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Salud

El fin del Síndrome de Ovario Poliquístico: qué hay detrás de una decisión histórica

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Helena Headshot Diario de Salud

SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Durante décadas, millones de mujeres han convivido con una condición cuyo nombre, según expertos internacionales, describía solo una pequeña parte del problema.

El síndrome de ovario poliquístico (SOP), considerado la alteración endocrina más frecuente en mujeres en edad reproductiva, dejará oficialmente esa denominación para adoptar un nuevo término: síndrome ovárico metabólico poliendocrino. La decisión es el resultado de 14 años de investigaciones, debates científicos y consultas con pacientes de distintos continentes.

Detrás de este cambio se encuentra la endocrinóloga australiana Helena Teede, directora del Centro Monash para la Investigación e Implementación en Salud de Melbourne, quien lideró un proceso que reunió a especialistas en endocrinología, ginecología, cardiología, nutrición, salud mental y atención primaria.

Según Teede, el problema nunca fue únicamente el nombre.

«Había una necesidad realmente urgente de cambiar el nombre de esta afección, ya que 170 millones de mujeres en todo el mundo padecen una enfermedad cuyo nombre y clasificación son totalmente erróneos», explicó la especialista en una entrevista compartida con diariodesalud.com.do

Una enfermedad mucho más compleja que los ovarios

El antiguo término centraba la atención en los ovarios, cuando en realidad la enfermedad involucra alteraciones hormonales que afectan múltiples sistemas del organismo.

Las pacientes pueden experimentar:

  • Alteraciones menstruales.
  • Infertilidad.
  • Resistencia a la insulina.
  • Sobrepeso u obesidad.
  • Acné severo.
  • Exceso de vello corporal.
  • Mayor riesgo cardiovascular.
  • Diabetes tipo 2.
  • Complicaciones durante el embarazo.
  • Trastornos emocionales y psicológicos.

«Quienes la padecen saben que no tienen simplemente un síndrome ovárico. Sus síntomas son mucho más amplios», sostuvo Teede.

La nueva denominación intenta reflejar precisamente esa complejidad.

¿Qué significa «síndrome ovárico metabólico poliendocrino»?

El nuevo nombre fue diseñado para describir mejor los mecanismos biológicos implicados en la enfermedad.

Poliendocrino

Hace referencia a las múltiples alteraciones hormonales que intervienen en la condición.

Según los expertos, pueden identificarse al menos ocho desequilibrios hormonales distintos que afectan a las pacientes de manera variable.

Metabólico

Reconoce la fuerte relación entre la enfermedad y problemas como:

  • Resistencia a la insulina.
  • Diabetes tipo 2.
  • Obesidad.
  • Síndrome metabólico.
  • Enfermedad cardiovascular.

La literatura científica ha demostrado que las mujeres con SOP presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar trastornos metabólicos a edades tempranas.

Ovárico

Aunque los ovarios siguen formando parte del cuadro clínico, ahora se consideran afectados de manera secundaria por alteraciones hormonales más amplias.

El problema del infradiagnóstico

Uno de los aspectos más preocupantes es que miles de mujeres pasan años sin saber que padecen la enfermedad.

Según Teede, alrededor del 70% de las pacientes recibe el diagnóstico únicamente cuando intenta quedar embarazada.

Ese retraso puede tener consecuencias importantes:

  • Mayor riesgo de infertilidad.
  • Embarazos de alto riesgo.
  • Diagnóstico tardío de diabetes.
  • Mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares.
  • Impacto emocional y psicológico.

«Si se diagnostica a tiempo y se administra el tratamiento adecuado, las pacientes tienen menos probabilidades de sufrir complicaciones y pueden alcanzar los mismos objetivos reproductivos que cualquier otra mujer», afirmó la especialista.

Un problema de investigación y financiación

La comunidad científica sostiene que la clasificación histórica de la enfermedad también limitó los recursos destinados a su estudio.

Teede asegura que durante años el SOP fue catalogado exclusivamente dentro de las enfermedades ováricas, lo que restringió el acceso a fondos de investigación.

«Nunca se ha desarrollado un solo medicamento específicamente para esta afección», señaló.

Actualmente, los tratamientos disponibles utilizan medicamentos originalmente desarrollados para otras enfermedades, entre ellos:

  • Anticonceptivos hormonales.
  • Metformina.
  • Antiandrógenos.
  • Terapias para fertilidad.

Aunque son efectivos en muchos casos, los especialistas coinciden en que aún se necesitan tratamientos más específicos.

Más allá del peso: el papel de los hábitos de vida

Otro de los puntos que la comunidad científica busca replantear es la forma en que se aborda el peso corporal en pacientes con esta enfermedad.

Durante años, muchas mujeres recibieron recomendaciones simplificadas centradas únicamente en dieta y ejercicio.

Sin embargo, la evidencia muestra que los factores metabólicos y hormonales desempeñan un papel determinante.

Teede advierte que responsabilizar exclusivamente a las pacientes puede generar culpa y estigmatización.

«Sabemos que el estilo de vida es importante, pero no podemos utilizarlo para hacer que la gente se sienta culpable», afirmó.

La especialista considera que las políticas públicas relacionadas con alimentación saludable, acceso a servicios de salud y prevención metabólica también forman parte de la solución.

Un cambio impulsado por las pacientes

Quizá uno de los aspectos más innovadores del proceso fue la participación activa de las personas afectadas.

De las más de 22,000 personas involucradas en la discusión internacional, unas 14,500 convivían con la enfermedad.

Los organizadores afirman que esta participación permitió considerar factores culturales, sociales y lingüísticos que normalmente no forman parte de los procesos de clasificación médica.

La iniciativa es considerada una de las mayores consultas internacionales realizadas para renombrar una enfermedad.

El desafío ahora es transformar la atención médica

Los especialistas reconocen que cambiar el nombre es solo el primer paso.

El reto ahora será modificar:

  • Los sistemas de clasificación médica.
  • Los programas de formación universitaria.
  • Los protocolos diagnósticos.
  • La investigación científica.
  • Los modelos de atención multidisciplinaria.

Para millones de mujeres en el mundo, el cambio representa algo más que una nueva denominación.

Se trata de un intento por reconocer que esta enfermedad no es únicamente un problema ginecológico, sino una condición endocrina y metabólica compleja que puede acompañar a las pacientes desde la adolescencia hasta la menopausia.

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