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Lula da Silva desafía la vejez y promete más gasto en defensa al lanzarse por su reelección en Brasil
De regreso al poder en 2023 tras sus dos primeros mandatos (2003-2010), Luiz Inácio Lula da Silva fue proclamado candidato para las elecciones presidenciales de octubre en Brasil durante una convención de su Partido de los Trabajadores (PT) en Sao Paulo, corazón económico de la primera potencia latinoamericana, ante unos tres mil seguidores.
«Quiero luchar contra la vejez, (…) no quiero andar arrastrando las piernas», dijo el actual mandatario de 80 años durante su discurso en un recinto cerrado paulista frente a sus partidarios, que entonaron la canción «Lula, guerrero del pueblo brasileño», alzaron carteles con inscripciones como «Brasil no se entrega» y desplegaron una gran bandera nacional.
Aspirante a la jefatura de Estado por séptima vez en su vida, el exobrero y líder sindical enfrentará al candidato ultraderechista Flávio Bolsonaro, de 45 años, para alcanzar el que prometió que será, si gana, su último mandato.
«No voy a tener oportunidad de disputar el ‘penta’ (un quinto mandato) porque decidí que después de entregar Brasil perfectamente al pueblo brasileño, nos iremos de vacaciones para noviar unos veinte años más», bromeó Lula, acompañado por su esposa Janja, de 59 años, vestida con una camiseta con una foto de su marido cuando era bebé.
Enfrentándose a los cuestionamientos sobre su avanzada edad, el presidente izquierdista insistió este domingo 2 de agosto en que está «muy entero» para buscar un cuarto y último período como mandatario en los comicios sobre los que se cierne la sombra del presidente estadounidense Donald Trump.
Por eso no sorprendió que el mandatario brasileño enfocara su discurso de proclamación en la promesa de invertir más en defensa si se impone en las elecciones para que «nadie invada el país y se lleve al presidente», en clara referencia a las maniobras militares de la administración estadounidense de Donald Trump, que en enero de este año capturó a Nicolás Maduro durante una incursión en Venezuela.
«Quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse al presidente, como han invadido. Quiero estar preparado para la paz, no para la guerra», afirmó Lula, quien instó a su militancia de izquierdas a que deje de pensar en la defensa como una «tontería» de la que «no hay que preocuparse».
«Quiero estar preparado para que nadie se atreva a tomarnos por tontos. ¿Está claro? Por eso es importante saber que necesitamos invertir en la defensa», subrayó.
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Una campaña bajo la sombra de Trump
Sin mencionarlo directamente, Lula –vestido con una camisa informal y un sombrero panamá que ha usado con frecuencia en los últimos meses– pareció centrar su discurso en la amenaza injerencista de Donald Trump, aliado de los Bolsonaro y quien ha apoyado a varios candidatos de la derecha en América Latina.
Apuntando a esa posible influencia de intereses externos, el presidente de Brasil justificó que impulsar la industria de defensa de su país es necesario para proteger sus minerales raros y afirmó que «ningún chino, ningún estadounidense, ningún francés tocará» estos recursos sin respetar la soberanía de la nación sudamericana.
Por otra parte, dirigentes del Partido de los Trabajadores han expresado su preocupación por las amenazas patrocinadas por extranjeros, que incluyen campañas coordinadas de bots automatizados y manipulación de las redes sociales diseñadas para influir en los votantes y socavar la confianza en el sistema de votación electrónica de Brasil.
El vicepresidente brasileño Geraldo Alckmin, que fue oficializado este domingo para repetir la fórmula con Lula, afirmó que el sistema de votación electrónica de Brasil «es tan bueno que no recibe votos de argentinos ni estadounidenses», en referencia a los países gobernados por dos detractores de Lula, el argentino Javier Milei –quien ha protagonizado un fuerte exabrupto contra Lula esta semana– y Trump.
El jefe de la Casa Blanca, además, ha impuesto en julio nuevos aranceles a las exportaciones brasileñas y reclasificó a dos grupos criminales locales como grupos terroristas, lo que, según analistas legales, podría perjudicar a las empresas y abrir la puerta a otras intervenciones. Ambas medidas se produjeron tras la visita del senador Bolsonaro a la Casa Blanca y al Departamento de Estado.
Ante la nueva presión arancelaria, Lula ha afirmado que Flávio Bolsonaro es un «traidor a la patria» que habría alentado a Estados Unidos a golpear la economía brasileña, algo que él niega.
«La narrativa sobre la soberanía le calza como un guante a Lula: logra identificar a un enemigo allá afuera para responsabilizarlo por algunas penurias que vivimos», afirmó a la agencia AFP Leonardo Paz, politólogo de la Fundación Getúlio Vargas.
La seguridad y la corrupción centran una discusión polarizada
Precisamente, la convención del PT ratificó lo que su presidente Edinho Silva calificó de «construcción política histórica», entre el izquierdista Lula da Silva y su aliado centrista Alckmin.
Al haber logrado atraer a partidos centristas, alejándolos de la derecha de Bolsonaro, el mandatario brasileño llega con una mayor popularidad en las encuestas que hace seis meses.
Sin embargo, la carrera se avizora cerrada: según el instituto Datafolha, la intención de voto para la segunda vuelta favorece a Lula por 48% frente al 43% de Bolsonaro.
Lula ha defendido los avances de su gestión en la caída del desempleo y la reducción de la pobreza, aunque enmarcado en un contexto de desaceleración económica, con un crecimiento del producto interno bruto (PIB) en torno al 2 % para este año electoral, tras el 3,4 % de 2024 y el 2,3 % de 2025.
El alto costo de vida, marcado tanto por cuestiones internas como por el aumento de los precios de los alimentos y el combustible por el contexto geopolítico, es otro tema que preocupa a la ciudadanía.
En ese sentido, su campaña está impulsando específicamente un cambio en el sistema de impuesto sobre la renta de Brasil que grava menos a las personas con bajos ingresos y un programa de condonación de deudas que rápidamente se ha vuelto muy popular.
Desde la oposición buscan explotar que el déficit nominal en las cuentas públicas ronda al 10% del PIB y que la deuda pública ha superado la barrera del 80 %.
El mandatario también está a la defensiva en la discusión sobre seguridad pública, una de las mayores preocupaciones de los votantes, en un país donde el crimen organizado controla barrios populares en los que viven millones de personas.
La corrupción, otro tema prioritario para la opinión pública, concita dos investigaciones judiciales inconvenientes para cada uno de los candidatos.
La primera se refiere al financiamiento de una película sobre Jair Bolsonaro, para la que Flávio Bolsonaro habría pedido dinero a un banquero acusado de una megaestafa.
La otra, abierta esta semana, apunta a un hijo de Lula, ‘Lulinha’, sospechoso de corrupción y tráfico de influencias en presuntas gestiones ante el Ministerio de Salud.
Con EFE y AFP
