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Entre la retirada militar y el futuro de Hezbolá: Israel y Líbano retoman diálogos con poco margen de maniobra
Israel y Líbano vuelven a la mesa de diálogo bajo la sombra de los ataques del Ejército de Benjamin Netanyahu contra el país de los cedros.
El encuentro entre los delegaciones de los dos países, en Washington, se desarrolla en un clima de tensión renovada después de que dos personas murieran este martes 23 de junio en el sur del Líbano por disparos israelíes. Un ataque que el grupo chiita Hezbolá calificó como una violación de la tregua vigente desde el pasado domingo 21 de junio.
Según las autoridades libanesas, las víctimas murieron por disparos israelíes cerca de Nabatieh al-Fawqa, donde residentes y trabajadores participaban en labores de limpieza de carreteras y recuperación de cuerpos entre los escombros.
“No podemos satisfacer sus demandas y ellos rechazan todas las nuestras”
Israel ofreció una versión diferente de los hechos. El Ejército aseguró que sus tropas actuaron contra presuntos supuestos de Hezbolá que operaban en una zona bajo control militar israelí y que representaban una amenaza para sus efectivos. También informó de otro ataque contra hombres armados en el área de Ali al-Taher.
Hezbolá denunció que las víctimas eran civiles y acusó a Israel de incumplir el alto el fuego. Aunque el grupo no anunció represalias inmediatas, advirtió sobre la gravedad de lo ocurrido.
El incidente provocó además una reacción de Irán. El embajador de ese país ante Naciones Unidas en Ginebra, Ali Bahreini, señaló que cualquier violación de los compromisos alcanzados en Líbano podría complicar el proceso de paz regional.
Las dificultades para alcanzar acuerdos siguen siendo profundas. Un funcionario libanés admitió a la agencia de noticias Reuters que la falta de confianza entre las partes limita cualquier posibilidad de progreso. “No podemos satisfacer sus demandas y ellos rechazan todas las nuestras”, subrayó.
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Beirut exige la retirada militar; Israel mantiene la presión sobre Hezbolá
El principal objetivo de la delegación libanesa es obtener un calendario concreto para la retirada de las tropas israelíes que permanecen desplegadas en el sur del país. Beirut considera que la recuperación de la plena soberanía territorial es una condición indispensable para avanzar hacia cualquier acuerdo político más amplio.
El presidente libanés, Joseph Aoun, reiteró este martes que su país no aceptará “nada menos” que el fin de “la ocupación israelí” y defendió la vía negociadora como el único camino para restaurar la autoridad del Estado sobre todo el territorio nacional.
Israel, por su parte, mantiene una posición diametralmente opuesta. El Gobierno de Benjamin Netanyahu insiste en que cualquier solución duradera pasa por el desarme de Hezbolá, organización respaldada por Irán a la que considera la principal amenaza para la seguridad de sus ciudadanos y de las comunidades del norte del país.
Las autoridades israelíes han reiterado que conservarán lo que denominan “una zona de seguridad” o de “amortiguación” en territorio libanés, mientras consideren que persisten riesgos para sus tropas o para la población israelí. El portavoz gubernamental, David Mencer, afirmó en vísperas de la reunión que el objetivo sigue siendo “desarmar a Hezbolá y lograr un verdadero acuerdo de paz”.
El grupo chiita libanés rechaza tanto el desarme como las conversaciones directas con Israel. De hecho, sus dirigentes sostienen que cualquier negociación debería comenzar con un alto el fuego permanente, la retirada de las fuerzas israelíes y el retorno de los desplazados a sus hogares.
El acuerdo entre EE. UU. e Irán altera el equilibrio diplomático
La principal novedad respecto a rondas anteriores es que la tregua más estable desde el inicio de la guerra no ha surgido de las conversaciones entre Beirut e Israel, sino del memorando de entendimiento alcanzado recientemente entre Irán y Estados Unidos. Ese acuerdo abrió una hoja de ruta de 60 días para reducir tensiones en la región y contempla mecanismos para contener los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá. También incluye medidas destinadas a garantizar la seguridad de la navegación comercial en el estrecho de Ormuz.
Mientras equipos técnicos estadounidenses e iraníes continúan trabajando en Suiza para desarrollar los detalles del entendimiento, el nuevo marco ha desplazado parte del protagonismo diplomático desde Beirut hacia las negociaciones entre Washington y Teherán.
Las autoridades libanesas han expresado su preocupación por esta situación. El mandatario libanés, Joseph Aoun, había defendido durante meses que cualquier solución para el conflicto debía surgir de un diálogo directo entre su país e Israel y criticó que actores externos negociaran aspectos relacionados con el futuro del país sin la participación de Beirut.
Sin embargo, la reducción de la violencia lograda a través del canal estadounidense-iraní ha reforzado el papel de Teherán como interlocutor clave y ha dejado al Gobierno libanés con un margen de maniobra más limitado.
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Irán vs. EE. UU.: las lecturas distintas del acercamiento
La interpretación de los resultados obtenidos en las conversaciones entre Estados Unidos e Irán también difiere según la parte consultada.
Desde Washington, el vicepresidente J.D. Vance aseguró que ambas delegaciones habían establecido bases sólidas para un eventual acuerdo definitivo y destacó avances en materia de inspecciones nucleares y gestión de activos iraníes bloqueados.
Teherán, en cambio, minimizó cualquier avance relacionado con su programa nuclear. Las autoridades iraníes sostienen que los principales resultados del diálogo han sido la suspensión temporal de determinadas sanciones estadounidenses, el desbloqueo parcial de fondos y el inicio de proyectos de reconstrucción y desarrollo económico.
Las diferencias también quedaron reflejadas en torno a las inspecciones de las instalaciones nucleares iraníes. Mientras la Administración estadounidense afirma que existe disposición para ampliar los controles, responsables iraníes han rechazado públicamente esa interpretación.
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Una negociación con escaso margen para el optimismo
Pese a la relativa calma registrada desde el domingo 21 de junio y al regreso gradual de miles de desplazados a localidades del sur del Líbano, los obstáculos para alcanzar un acuerdo siguen siendo considerables.
Las posiciones de Israel y Hizbulá continúan siendo incompatibles en cuestiones fundamentales como el control del sur libanés, la presencia militar israelí y el futuro de la milicia chiita. Al mismo tiempo, la creciente influencia de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán introduce nuevos condicionantes sobre el proceso.
Las conversaciones de Washington reflejan así una doble realidad. Por un lado, la existencia de una oportunidad diplomática inédita tras meses de enfrentamientos. Por otro, la persistencia de profundas divergencias entre los actores directamente implicados, que hacen improbable que esta quinta ronda produzca avances decisivos.
Mientras libaneses e israelíes vuelven a sentarse frente a frente, buena parte de las expectativas sobre la estabilidad futura de la región parecen depender cada vez más de la evolución del diálogo paralelo entre Washington y Teherán.
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Con Reuters, AP, EFE y medios locales
