Politica
Dificultades del sistema de partidos políticos (OPINION)
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POR ELVIN SANCHEZ
Analizar las dificultades que atraviesa el sistema de partidos políticos dominicano exige ir más allá de la coyuntura electoral, de las disputas entre dirigentes o de los resultados de una determinada elección. Es necesario examinar las causas profundas que han provocado la pérdida progresiva del favor social, la desafección ciudadana, el escepticismo y, sobre todo, el deterioro de la confianza en las organizaciones políticas y en sus liderazgos.
Identificar esas causas debería constituir una prioridad de la propia clase política, pero también de la academia, de los centros de pensamiento, de los intelectuales, de los líderes sociales y, en sentido general, de todos aquellos sectores comprometidos con la preservación y fortalecimiento de la democracia dominicana.
La situación no debe ser observada con indiferencia. Preocupa, y hasta genera temor, el rumbo que pueden tomar las alternativas que surgen o que comienzan a gestarse como consecuencia de la crisis de representación y de confianza. Cuando los ciudadanos dejan de encontrar respuestas en las instituciones tradicionales, se abren espacios para propuestas que pueden presentarse como soluciones inmediatas, pero que no necesariamente garantizan una democracia más sólida, plural, participativa e institucionalizada.
La democracia dominicana no es producto de la casualidad. Ha sido construida sobre décadas de sacrificios, luchas políticas, confrontaciones, encarcelamientos, persecuciones, exilios y pérdidas humanas. Es una democracia que ha costado mucho, demasiado, y precisamente por ello no puede ser tratada como un patrimonio menor ni como una conquista irreversible.
Nuestra democracia tiene que ser cuidada con responsabilidad, como se cuida aquello que se ha obtenido después de enormes sacrificios. Los partidos políticos, sus dirigentes y la ciudadanía tienen, cada uno desde su ámbito, la obligación de preservar las libertades públicas, la institucionalidad, el pluralismo político y el Estado de derecho.

Realidad
Sin embargo, existe una realidad que no puede ser ignorada: una parte importante de la ciudadanía mantiene una percepción negativa de los políticos y de la política. El ciudadano común observa con desconfianza a quienes ejercen funciones públicas; los percibe, en muchos casos, como personas alejadas de sus necesidades, preocupadas por conservar el poder y, peor aún, asociadas a prácticas de corrupción, clientelismo, privilegios y enriquecimiento personal.
Aunque estas percepciones no pueden generalizarse a toda la clase política, sería un grave error desconocerlas o descalificarlas. La percepción ciudadana, acertada o no en cada caso particular, constituye un indicador político que debe ser estudiado. Cuando amplios sectores de la población consideran que los partidos han dejado de representar sus intereses, el problema deja de ser exclusivamente partidario y pasa a convertirse en un problema de legitimidad democrática.
El sistema de partidos políticos dominicano necesita, por tanto, una profunda introspección. No se trata únicamente de cambiar dirigentes, modificar discursos o diseñar nuevas estrategias electorales. Se requiere una revisión más profunda de la relación entre los partidos y la sociedad; de sus mecanismos de selección de candidatos; de sus prácticas internas; de sus fuentes de financiamiento; de la rendición de cuentas; de la formación política de sus militantes y, especialmente, de su capacidad para generar propuestas que respondan a las necesidades reales de la población.
Los partidos no pueden limitarse a aparecer ante la ciudadanía durante los períodos electorales. Una democracia saludable necesita organizaciones políticas capaces de educar, representar, deliberar, fiscalizar y construir propuestas de Estado.
El partido político debe recuperar su función como instrumento de intermediación entre la sociedad y el poder público, y no convertirse únicamente en una maquinaria electoral orientada a conquistar o conservar posiciones de poder.
También corresponde a los liderazgos políticos asumir una cuota importante de responsabilidad. El liderazgo democrático no puede sustentarse exclusivamente en la popularidad, en los recursos económicos, en el clientelismo o en la capacidad de movilización electoral. Debe estar acompañado de principios, preparación, ética pública, responsabilidad institucional y compromiso con el interés colectivo.
Hechos
La crisis de confianza no se resuelve con propaganda. Se resuelve con hechos.
La ciudadanía observa, compara y juzga. Y cuando existe una distancia excesiva entre el discurso político y la realidad cotidiana, la consecuencia inevitable es el desencanto.
Prometer honestidad y actuar con opacidad; hablar de institucionalidad y utilizar las instituciones en beneficio particular; defender la igualdad mientras se preservan privilegios, son contradicciones que terminan debilitando la legitimidad del sistema.
Por ello, los partidos políticos dominicanos tienen que repensarse, y tienen que hacerlo ahora. Deben preguntarse qué sociedad representan, qué modelo de país proponen, qué valores defienden y qué mecanismos están dispuestos a implementar para recuperar la confianza perdida.
No hacerlo implica correr un riesgo mayor: que la ciudadanía termine identificando a la democracia con sus defectos y a los partidos políticos con sus peores prácticas.
La democracia dominicana ha costado sangre, sacrificios, luchas, cárceles y destierros. Ha costado generaciones enteras que, con aciertos y errores, contribuyeron a construir el espacio de libertades del que hoy disfrutamos. Esa historia impone una responsabilidad.
No podemos permitir que la desafección ciudadana, la corrupción, el clientelismo, la improvisación o la pérdida de valores terminen debilitando una democracia que tantos sacrificios ha costado construir.
Los partidos y sus líderes deben rectificar. La ciudadanía debe exigir. La academia debe estudiar y cuestionar. Las instituciones deben funcionar. Y la sociedad, en su conjunto, debe comprender que la democracia no se sostiene únicamente con elecciones: se sostiene con confianza, instituciones, participación, derechos, responsabilidades y ciudadanía.
El momento exige menos complacencia y más autocrítica; menos personalismo y más institucionalidad; menos promesas y más resultados.
jpm-am
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