Internacionales
Las niñas esposas del Talibán, una violencia blindada por ley en Afganistán
Esta semana en Ellas Hoy, una activista afgana de derechos humanos denuncia las graves violencias que enfrentan las niñas obligadas a casarse bajo el régimen del Talibán en Afganistán, donde un nuevo decreto sobre divorcio podría reforzar aún más la impunidad y el control sobre las mujeres. Además, analizamos el perfil político de Paloma Valencia, la senadora colombiana que aspira a la Presidencia con una agenda conservadora, y conversamos con una epidemióloga sobre por qué el Ébola suele ser más letal para las mujeres.
Los talibanes, que gobiernan Afganistán desde la retirada de Estados Unidos en 2021, siguen endureciendo las restricciones contra mujeres y niñas. El último ejemplo es un nuevo decreto sobre divorcio que, según activistas y defensoras de derechos humanos, refuerza el matrimonio infantil y deja aún más indefensas a las menores obligadas a casarse.
La norma establece que una niña dada en matrimonio solo podría aspirar a divorciarse al llegar a la pubertad —algo que puede ocurrir desde los nueve años— y únicamente si logra demostrar situaciones graves de maltrato. Si la menor no solicita expresamente la separación, el régimen interpreta que existe consentimiento para permanecer casada, ignorando que una niña carece de capacidad jurídica para consentir un matrimonio.
Pero el problema va mucho más allá. Además de obligar a las menores a defenderse solas ante un sistema profundamente desigual, la posibilidad de divorcio depende también de la aprobación del esposo agresor y de la mediación familiar.
France 24 conversó con la periodista exiliada y activista por los derechos de las mujeres Khadija Amin, quien desde la Asociación Esperanza de Libertad impulsa redes clandestinas de educación para niñas afganas. Amin denunció que lo que los talibanes llaman matrimonio “es en realidad la violación de niñas pequeñas de 12 o 13 años” y advirtió que el divorcio sigue siendo un estigma casi imposible de asumir para muchas mujeres en Afganistán.
“Para la sociedad afgana, una mujer divorciada sigue siendo rechazada. La mayoría ni siquiera se atreve a pedir el divorcio”, explicó la activista.
Este decreto representa un nuevo paso en la construcción de un sistema cada vez más restrictivo para las mujeres. Primero llegó la expulsión de las afganas de buena parte de la vida pública y laboral. Después, la obligación de cubrir completamente sus cuerpos y desplazarse únicamente acompañadas por hombres de su familia. Más tarde vino la prohibición de acceder a estudios secundarios y universitarios. Ahora, el control también alcanza de lleno la vida matrimonial y la autonomía personal.
Amin alertó además sobre una consecuencia cada vez más frecuente entre niñas y mujeres afganas: el suicidio. “Si permiten que las niñas sigan siendo violadas en nombre del matrimonio, les están robando la infancia”, sentenció.
«Para salir de la situación van a suicidarse».
Romper el techo de cristal en Colombia: Paloma Valencia, la candidata antifeminista que quiere llegar a la Presidencia
“Quiero ser la primera mujer presidenta de Colombia”. Así resume su aspiración Paloma Valencia, senadora, nieta del expresidente León Valencia y heredera política del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Desde el partido Centro Democrático, busca convertirse en la primera mujer en ocupar la Casa de Nariño.
Originaria del departamento del Cauca, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado colombiano, Valencia se dio a conocer nacionalmente por sus críticas al entonces presidente Juan Manuel Santos, lo que le abrió las puertas de la bancada uribista en el Senado en 2014.
Filósofa y abogada de formación, reivindica su liderazgo político como un derecho conquistado, aunque se distancia abiertamente del feminismo, al que acusa de representar una agenda ideológica de izquierda.
Valencia se opone al aborto y a la adopción por parte de parejas homosexuales, aunque asegura que no perseguiría judicialmente a las mujeres que decidan interrumpir un embarazo. Sus posiciones conservadoras conviven con una estrategia política que intenta ampliar apoyos, como ocurrió con la elección de Juan Daniel Oviedo, abiertamente homosexual, como fórmula vicepresidencial.
Gran parte de su discurso retoma los pilares de la política de “seguridad democrática” impulsada por Uribe, basada en el combate militar contra las guerrillas y la erradicación de cultivos ilícitos. También propone reducir el tamaño del Estado y disminuir el gasto público, combinando ese enfoque con subsidios dirigidos a las poblaciones más vulnerables.
Sin embargo, una de las mayores controversias en torno a Valencia es su postura frente a los llamados falsos positivos: las ejecuciones extrajudiciales de miles de jóvenes presentados como guerrilleros muertos en combate por miembros del Ejército colombiano entre finales de los años 90 y 2016.
Por primera vez en la historia reciente del país, Colombia se enfrenta a la posibilidad real de elegir a una mujer como presidenta. Pero alrededor de la candidatura de Valencia surge una pregunta inevitable: ¿puede romperse el techo de cristal con una agenda política considerada antiderechos por parte de sus críticos?
El ébola es más letal para las mujeres y no se trata de un asunto biológico
Mientras el mundo sigue con atención el nuevo brote de Ébola detectado en República Democrática del Congo, que ya suma casos en la vecina Uganda, las principales víctimas continúan fuera del foco internacional: las mujeres.
Según ONU Mujeres, las pandemias anteriores muestran un patrón repetido: las mujeres suelen verse más afectadas debido a los roles de cuidado que desempeñan dentro de sus comunidades.
La agencia advierte que el virus se propaga principalmente a través de tareas domésticas, atención sanitaria y prácticas funerarias, espacios donde las mujeres suelen asumir la primera línea de cuidado.
La epidemióloga Silvana Zapata Bedoya explicó a Ellas Hoy que en África Central muchas mujeres trabajan como cuidadoras, promotoras comunitarias, parteras o encargadas de rituales funerarios, aumentando así su exposición a fluidos corporales, principal vía de transmisión del virus.
Uno de los mayores riesgos se produce precisamente durante los rituales funerarios, donde madres, abuelas o niñas participan directamente en la preparación de los cuerpos.
“Al estar tan cerca de personas que desarrollaron la enfermedad de forma grave, el contagio ocurre mucho más rápido”, explicó Zapata.
La especialista también alertó sobre la vulnerabilidad adicional de las mujeres embarazadas, quienes necesitan acudir con más frecuencia a centros de salud en regiones donde los sistemas sanitarios son extremadamente frágiles.
Tras la gran epidemia de 2014-2016, el Fondo de Población de las Naciones Unidas impulsó medidas para separar la atención obstétrica y reproductiva de las áreas de tratamiento del ébola, buscando reducir riesgos de contagio y proteger la salud materna y neonatal.
Sin embargo, Zapata advierte que uno de los principales desafíos del actual brote es la dificultad para rastrear las cadenas de transmisión.
“Muchas mujeres pueden haber estado expuestas sin saberlo y sin estar siendo monitoreadas dentro de los sistemas de vigilancia epidemiológica”, concluyó.
