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Salud

Marta González-Corró, especialista en Nutrición: «Si tomas un paracetamol, conviene acompañarlo con una N-acetilcisteína»

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MADRID, ESPAÑA / AGENCIA DPA.— Nuestro hígado es la central depuradora de todo el cuerpo. Aunque su rol es fundamental, trabaja de manera silenciosa y muchas veces, también sufre en silencio sus patologías. Problemas frecuentes y graves como el hígado graso no suelen presentar síntomas hasta etapas avanzadas en las que es difícil revertir el daño. 

Por eso, cuidar la salud hepática es fundamental y esto pasa por atender al eje que une este órgano con el aparato digestivo. 

La doctora Marta González-Corró, especializada en nutrición y microbiota, propone recomendaciones prácticas para proteger este órgano en su nuevo libro, Un hígado feliz, publicado este año por Alienta Editorial.


—¿Cómo se relaciona el hígado con el intestino y con la microbiota? ¿Qué factores afectan a este eje?

—Cada vez se habla más de la microbiota y del papel que juegan estos millones de microorganismos que tenemos en nuestro intestino en la salud. Pero entender la salud intestinal sin una buena salud hepática es difícil, y lo mismo ocurre en sentido inverso. De ahí nace la tríada de la que hablo en el libro, que es microbiota-intestino-hígado.

—¿Cómo se comunica ese eje?

—Entre intestino e hígado hay una circulación que se llama enterohepática, que es de ida y vuelta. El hígado sintetiza y segrega sales biliares que se almacenan en la vesícula biliar, la cual, cuando uando comes alimentos con grasa, es estimulada y expulsa esas sales al intestino para hacer su digestión. Esta es una vía de comunicación. Pero por otro lado, tenemos la microbiota. Todo lo que comemos se digiere a través de unas proteínas que se llaman enzimas, pero la microbiota también hace la digestión, como sucede con la fibra. De igual forma, sintetizan multitud de sustancias, como el butirato, que es antiinflamatorio. Estas pasan a la circulación enterohepática a través del intestino y de su pared, que es una barrera selectiva que decide lo que deja entrar y lo que no, y llegan al hígado. Este, dependiendo de la sustancia, la procesa de una manera o de otra antes de enviarla al resto del organismo a través de la circulación. Este órgano es el primer filtro, por eso es tan importante.

—¿Qué factores afectan a este eje?

—Cuando se altera la microbiota y se produce un estado conocido como disbiosis, hay un sobrecrecimiento de microorganismos de especies potencialmente patógenas que comienzan a segregar y sintetizar sustancias tóxicas. El intestino hace lo que puede para neutralizarlas, pero llega un punto en el que no puede y avisa al hígado para que le eche una mano. Estas sustancias, además, lesionan la pared del intestino e impiden que cumpla su función de barrera selectiva. Así que se produce un efecto coladero: las sustancias tóxicas llegan al hígado y este tiene que depurarlas, lo que a veces lo satura, porque es mucha carga para el órgano. Cuando esto ocurre se puede producir una acidosis metabólica subclínica, el famoso estado conocido como inflamación crónica de bajo grado, que es el primer signo de que el hígado está en alerta.

—¿Qué consecuencias tiene prolongar ese estado?

—Se desarrolla una grasa hepática o también se pueden producir otras alteraciones metabólicas, como la resistencia a la insulina, aumento de los ácidos grasos, u otros cambios que son el inicio del hígado graso.

—¿Qué factores externos pueden contribuir a esta cascada de problemas?

—Hay sustancias que alcalinizan el pH del hígado. Si tenemos un pH alcalino en el intestino, a nivel sistémico, esto se equilibra con un pH ácido. Uno de los factores que lo alteran es la alimentación. La dieta occidental, rica en alimentos ultraprocesados, harinas refinadas, bollería, alcohol y grasas saturadas, altera la microbiota, hace que empiece a generar sustancias tóxicas y que se altere el pH. Por otro lado, medicamento como los inhibidores de la bomba de protones alteran el pH a nivel del estómago y producen sobrecrecimiento de bacterias perjudiciales en el intestino. También el abuso de otros medicamentos, como los antiinflamatorios no esteroideos. Otro factor es el estrés, que altera muchísimo la función digestiva y hepática cuando es crónico. La falta de actividad física y la alteración del sueño, el estilo de vida en general de la sociedad occidental, nos altera mucho el pH a nivel sistémico.

—¿Cómo podemos saber si nuestro hígado está alterado?

—Es difícil porque el hígado no da síntomas muy evidentes. El hígado graso es una de las enfermedades más frecuentes en la sociedad occidental y es la causa número uno de trasplante hepático, pero no da síntomas al principio. Apenas puede doler el flanco derecho, que es donde se aloja el órgano. Pero puedes sospechar de estos problemas si tienes un cansancio importante, si tienes niebla mental, te cuesta concentrarte, tienes un dolor ene el hombro derecho o si están alteradas las transaminasas en la analítica.

Estas son una medida de la función hepática que puede estar un poquito alta en estos casos. La ferritina también puede estar ligeramente elevada, pero no son señales llamativas. Tendrías que hacerte una ecografía para ver si hay grasa alrededor del hígado. Como es una inflamación silenciosa, crónica y de bajo grado, no es lo mismo que un problema agudo, pero igualmente es muy dañina y perjudicial.

—¿Cómo trabaja el hígado para procesar las sustancias que le llegan del intestino?

—El hígado es el filtro fundamental del organismo. Todo lo que ingresa se procesa allí, pero también todas las sustancias que fabricamos nosotros tienen su metabolismo a través de él y se van descomponiendo allí para ser eliminadas, ya sea por las heces, la orina, o por el sudor. El hígado hace esta desintoxicación los siete días de la semana, o sea que no vale hacer una semana de detox, por mucho que se pongan de moda este tipo de dietas rápidas. Lo que realmente tenemos que hacer es no sobrecargarlo con todo lo que comemos o con la contaminación a la que estamos expuestos, con los tóxicos provenientes de los alimentos, del aire que respiramos, de los cosméticos que utilizamos día a día. Cuanto más sobrecargado está, más difícil es que haga su trabajo de manera eficiente y a la larga se generan problemas.

—¿Cómo se eliminan las sustancias que filtra el hígado?

—La mayor parte de las sustancias que metaboliza el hígado son liposolubles, lo que quiere decir que se almacenan en grasa o son grasas. Y no las podemos eliminar en ese estado. Lo que hace el hígado es transformar estas sustancias liposolubles en unos metabolitos intermedios que ya no se disuelven en lípidos. En una fase posterior, hay diferentes vías que acaban de transformar esas sustancias en otras hidrosolubles, lo que permite que se eliminen por las heces a través del intestino, o filtrándose por los riñones, a través de la orina, o a través de la sudoración de la piel.

—¿Cuáles son algunas fuentes de exposición a tóxicos de los que no solemos ser conscientes?

—Estamos muy expuestos a metales pesados que son tóxicos. Por ejemplo, el plomo en los pintalabios, el aluminio en los desodorantes, son sustancias que tiene que procesar el hígado y contribuyen a sobrecargarlo.

—¿A medida que envejecemos, nuestro eje intestino-microbiota-hígado funciona peor?

—A medida que nos hacemos mayores hay más oxidación en las células, por lo cual hay que cuidar más nuestro hígado, porque sus mecanismos son menos eficientes. Además, la microbiota también varía con la edad; fundamentalmente, disminuyen las bifidobacterias, que son un indicador de longevidad, porque producen ese butirato que es antiinflamatorio.

—¿Cómo podemos cuidar nuestra salud hepática en el día a día?

—La dieta ideal para evitar e incluso tratar el hígado graso es la mediterránea. Pero la original, no lo que hay ahora. Tiene que ser una dieta rica en frutas, en verduras, en legumbres, en cereales integrales, aves, pescado y huevos. Puntualmente, se puede sumar un poco de carne roja pero básicamente hay que priorizar verduras, hortalizas y legumbres. Se ha visto que esta dieta consigue una reducción del peso, que de por sí ayuda la hígado graso y tiene impacto en el bienestar. Si la combinas con ejercicio físico, mucho mejor. Para el hígado graso, se ha visto que con hacer 40 a 45 minutos de ejercicio cardiovascular moderado tres veces por semana ya se consigue un impacto positivo, no es necesario machacarse en el gimnasio. Luego, dejar de intoxicarnos. Si yo hago todo esto pero sigo bebiendo alcohol todos los días, no aporta ningún beneficio. Y otra de las cosas que perjudican al hígado es el jarabe de fructosa, que se encuentra en muchos productos del supermercado. No hablo de la fruta, hablo de jarabes que se utilizan en la industria alimentaria y están presentes en los refrescos. Esto daña el hígado de manera directa.

—¿Existen hábitos que ayuden más allá de la alimentación?

—Es importante el descanso nocturno, porque el hígado se altera. Todos nuestros órganos tienen sus ritmos circadianos y si se interrumpen, causa inflamación cónica de bajo grado. Por lo tanto, hay que respetar el descanso nocturno de siete a ocho horas. Idealmente, nos tendríamos que ir a dormir entre las diez y las once de la noche. Y debemos gestionar el estrés crónico, porque vivir acelerados activa el sistema nervioso simpático y esto interfiere con la digestión. No podemos hacer buenas digestiones si vivimos con estrés. Y evitar al máximo todos los medicamentos, salvo aquellos que sean imprescindibles. A veces escucho a la gente decir que se toma un ibuprofeno por si acaso y es un error. El ibuprofeno no se toma por si acaso, se toma si se necesita, porque altera mucho a nivel digestivo. El paracetamol tampoco, porque repercute a nivel hepático. Sobre todo el de un gramo. Si lo vas a tomar, conviene acompañarlo con una N-acetilcisteína, para compensar el daño que hace al hígado.

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