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Nicaragua: el pulso entre el sandinismo y la Iglesia católica
Desde su exilio en Costa Rica, el sacerdote dominico Rafael Aragón denuncia una creciente ofensiva del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra la Iglesia católica en Nicaragua. Expulsado del país en 2022, Aragón forma parte de los cerca de 400 religiosos que han abandonado Nicaragua en los últimos años. Según denuncia, el gobierno sandinista busca debilitar la influencia de una institución que sigue teniendo un fuerte peso social y político en el país.
En entrevista en Escala en París, el sacerdote Rafael Aragón sostiene que su desencanto no está ligado a la etapa inicial de la Revolución sandinista, sino al retorno de Daniel Ortega al poder, cuando “se abandonaron los principios de economía mixta, antiimperialismo y autodeterminación que habían inspirado el proyecto original”. En su visión, el actual liderazgo se ha consolidado mediante “alianzas con antiguas élites políticas, alejándose del ideario revolucionario”.
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El punto de quiebre, recuerda, llegó antes de la crisis de 2018, pero se profundizó tras la represión de las protestas de abril de ese año.
“La Iglesia Católica se convirtió en refugio de manifestantes perseguidos, lo que marcó el inicio de un deterioro abierto en la relación con el poder”
“Derechos humanos, Estado de derecho y democracia son palabras que a Rosario Murillo le irritan profundamente”, afirma el sacerdote, quien acusa a la cúpula del Gobierno de intentar desarticular la influencia eclesiástica en un país mayoritariamente cristiano, donde los obispos conservan una fuerte capacidad de incidencia también entre fieles evangélicos.
En ese marco, el sacerdote sostiene que Rosario Murillo busca reconfigurar el papel de la religión en la vida pública, imponiendo controles sobre la predicación y limitando expresiones tradicionales de fe popular.
Nicaragua, la dictadura olvidada
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El religioso también cuestiona la postura de la jerarquía católica nicaragüense frente al gobierno y lamenta lo que considera una escasa intervención del Vaticano. “Una declaración del Papa anima al pueblo, anima la fe. Sentimos una gran ausencia”, señala.
Desde San José, donde afirma vivir con cautela por temor a la persecución, Aragón mantiene contacto con la diáspora nicaragüense y con redes eclesiales dentro del país. Aunque reconoce la dificultad de un cambio político inmediato, insiste en la necesidad de fortalecer liderazgos desde la sociedad civil y las comunidades cristianas. “Estoy soñando con volver a Nicaragua”, afirma.
Esta semana, el sacerdote ha compartido su testimonio en varias ciudades de Francia, entre ellas: Toulouse, Montpellier y Lyon y el viernes 22 de mayo en París, en el marco de las Semanas de América Latina y el Caribe 2026.
Programa coordinado por Florencia Valdés, realizado por Robin Cussenod y Vanessa Loiseau.
