019. Encantado, le propone participar en grupos de trabajo, lo que marca el inicio de una larga historia.
«Has tenido suerte de casarte conmigo»
El compromiso tuvo lugar en octubre de 1953. Y aunque el presidente no dejó de repetírselo después —»Has tenido suerte de casarte conmigo»—, en realidad fue él, según las jerarquías sociales de la época, quien hizo un «buen» matrimonio. Jacques Chirac procedía de la clase media; las raíces de la familia se encontraban en Corrèze, donde sus dos abuelos fueron maestros y, en el caso de uno de ellos, masón.
Su prometida, por su parte, procede de la aristocracia. En su entorno, muy católico, no fue tarea fácil imponer a este pretendiente de un origen social totalmente diferente, pero que demostró su determinación desde muy joven. Bernadette se mantuvo firme y la boda se celebró el 16 de marzo de 1956 en París. La pareja, que nunca abandonó el tratamiento de «usted», tuvo dos hijas: Laurence, en 1958, y Claude, en 1962.
Aunque «la política no figuraba en el contrato matrimonial», como Bernadette Chirac confesó más tarde, pronto comprendió que esa sería la gran pasión de Jacques. Tras graduarse de la Escuela Nacional de Administración (ENA), se incorporó en 1962 al gabinete del primer ministro, Georges Pompidou. Seducido por aquel a quien apodaba «el bulldozer», este lo envió a medirse con las tierras de Corrèze, de tradición izquierdista, en las elecciones legislativas de 1967.
Contra todo pronóstico, sale elegido en Ussel, lo que marca el inicio del arraigo de los Chirac en el departamento. Bernadette no lo había previsto y, al principio, no le atraía la política. Pero se adapta a la situación y pone toda su energía al servicio de las ambiciones de su marido.
«Me sentí obligada a aferrarme a él como un mejillón a su roca»
«De repente, me di cuenta de que mi marido tenía una vocación y que, a nivel personal, eso iba a suponer, digamos, muchos sacrificios. En esos casos, o te vas -pero eso no era lo que yo quería- o sigues el juego. Yo me sentí obligada a aferrarme a él como un mejillón a su roca. Era la única manera, me dije, de no perder a mi marido. Ya en 1966, me esforcé muchísimo para ayudarle a establecerse en su circunscripción. Y, desde entonces, no deje de ayudarle, acompañarle», sostuvo a la publicación ‘Nouvel Observateur’ en 2003.
En la década siguiente, Jacques Chirac experimenta un ascenso meteórico: secretario de Estado de Economía y Finanzas, luego ministro de Agricultura, de Interior y, finalmente, primer ministro bajo el mandato de Giscard, de 1974 a 1976. Durante esos dos años en Matignon, Bernadette Chirac no se dejó intimidar, y menos aún por su marido: retomó sus estudios de arqueología, en contra de la opinión de Jacques Chirac, preocupado por que se burlaran en las aulas de la esposa del primer ministro.
En 1977, Jacques Chirac ganó las elecciones a la alcaldía de París. La joven tímida había cambiado y había aprendido definitivamente a imponerse a su naturaleza, descubriendo el gusto por la lucha política.
También ejercía una influencia política indudable sobre su marido. Así, en 1979, le animó a apartar a Marie-France Garaud, la eminencia gris de Jacques Chirac que empujaba a su protegido hacia una derecha soberanista. «Me tomaba por una completa imbécil. Su error fue no desconfiar lo suficiente de las mujeres», dijo ella.
Ese mismo año, cuando su marido le pidió que se presentara al Consejo General de Corrèze, con el fin de mantener un pie en su feudo mientras desarrollaba una carrera política nacional en París, ella, que ya era concejala del pueblo de Sarran, aceptó la misión con entusiasmo. Es incluso «el día más bonito de su vida», afirmó en la biografía que le dedicó el periodista Erwan L’Eléouet, ‘Bernadette Chirac, los secretos de una conquista’, publicada en febrero de 2019. Fue reelegida cinco veces consecutivas.
En el campo, recorre su feudo al volante de su Peugeot 205 rojo, acompañada en ocasiones por Jacques Chirac. Trabaja por el desarrollo de su departamento en los ámbitos de la agricultura, la industria y el turismo. Durante sus mandatos, Corrèze ve pasar el Tour de Francia (en dos ocasiones), así como a la primera dama estadounidense Hillary Clinton, cuya limusina hace una parada en mayo de 1998 en Tulle y en Chaumeil para descubrir la «democracia local».
«Chiraquista con tendencia a Bernadette»
En París, se recuerda la fastuosidad de los años de Chirac en el Ayuntamiento. Prueba de ello es el caso de los «gastos de comida»: la Inspección General de la capital había estimado que, entre 1987 y 1995, se habían destinado 2,13 millones de euros a la alimentación y las recepciones de la pareja, pero el caso finalmente se archivó en 2005.
En el Ayuntamiento, durante 18 años, Bernadette Chirac, instalada con su familia en un apartamento de servicio de 1000 metros cuadrados, actuó como anfitriona. Desarrolló una amplia red política, cultural y social. «Soy chiraquista de la línea de Bernadette», solía bromear el escritor Jean d’Ormesson, figura de la vida parisina.
Cuando Jacques Chirac fue elegido presidente de la República en 1995, la primera dama lo tenía todo bajo control. «Mi servicio nunca presentó un plano de distribución de mesas sin que se lo sometieran a Bernadette Chirac», recuerda Paul Poupade, jefe de protocolo del Elíseo, en el documental ‘Jacques Chirac, el hombre que no quería ser presidente’, realizado en 2016.
Sin embargo, adolecía de una imagen de mujer poco afable, brusca y, con sus eternos trajes de Chanel y sus impecables peinados, desfasada con respecto a su época. Se rumoreaba que su hija Claude, convertida en asesora de comunicación de Jacques Chirac, la mantenía al margen, por temor a que ello perjudicara al presidente. Una falta de reconocimiento que ella sufriría.
Pero Bernadette, ahora apodada ‘Bernie’, va ganando poco a poco popularidad, sobre todo al implicarse en el ámbito benéfico. Ya en 1994, promueve la famosa campaña Monedas de Oro, que permite recaudar fondos para los niños enfermos. Junto al campeón de judo David Douillet, anima a los franceses a donar sus céntimos. También será la madrina de la Maison de Solenn, un centro de acogida para adolescentes que sufren depresión o anorexia, como su hija Laurence, que falleció en 2016, a los 58 años, dejando a sus padres sumidos en un inmenso dolor.
En 2001, Bernadette Chirac se sincera con el periodista Patrick de Carolis en un libro titulado ‘Conversaciones’. El libro bate récords de ventas (500.000 ejemplares) y humaniza a la primera dama. En él, se sincera sobre la enfermedad de su hija mayor, drama de la familia Chirac, y evoca con discreción las infidelidades del inquilino del Elíseo, que son de dominio público: «Las chicas, no paraban».
«Me habla de mi popularidad… Tiene razón, seguramente hay un aspecto relacionado con la pareja y, en general, con la familia. Porque los franceses sienten que defiendo los valores familiares. (…) Son más de los que imaginamos los que valoran el hecho de que en el Elíseo haya una pareja de verdad que lleva junta desde 1956. (…) Aprecian esa imagen de pareja estable, que ha superado pruebas, pero que sigue ahí, contra viento y marea», analiza ella durante la entrevista.
¿Cómo pudo ser su relación durante sus últimos años, una vez abandonados los fastos de la República? En ‘Señor presidente, acaba de caer la noche’, un libro basado en el testimonio de Daniel Le Conte, última mano derecha de Jacques Chirac, el periodista Arnaud Ardoin evoca las tensas relaciones entre los cónyuges y presenta a una Bernadette brusca, especialmente con su marido.
Intuición política
La intuición política de la primera dama quedó patente ante todos en 2002: fue la única del clan que previó que Jean-Marie Le Pen pasaría a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Antes de eso, se había mostrado muy en desacuerdo con la disolución de la Asamblea Nacional, que había provocado que Jacques Chirac perdiera su mayoría en 1997. Una popularidad en alza entre los franceses, un sentido político reconocido: la ‘tortuga’, como la apodaba Jacques Chirac por su supuesta lentitud, se toma la revancha.
En 2007, abandona el Elíseo a regañadientes. Su marido cede el puesto a Nicolas Sarkozy, el antiguo pupilo detestado por Jacques, pero al que Bernadette no duda en apoyar públicamente.
Lejos de la arena política y tras un accidente cerebrovascular en 2005, el ‘bulldozer’ se deteriora rápidamente. Él también ve cómo su popularidad vuelve a subir, a medida que su mente se va apagando cada vez más. Pero ahora es su esposa quien lleva las riendas y organiza, junto con su hija Claude, la vida cotidiana de Jacques Chirac, quien se retira de la vida pública en 2014.
Bernadette Chirac siguió desempeñando sus funciones como consejera general de Corrèze hasta 2015 y participó en la campaña Monedas de Oro hasta 2018. En junio de ese mismo año, a los 85 años, hizo su última aparición pública en Brive-la-Gaillarde, cuna de Corrèze, para inaugurar la avenida Jacques y Bernadette Chirac.
Su deteriorada salud le había impedido asistir al funeral de su marido, celebrado el 30 de septiembre en Saint-Sulpice. No obstante, se había desplazado a la catedral de Saint-Louis-des-Invalides para una última despedida. Pero no se filtró ninguna imagen.
Adaptado de su versión original en francés
