Salud
“El tiempo se percibe distinto”: clave neuropsicológica detrás de quienes llegan tarde
Dra. Raquel Yubero Pancorbo
MADRID, ESPAÑA / DIARIO DE SALUD.— Llegar tarde de manera recurrente es un comportamiento que suele generar frustración en el entorno cercano y laboral. Sin embargo, la ciencia advierte que no siempre se trata de un simple problema de organización o de voluntad.
La neuropsicóloga Raquel Yubero Pancorbo, del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, explica que la puntualidad depende de múltiples procesos cognitivos que van mucho más allá de la disciplina personal.
“En la percepción del tiempo, la estimación y el control del mismo tienen un papel fundamental. La capacidad para llegar puntual a una cita está determinada por diferentes procesos cognitivos que incluyen no sólo la estimación temporal, sino también la planificación, la secuenciación y otras funciones cognitivas de alto nivel”, señaló la especialista.
Según la experta, cuando alguno de estos procesos falla, el resultado es inevitable: la persona no logra cumplir con los tiempos establecidos.
“Si consideramos que la estimación temporal es un eslabón de la cadena y falla, no seremos capaces de alcanzar la puntualidad como objetivo último”, añadió.
“Ceguera temporal” y el optimismo del reloj interno
Uno de los conceptos que ayuda a explicar este fenómeno es el de la llamada “ceguera temporal” o el “optimismo temporal crónico”, una alteración en la forma en que el cerebro calcula el tiempo necesario para realizar actividades.
Yubero Pancorbo describe este fenómeno como una distorsión en la percepción del tiempo disponible.
“Se produce una dificultad para estimar el tiempo y controlarlo. Aquellos con optimismo temporal creen que siempre tienen tiempo suficiente para llegar o terminar algo”, explicó.
Esta percepción errónea provoca que las personas subestimen sistemáticamente el tiempo necesario para prepararse o desplazarse, lo que deriva en retrasos frecuentes.
No obstante, la especialista aclara que no todos los casos se manifiestan de la misma forma: algunas personas con esta dificultad no llegan tarde, sino que, por el contrario, tienden a anticiparse en exceso.
¿Impuntualidad o posible trastorno?
La impuntualidad persistente también puede estar relacionada con otros factores clínicos o conductuales. Según la neuropsicóloga, cada caso debe evaluarse de forma individual.
“Puede tratarse de un síntoma asociado a trastornos como el TDAH, un trastorno depresivo o una disfunción ejecutiva de otro tipo”, indicó Yubero Pancorbo.
Sin embargo, también advirtió que en algunos casos puede no haber un trastorno de base, sino rasgos de personalidad como la desorganización o incluso la falta de consideración hacia el tiempo de los demás.
La experta también matizó una idea común: el optimismo no está directamente relacionado con la impuntualidad.
“La estimación temporal es un proceso cognitivo que no está determinado por la personalidad, sino por el funcionamiento cerebral”, explicó.
El papel del cerebro en la gestión del tiempo
El control del tiempo, según la especialista, está estrechamente vinculado a la corteza prefrontal, una región del cerebro encargada de las funciones ejecutivas.
Esta área trabaja en conjunto con otras estructuras, como el hipocampo, que almacena recuerdos y experiencias previas.
“El hipocampo nos ayuda a recordar cuánto tiempo nos ha llevado en el pasado realizar una actividad o llegar a un lugar concreto”, detalló.
Este mecanismo permite que el cerebro compare experiencias anteriores para anticipar cuánto tiempo se necesitará en el presente. Sin embargo, cuando esta conexión falla o se debilita, la capacidad de planificación temporal se ve afectada.
Funciones ejecutivas y puntualidad: una relación directa
Para la neuropsicóloga, la impuntualidad está directamente relacionada con el funcionamiento de las funciones ejecutivas, que incluyen la planificación, el control de impulsos y la organización del tiempo.
“El lóbulo frontal juega un papel fundamental en el buen funcionamiento de las funciones ejecutivas y, por tanto, en la estimación temporal y en el control del tiempo”, concluyó.
En otras palabras, llegar tarde de forma habitual no siempre es una decisión consciente, sino que puede reflejar cómo el cerebro procesa —o distorsiona— la percepción del tiempo.
