Salud
La revolucionaria técnica que busca destruir las proteínas que alimentan algunos de los cánceres más letales
Un avance multimillonario con pegamentos moleculares revoluciona el tratamiento de cáncer.Gregory Verdine en su laboratorio de Watertown, Massachusetts. Fotógrafa: Lucy Lu/Bloomberg
SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Durante décadas, los científicos han intentado encontrar formas más precisas de atacar las proteínas que impulsan el crecimiento de algunos de los cánceres más agresivos. Ahora, una estrategia que parecía casi una curiosidad de laboratorio se perfila como una de las áreas más prometedoras de la investigación biomédica.
Se trata de los llamados “pegamentos moleculares”, compuestos diseñados para unir proteínas entre sí con el objetivo de bloquearlas o provocar su destrucción.
La idea fue desarrollada por el biólogo químico Gregory Verdine, investigador de la Universidad de Harvard, quien planteó la posibilidad de adherir químicamente proteínas dañinas a otras moléculas capaces de neutralizarlas.
Años después, esa propuesta se convirtió en la base de una nueva generación de medicamentos y llamó la atención de la industria farmacéutica.
Uno de los desarrollos más avanzados pertenece a la empresa biotecnológica Revolution Medicines (RevMed), que adquirió la tecnología en 2018. La compañía informó recientemente que su medicamento experimental daraxonrasib logró duplicar el tiempo de supervivencia habitual en pacientes con formas agresivas de cáncer de páncreas, aunque todavía se esperan los resultados completos de los ensayos clínicos.
Cómo funciona un “pegamento molecular”
A diferencia de muchos tratamientos tradicionales, estos medicamentos no buscan simplemente bloquear una proteína específica.
Su mecanismo consiste en actuar como un puente biológico.
Una parte de la molécula se une a una proteína sana y la otra a una proteína implicada en la enfermedad.
De esta forma, la proteína beneficiosa puede impedir la actividad de la proteína dañina o favorecer su eliminación.
Algunos de estos compuestos pertenecen a una categoría conocida como degradadores moleculares, cuyo objetivo es marcar las proteínas problemáticas para que el propio organismo las destruya.
Los investigadores consideran que esta estrategia podría abrir la puerta al tratamiento de proteínas que durante años fueron consideradas imposibles de atacar con medicamentos convencionales.
Una carrera multimillonaria
El potencial de esta tecnología ha desencadenado una intensa competencia entre compañías biotecnológicas y farmacéuticas.
Empresas como Novartis, Roche y Eli Lilly han firmado acuerdos de colaboración con desarrolladores especializados en pegamentos moleculares para acelerar la investigación de nuevos tratamientos.
Uno de los casos más destacados es el de Monte Rosa Therapeutics, una compañía con sede en Boston que ha alcanzado acuerdos valorados potencialmente en más de 10.000 millones de dólares para desarrollar terapias destinadas a diferentes enfermedades.
Según reportes citados por Bloomberg Línea, el valor de mercado de varias empresas vinculadas a esta tecnología se ha disparado durante el último año debido a las expectativas generadas por los avances clínicos.
Más allá del cáncer de páncreas
El interés por estos tratamientos no se limita a un único tipo de tumor.
La empresa japonesa Astellas Pharma desarrolla actualmente un degradador molecular dirigido a determinados pacientes con cáncer de páncreas y de pulmón.
Por su parte, Halda Therapeutics ha desarrollado una terapia experimental para el cáncer de próstata avanzado basada en un mecanismo similar. La compañía fue adquirida por Johnson & Johnson por unos 3.050 millones de dólares.
Los investigadores creen que la misma tecnología podría utilizarse en el futuro para abordar otras enfermedades complejas, incluidas patologías neurológicas y trastornos inmunológicos.
Una promesa que aún debe demostrar su alcance
Aunque los resultados iniciales han despertado entusiasmo, los especialistas recuerdan que muchos de estos tratamientos continúan en fases experimentales y todavía deben superar estudios clínicos más amplios para confirmar su eficacia y seguridad.
La historia de los pegamentos moleculares ilustra cómo una idea surgida en un laboratorio académico puede transformarse en una de las apuestas más ambiciosas de la medicina moderna.
Por ahora, los científicos observan con cautela. Pero si los resultados se mantienen, esta estrategia podría convertirse en una nueva herramienta para enfrentar algunos de los cánceres más difíciles de tratar.
