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Infancia en emergencia: alertan riesgo de enfermedades y violencia sexual contra niños tras doble sismo en Venezuela

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La emergencia humanitaria provocada por los dos terremotos que golpearon el norte de Venezuela el pasado 24 de junio ha abierto una segunda crisis, menos visible que la destrucción de edificios y la búsqueda de sobrevivientes, pero preocupante: la situación de miles de niños y adolescentes que han quedado expuestos a múltiples riesgos tras perder sus hogares, quedar separados de sus familias o verse obligados a vivir en refugios improvisados.

Mientras continúan las labores de asistencia, organismos internacionales y organizaciones humanitarias alertan que la protección de la infancia debe convertirse en una prioridad inmediata para evitar que el desastre natural derive también en una crisis de violencia, explotación y deterioro sanitario que podría prolongarse durante meses.

Según las estimaciones de UNICEF, alrededor de 680.000 niños y niñas forman parte de los 1,8 millones de personas que necesitan asistencia humanitaria tras el doble terremoto, los peores registrados en Venezuela en décadas.

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El riesgo de quedarse solos tras el desastre

En cualquier terremoto de gran magnitud, los menores constituyen uno de los grupos más vulnerables. Además de las lesiones físicas sufridas durante el colapso de edificios, muchos niños quedan separados de sus padres durante la evacuación, pierden a familiares en los derrumbes o son desplazados a lugares distintos sin posibilidad inmediata de reunificación.

UNICEF advierte que miles de niños venezolanos enfrentan actualmente situaciones de separación familiar, desplazamiento, angustia emocional y pérdida de los sistemas de protección que normalmente ofrecen el hogar, la escuela y la comunidad.

La directora ejecutiva de UNICEF, Catherine Russell, señaló que las imágenes procedentes de Venezuela muestran una realidad especialmente dura para la infancia.

Niños desplazados juegan en un parque en Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela, el 30 de junio de 2026, tras los terremotos.
Niños desplazados juegan en un parque en Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela, el 30 de junio de 2026, tras los terremotos. © Reuters/Miguel Medina

«Nuestros pensamientos están con los niños y las familias que han perdido a sus seres queridos y con todos aquellos cuyas vidas han cambiado drásticamente», afirmó la responsable del organismo.

Las estimaciones de la agencia indican además que 3,9 millones de niños viven en las zonas afectadas por los terremotos, lo que convierte la protección infantil en uno de los mayores desafíos de la respuesta humanitaria.

Violencia sexual: un riesgo que aumenta tras las catástrofes

Una de las principales preocupaciones expresadas por la ONG Plan International está relacionada con las condiciones existentes en los refugios temporales donde miles de familias desplazadas conviven desde el desastre.

La organización explica que en numerosos albergues hombres, mujeres, niñas y niños comparten espacios comunes sin una adecuada separación y, en muchos casos, no existen baños diferenciados por sexo, una situación que incrementa considerablemente los riesgos de abuso y violencia sexual.

La consultora de Plan International en Venezuela, Geraldine Gómez, describió un escenario que refleja el temor cotidiano de muchas madres.

Relató el caso de dos mujeres de una misma familia que deben turnarse para dormir porque sienten miedo de dejar desprotegidas a las niñas durante la noche.

Una de ellas, explicó Gómez, confesó que incluso teme quedarse dormida por miedo a que alguien pueda llevarse a su hija y aseguró que tampoco puede permitir que la menor acuda sola al baño.

Para la organización, este tipo de situaciones demuestra que la respuesta humanitaria no puede limitarse únicamente a proporcionar alimentos y techo, sino que debe incorporar desde el primer momento mecanismos específicos de protección infantil.

Los especialistas en protección humanitaria recuerdan que las emergencias de gran escala suelen incrementar los riesgos de violencia basada en género.

La pérdida de viviendas, el hacinamiento, la falta de iluminación, la ausencia de espacios privados y el debilitamiento de las redes familiares crean condiciones especialmente peligrosas para niñas y adolescentes.

Plan International advierte que estos factores elevan la exposición a abusos sexuales, explotación, acoso y otras formas de violencia, por lo que reclama la instalación de espacios seguros para menores, áreas diferenciadas para mujeres y niñas, servicios especializados de protección y mecanismos de denuncia accesibles.

“Si no se prioriza su protección desde el inicio, las consecuencias se verán a corto y largo plazo”

La directora regional de Plan International para las Américas, Carmen Elena Alemán, subrayó que las consecuencias pueden prolongarse durante años si la infancia no es protegida desde las primeras etapas de la emergencia.

«En situaciones de emergencia, la niñez queda especialmente expuesta porque pierde los espacios que la protegían y termina presenciando todo el peso emocional que cargan los adultos. Si no se prioriza su protección desde el inicio, las consecuencias se verán a corto y largo plazo», afirmó.

Una crisis sanitaria que golpea especialmente a los menores

A la vulnerabilidad frente a la violencia se suma un escenario sanitario extremadamente complejo.

Los terremotos dañaron hospitales, centros de salud, redes de agua potable y sistemas de saneamiento en varias de las regiones más afectadas, incluyendo Caracas, La Guaira, Carabobo, Aragua y Falcón.

UNICEF informa que algunos hospitales operan muy por encima de su capacidad y que los daños sufridos dificultan especialmente la atención de niños y mujeres embarazadas.

El representante de UNICEF en Venezuela, Manuel Rodríguez Pumarol, explicó que la dimensión de las necesidades comienza a hacerse evidente conforme avanzan las evaluaciones.

Niños que perdieron sus hogares en los terremotos descansan sobre un montón de ropa donada en una calle de La Guaira, Venezuela, el 29 de junio de 2026.
Niños que perdieron sus hogares en los terremotos descansan sobre un montón de ropa donada en una calle de La Guaira, Venezuela, el 29 de junio de 2026. © Reuters/Gaby Oraa

Según el organismo, miles de niños carecen actualmente de acceso confiable a agua potable, una circunstancia que incrementa el riesgo de enfermedades diarreicas, infecciones gastrointestinales y otros problemas de salud pública habituales tras grandes desastres naturales.

La interrupción de los sistemas de saneamiento también aumenta las posibilidades de propagación de enfermedades infecciosas, mientras que la falta de condiciones adecuadas de higiene complica la atención médica de menores lesionados.

Para responder a estas necesidades, UNICEF ya ha enviado suministros médicos, equipos de agua y saneamiento, botiquines, tiendas de campaña y material de primera necesidad destinados a atender inicialmente a más de 100.000 personas.

El impacto psicológico del desastre

Las consecuencias no son únicamente físicas. Expertos en protección infantil recuerdan que los terremotos generan un fuerte impacto emocional  en niños y adolescentes, quienes pueden desarrollar ansiedad, miedo persistente, insomnio, estrés postraumático o dificultades para retomar una vida cotidiana normal.

Muchos menores han presenciado derrumbes, rescates, fallecimientos o la pérdida completa de sus hogares.

Otros permanecen en refugios donde continúan escuchando conversaciones sobre víctimas, desaparecidos o réplicas sísmicas, sin disponer de espacios donde jugar o recuperar cierta sensación de normalidad.

Por ello, tanto UNICEF como Plan International consideran prioritario incorporar atención psicosocial especializada dentro de la respuesta humanitaria.

Escuelas dañadas y educación interrumpida

La emergencia también amenaza con prolongarse en el ámbito educativo.

La información preliminar recopilada por UNICEF indica que 432 escuelas del Distrito Capital, más de un tercio del total, presentan daños estructurales.

Muchas otras continúan siendo evaluadas en distintos estados.

Además, numerosos centros educativos que permanecieron en pie han sido habilitados como albergues para familias desplazadas, lo que dificulta aún más la reanudación de las clases.

La interrupción de la educación supone, según los organismos internacionales, una pérdida adicional de protección para la infancia, ya que la escuela constituye uno de los principales espacios seguros para detectar situaciones de riesgo, ofrecer apoyo emocional y mantener redes de cuidado.

Frente a este panorama, UNICEF señala que trabaja junto al Gobierno venezolano, el sistema de Naciones Unidas y organizaciones humanitarias para ampliar la asistencia en salud, nutrición, agua potable, saneamiento, protección infantil y educación.

La agencia busca alcanzar a unas 650.000 personas, entre ellas 234.000 niños, mediante programas de atención de emergencia.

Niños descansan en un refugio provisional tras los terremotos en La Guaira, Venezuela, el 29 de junio de 2026.
Niños descansan en un refugio provisional tras los terremotos en La Guaira, Venezuela, el 29 de junio de 2026. © Reuters/Maxwell Briceno

Plan International, por su parte, distribuye kits de higiene, artículos esenciales para los hogares afectados, desarrolla actividades de apoyo psicosocial y habilita espacios seguros en escuelas y comunidades de dos estados venezolanos, además de preparar acciones de educación en emergencias y atención primaria de salud.

Las agencias humanitarias coinciden en que la magnitud del desastre exige recursos adicionales.

UNICEF calcula que necesita 52 millones de dólares para responder específicamente a la emergencia causada por los terremotos, dentro de un llamado humanitario para Venezuela que asciende a 137,6 millones de dólares, de los cuales antes del desastre únicamente se encontraba financiado el 35 %.

La organización ya ha movilizado fondos propios para iniciar la respuesta, pero insiste en que será imprescindible un apoyo sostenido de la comunidad internacional para garantizar la continuidad de la atención sanitaria, la protección infantil, el acceso al agua potable y la recuperación de los servicios educativos.

Mientras avanzan las operaciones de rescate y la reconstrucción de las zonas devastadas, organismos especializados recuerdan que la recuperación de Venezuela dependerá también de la capacidad de proteger a quienes afrontan la tragedia desde una situación de mayor vulnerabilidad: cientos de miles de niños y niñas cuya seguridad, salud y bienestar continúan amenazados mucho después de que la tierra haya dejado de temblar.

Con EFE y UNICEF

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