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Argentina vs. Reino Unido: lo que hay que saber de las Malvinas y qué puede pasar tras el reclamo de Milei
La disputa que provocó una guerra en 1982 vuelve a adquirir una dimensión económica y estratégica.
En un discurso en horario estelar dirigido a la nación, el presidente de Argentina, Javier Milei, resucitó la antigua reivindicación de su país sobre las cercanas Islas Malvinas, bajo control británico, evocando así recuerdos del amargo conflicto que ambas naciones libraron hace 44 años.
El renovado reclamo de Buenos Aires llega en medio del desarrollo de hidrocarburos y tras las señales del mandatario estadounidense, Donald Trump sobre una posible revisión de la tradicional posición de Washington.
De hecho, en su discurso Milei celebró un aparente cambio de tono por parte de EE. UU. y prometió implementar medidas para bloquear los planes de perforación petrolera cerca del pequeño territorio británico de ultramar, próximo al territorio argentino.
Sin amenazar con una incursión militar, insistió en que los vientos de cambio están del lado del país latinoamericano.
¿Cuál es la historia de las Malvinas?
Con una población de aproximadamente 3.600 habitantes, es un territorio ubicado a unos 480 kilómetros al este de la costa sureste de Argentina y a aproximadamente 13.000 km del Reino Unido. Está formado por dos islas principales, Malvina Oriental y Malvina Occidental, y 778 islas menores.
Argentina reclama la soberanía sobre las islas —a las que llama Las Malvinas— argumentando que las heredó de España tras su independencia en 1816 y que Reino Unido tomó el control en 1833 mediante un acto colonial ilegal.
Pero Reino Unido señala que el primer desembarco registrado allí fue realizado en 1690 por el capitán naval inglés John Strong y que tomó posesión formal de las Islas Malvinas Occidentales en 1765. Agrega que, si bien Francia y España tuvieron asentamientos en diferentes momentos, los británicos reafirmaron el control en 1833 y las han administrado desde entonces.
Las Malvinas cuentan con su propia asamblea legislativa electa que gestiona los asuntos internos. La mayoría de los residentes son de ascendencia británica, aunque la población también incluye personas de Santa Elena, Chile y Filipinas.
El peor escenario posible en esta disputa es que vuelva a desembocar en una guerra. En 1982, la entonces dictadura militar argentina, dirigida por Leopoldo Galtieri, ordenó la invasión de las islas, convencido de que Reino Unido no respondería con la fuerza. Pero la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, envió una fuerza naval a través del Atlántico y recuperó las islas tras 73 días de control argentino. La guerra dejó 649 soldados argentinos y 255 británicos muertos.
La humillación de aquella desafortunada invasión pronto condujo a la caída de la junta militar, que había invadido las Islas Malvinas en un intento desesperado por ganar popularidad.
El panorama actual es muy diferente. A principios de la década de 1980, las Islas Malvinas contaban con una presencia militar británica mínima. Ahora, existe una disuasión efectiva: más de 1.000 soldados, aviones de última generación y patrullas de la Marina Real en las cercanías.
¿Cuál es la situación actual de las islas?
Reino Unido sigue reclamando la soberanía sobre las Malvinas y mantiene una presencia militar allí, incluyendo una base aérea en Mount Pleasant.
Argentina, con el respaldo de China, continúa presionando para que se reconozca su soberanía a través de canales diplomáticos y organismos internacionales como las Naciones Unidas. Ambos países restablecieron relaciones diplomáticas tras la guerra, pero las conversaciones sobre soberanía siguen estancadas.
Otro de los argumentos de Londres es que su población decidió ser británica, en referencia al referendo de 2013, en el 99,8% de los votantes apoyó la permanencia bajo dominio británico, con una participación de aproximadamente el 92%. Reino Unido cita la votación como prueba de la voluntad de los isleños y afirma que no discutirá la soberanía sin su consentimiento.
Sin embargo, Argentina siempre ha rechazado esa consulta, argumentando que la población fue implantada tras la toma de control británica en 1833.
¿En qué consisten las medidas anunciadas por Milei sobre las Malvinas?
Tras años de disputa, el jueves 3 de septiembre, el actual presidente argentino, Javier Milei, reivindicó la soberanía de su país sobre las islas y anunció nuevas medidas.
El nuevo endurecimiento argentino tiene un componente económico y otro de defensa. El Gobierno de Milei anunció un decreto reglamentario y un proyecto de ley para reforzar las sanciones contra empresas que participen en actividades de explotación de hidrocarburos en las islas sin autorización argentina. La medida puede alcanzar no solo a las compañías directamente involucradas, sino también a accionistas, directivos y proveedores.
El objetivo inmediato es el proyecto petrolero Sea Lion, situado al norte de las islas y desarrollado por Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration. La iniciativa prevé avanzar hacia la producción de crudo y ha convertido los recursos energéticos en un nuevo foco de la disputa. Reuters señala que el proyecto tiene prevista la producción para 2028.
Milei considera que la explotación de recursos naturales en aguas cuya soberanía reclama Argentina constituye una amenaza para los intereses nacionales. La Presidencia ha presentado el proyecto como una explotación de petróleo realizada sin autorización argentina y ha reivindicado las islas y sus espacios marítimos como parte del territorio nacional.
La posible explotación de hidrocarburos añade un incentivo económico que no tenía la misma importancia durante buena parte de las décadas anteriores.
El proyecto Sea Lion ha convertido los recursos energéticos en un elemento central de la discusión. Para Argentina, permitir que empresas extranjeras exploten petróleo en una zona que considera propia supone aprovechar recursos sobre un territorio disputado sin su consentimiento.
Para las empresas y para las autoridades británicas, en cambio, las operaciones se realizan bajo las licencias de las autoridades que administran las islas.
La disputa podría trasladarse así a tribunales, mercados financieros y cadenas de suministro si Buenos Aires aplica sanciones contra empresas, accionistas, directivos o proveedores relacionados con los proyectos petroleros.
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Más sanciones y una nueva arquitectura de defensa
El Gobierno del país latinoamericano también ha anunciado un proyecto legislativo para reforzar las capacidades del Estado en materia de seguridad y defensa.
La iniciativa contempla la creación de un Consejo de Seguridad Nacional y mecanismos para proteger infraestructuras consideradas críticas, además de reforzar las capacidades de vigilancia y protección aeroespacial y marítima.
Milei también ha planteado fortalecer la presencia argentina en el extremo sur del país, incluida la construcción de infraestructura naval en Tierra del Fuego.
Estas medidas no modifican por sí mismas la administración de las islas ni transfieren el control territorial a Argentina. Su efecto inmediato es otro: aumentan la presión política, económica y estratégica sobre una disputa que hasta ahora se había desarrollado principalmente en los terrenos diplomático y jurídico.
Además, una parte de las medidas anunciadas requiere la intervención del Congreso argentino, por lo que su alcance definitivo dependerá del proceso legislativo.
¿Cuál es la respuesta de Londres?
Londres ha rechazado frontalmente el nuevo reclamo. El ministro británico de Defensa, Wes Streeting, afirmó el viernes que las declaraciones de Milei dicen “más sobre la política interna de Argentina” que sobre las islas y reiteró que las Falkland son británicas porque sus habitantes han elegido serlo.
El Gobierno británico ha calificado su compromiso con el territorio de “absoluto e inquebrantable”.
La posición británica se apoya en el principio de autodeterminación y en el resultado del referéndum de 2013. Londres sostiene además que el derecho de los habitantes de las islas a decidir su futuro está protegido por el derecho internacional y que no existe una razón para iniciar conversaciones sobre soberanía contra su voluntad.
En otras palabras, Argentina pide negociar la soberanía entre los dos Estados; Reino Unido considera que cualquier discusión sobre el futuro de las islas debe contar primero con la voluntad de sus habitantes.
¿Qué papel juega Donald Trump?
La cuestión ha adquirido una dimensión adicional por las declaraciones de Donald Trump.
Durante décadas, Estados Unidos mantuvo una posición relativamente cautelosa: reconocía la administración británica de las islas, pero también reconocía la existencia de la reclamación argentina y evitaba asumir una posición definitiva sobre la soberanía.
Trump ha puesto en duda recientemente la continuidad de esa política y ha hecho comentarios sobre la capacidad británica para defender las islas en un eventual conflicto. Milei ha interpretado esas declaraciones como una señal favorable a la posición argentina.
Pero hay una diferencia entre revisar una política diplomática y respaldar la soberanía argentina. Hasta ahora, las declaraciones de Trump no equivalen a un reconocimiento estadounidense de la soberanía argentina sobre las Malvinas.
El factor estadounidense, sin embargo, puede incrementar la presión sobre Londres y elevar la importancia geopolítica del Atlántico Sur.
¿Existe riesgo de otra guerra?
Por ahora, no hay indicios de que Argentina esté preparando una operación militar para recuperar las islas.
Milei ha descartado el uso de la fuerza y ha insistido en que la recuperación de la soberanía debe producirse por la vía diplomática. El contexto militar, además, es muy diferente al de 1982: Reino Unido mantiene una presencia militar considerable en las islas, incluida la base aérea de Mount Pleasant.
El escenario más probable a corto plazo, por tanto, no es un nuevo conflicto armado, sino una escalada diplomática, económica y política.
Argentina puede intensificar las sanciones y utilizar organismos internacionales para denunciar la explotación de recursos naturales. Reino Unido puede reforzar su apoyo político y militar al territorio y defender la continuidad de las operaciones económicas autorizadas por las autoridades isleñas.
¿Qué puede pasar a partir de ahora?
Hay varios escenarios posibles.
El primero es una escalada económica. Si Argentina aplica las nuevas sanciones, las empresas vinculadas con Sea Lion podrían enfrentarse a restricciones para operar o hacer negocios en Argentina. Esto podría abrir nuevos litigios y aumentar el coste político y económico del proyecto.
El segundo es una mayor presión diplomática. Buenos Aires puede llevar nuevamente la disputa a Naciones Unidas y otros organismos internacionales. La ONU sigue reconociendo la existencia de una controversia de soberanía y reclamando una solución negociada.
El tercero es un refuerzo de la estrategia de defensa argentina. La creación de nuevas estructuras de seguridad y el aumento de las capacidades navales y aeroespaciales en el sur pueden modificar el equilibrio estratégico regional, aunque no impliquen una amenaza directa de recuperación militar de las islas.
El cuarto, y potencialmente más relevante, sería una apertura diplomática. Argentina y Reino Unido ya han demostrado que pueden cooperar en asuntos concretos del Atlántico Sur aun sin resolver la cuestión de la soberanía. El problema es que, por ahora, las posiciones sobre la negociación siguen siendo incompatibles.
Una disputa que está lejos de resolverse
El nuevo reclamo de Milei no cambia el estatus actual de las Malvinas: las islas continúan bajo administración británica y Argentina continúa reivindicando su soberanía.
Lo que sí cambia es el nivel de presión.
La explotación petrolera añade intereses económicos; el refuerzo militar argentino incorpora una dimensión estratégica; las declaraciones de Trump abren incertidumbre sobre el papel de Estados Unidos; y la respuesta británica muestra que Londres no contempla, al menos por ahora, ceder en su posición.
La cuestión central sigue siendo la misma que ha marcado la disputa durante décadas: Argentina considera que existe una cuestión de soberanía que debe resolverse mediante negociaciones entre los dos países; Reino Unido sostiene que los habitantes de las islas tienen derecho a decidir su futuro y que ya han expresado su voluntad de permanecer bajo soberanía británica.
Mientras esa diferencia permanezca intacta, las nuevas medidas de Milei pueden aumentar la presión, pero difícilmente producirán por sí solas un cambio de soberanía. El resultado más probable es una nueva etapa de disputa diplomática y económica en el Atlántico Sur, con el petróleo, la defensa y la relación con Estados Unidos como elementos que pueden hacerla más compleja que en los últimos años.
Con Reuters y AP
