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¿Qué obstáculos enfrenta la implementación del anunciado cese al fuego entre Israel y Líbano?
En las horas posteriores al anuncio estadounidense de «la implementación de un cese al fuego» entre Israel y Líbano, las ataques israelíes no han dado respiro al país árabe.
Este jueves 4 de junio, los medios locales han reportado numerosos bombardeos en varias localidades del sur libanés y del Valle de la Bekaa, y la Agencia Nacional de Noticias de Líbano (NNA, por sus siglas en inglés) informó de cinco muertos en la ciudad de Sohmor.
Los drones de vigilancia israelíes tampoco han cesado de volar a baja altitud en Beirut y sus suburbios, un zumbido incesante que se ha convertido en parte del entorno de los habitantes de la capital libanesa.
Asimismo, en el norte israelí, las sirenas sonaron en distintos puntos por la posible infiltración de un dron o lanzamiento de cohetes de Hezbolá.
Entretanto, la misión de paz de la ONU en el Líbano (FINUL) señaló que un soldado serbio murió como consecuencia de las heridas sufridas en la noche del miércoles 3 de junio por disparos de mortero que cayeron en su posición en cerca de Marjayoun, al sur de Líbano.
Dos militares españoles también resultaron heridos en el ataque ocurrido en una zona marcada por los fuertes enfrentamientos entre tropas israelíes que invaden el sur libanés y miembros de Hezbolá.
Estos hechos, registrados en apenas unas horas, alcanzan para poner en evidencia las dificultades que enfrenta la puesta en marcha de otro anunciado cese al fuego, sobre todo porque la tregua declarada el 17 de abril pasado nunca se materializó en el terreno.
Israel ha continuado sus bombardeos y detonaciones de viviendas y ha expandido su invasión terrestre del sur libanés, a la vez que Hezbolá ha enfrentado a tropas israelíes en combates cuerpo a cuerpo, con artillería y drones explosivos, lanzados tanto en el sur de Líbano como hacia el norte de Israel.
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Primer obstáculo: un acuerdo que involucra a Hezbolá sin Hezbolá en la mesa
Las negociaciones directas entre Israel y Líbano, cuya cuarta ronda finalizó el miércoles 3 de junio con el anuncio de Washington, han enfrentado un inconveniente desde su concepción: no incluyen a Hezbolá, el partido-milicia chiita que arrastró al país árabe a la guerra al atacar el norte israelí en solidaridad con Irán a inicios de marzo, pretexto utilizado por Israel para reanudar su ofensiva a gran escala en Líbano.
La decisión de excluir a Hezbolá no sorprende, considerando que tanto Israel como Estados Unidos la consideran una organización terrorista, y que cualquier acuerdo debe ser negociado por los gobiernos, en este caso el de Líbano. Sin embargo, cualquier implementación depende de Hezbolá.
Por eso, como en las negociaciones, el acuerdo presentado por Estados Unidos el miércoles adolece de lo mismo: supedita el alto el fuego a que sea Hezbolá, que ha rechazado los diálogos, el que cese primero sus ataques y retire a sus miembros del sur de Líbano, sin demandar lo propio a las tropas israelíes.
Por eso era previsible la posición que este jueves 4 de junio ha manifestado Naim Qassem, secretario general de Hezbolá. En un comunicado, consideró que el pacto anunciado por Washington supone «una capitulación, una derrota y la consecución de los objetivos del enemigo» y es el «resultado de estas negociaciones directas, absurdas, humillantes y vergonzosas para Líbano».
En ese sentido, Qassem reiteró que la organización demanda «un alto el fuego integral», que incluya al sur de Líbano y la «retirada» de las tropas israelíes, y prometió que «mientras la agresión persista, la enfrentaremos con toda nuestra fuerza y atacaremos donde sea que decidamos y podamos»
«Convertir el desarme de la resistencia (Hezbolá) en el punto de partida de cualquier acuerdo equivale a destruir el poder del Líbano y constituye una amenaza existencial para el pueblo que resiste», subrayó.
Pese a repudiar las declaraciones de Qassem, fuentes estadounidenses indicaron a la cadena libanesa LBCI que Washington evaluará «acciones, no palabras» y detalló que el pacto «comienza con una desescalada que conducirá a un alto el fuego permanente e integral».
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«Última oportunidad»: el llamado del Gobierno libanés
Antes de la declaración de Qassem, el presidente libanés Joseph Aoun aseguró en un encuentro con periodistas en el Palacio Presidencial que un cese al fuego podía entrar en vigor en 24 horas si es aprobado por todas las «partes internas implicadas, especialmente de Hezbolá».
En su mensaje, alertó que la propuesta anunciada por Estados Unidos representa una «última oportunidad» para alcanzar un alto el fuego sólido con Israel y, en un aparente mensaje al partido-milicia chiita, avisó que cada actor deberá asumir sus «responsabilidades» si deciden desaprovecharla.
Por su parte, en el inicio de una reunión con su gabinete, el primer ministro Nawaf Salam también defendió las negociaciones con Israel como «la mejor opción disponible» y que es «el camino más rápido y menos costoso para Líbano y el pueblo libanés, así como para el sur y sus habitantes».
«Todas las partes están llamadas a priorizar los intereses de Líbano y su pueblo por encima de cualquier otro interés, ya sea externo o partidista, y a asumir sus responsabilidades. Quienes se nieguen o posterguen la decisión serán los únicos responsables de las consecuencias que puedan derivarse», señaló, en otro mensaje destinado a Hezbolá.
Y es que el Gobierno libanés se ha mostrado impotente frente al control efectivo que Hezbolá ejerce en el sur de Líbano y ha visto fracasar intentos anteriores de desarmar al grupo, exigencia principal de Israel para cualquier acuerdo integral. Hacerlo por la fuerza implica altas posibilidades de un enfrentamiento interno entre las Fuerzas Armadas Libanesas y los combatientes del partido-milicia.
Es por eso que el texto presentado por Washington contempla la implementación de «zonas piloto» en el sur de Líbano, en las que el Ejército libanés tomaría el control exclusivo, una vez que se retiren las tropas israelíes. Según Salam, esto «de ninguna manera menoscaba nuestro derecho a una retirada israelí completa, al contrario, nos acerca a ella».
Aoun, en tanto, indicó que la propuesta de Beirut es que las primeras áreas sean creadas en las localidades meridionales de Zawtar al Sharqiyah, Zawtar al Gharabiya y Yohmor, así como el castillo de Beaufort, algunos de los puntos más al norte sobre los que han avanzado las tropas israelíes que ocupan el sur de Líbano.
Para Michael Young, editor senior del Centro Carnegie para Medio Oriente, «el establecimiento de zonas piloto es una idea muy útil en principio, porque si puede llevar a retiros israelíes en áreas específicas, y al regreso de los aldeanos, esto impulsará enormemente la credibilidad del Estado».
Además, en su cuenta de X, el analista señaló que esto «evita un enfrentamiento directo entre el Ejército y Hezbolá sobre el desarme», ya que «no implicaría un proceso agresivo de incautación de las armas» del grupo chiita, aunque «puede no prevenir choques limitados».
«Permanece un gran signo de interrogación sobre las intenciones israelíes. Israel ha derribado sistemáticamente todas las medidas en el último año y medio que habrían dado credibilidad al Estado y al ejército libaneses, por lo que no hay garantías de que las cosas cambien ahora», advirtió.
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¿Por qué Israel sigue atacando a Líbano?
El otro gran obstáculo para llevar al terreno lo acordado por la vía diplomática es la insistencia israelí de mantener los ataques contra Líbano. De hecho, tras el reciente anuncio, el país subrayó que se reserva su capacidad de atacar al vecino país.
Pero, incluso, el anuncio de cese al fuego publicado por Washington no especifica demandas inmediatas a Israel, que ha continuado sus embestidas en todos los frentes sobre los que ha firmado acuerdos de tregua recientemente.
Líbano no es la excepción y el ministro de Defensa, Israel Katz, aseguró que el texto contempla la permanencia «por el momento» de las tropas israelíes en el sur de Líbano, «y sin el regreso de la población». La ofensiva israelí, recordemos, ha forzado el desplazamiento de 1,2 millones de libaneses y ha causado la destrucción deliberada de viviendas e infraestructuras en comunidades del sur libanés.
También, según Katz, el pacto inicial permite la continuidad de «acciones» contra Hezbolá, así como la «libertad de acción, con el respaldo de Estados Unidos, para atacar en Beirut en respuesta a los ataques contra comunidades y territorio israelíes».
Para el ministro de Defensa israelí, el entendimiento es, entonces, un «logro en el terreno y en el plano político» producto de «la realidad que hemos creado hasta ahora en Líbano», la cual, sostuvo, «puede conducir a un acuerdo de paz con el Estado libanés».
Con todo, una retirada de tropas israelíes de Líbano se presupone gradual y es de esperar que el Gobierno de Benjamin Netanyahu intente posponerla lo máximo posible.
Y es que el primer ministro israelí se enfrenta a múltiples presiones. De Estados Unidos, que quiere poner fin al conflicto regional que inició junto a Israel con sus ataques en Irán y busca que una calma en Líbano contribuya a ello. De sus aliados más radicales en el Gobierno, que demandan mantener la ocupación del sur de Líbano y la «destrucción» de Hezbolá. De sus opositores, que buscan mostrarlo como un gobernante «débil» en plena campaña hacia las elecciones generales, a celebrarse posiblemente en septiembre u octubre. Y de los habitantes del norte israelí –un bastión electoral de Netanyahu–, quienes consideran insuficiente cualquier acuerdo que no garantice, según ellos, la seguridad de sus comunidades.
Otro actor que no forma parte de las negociaciones, pero que también influye en lo que ocurre en Líbano, y que puede ser un obstáculo para el acuerdo presentado por Washington, es Irán.
En el marco de los diálogos en curso con Estados Unidos para un cese al fuego y la reapertura del Estrecho de Ormuz, Teherán ha incluido entre sus condiciones un alto el fuego integral en Líbano, en un intento de salvaguardar a su aliado Hezbolá.
Por eso, al conocerse los lineamientos del entendimiento anunciado por la Administración Trump, el comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, Esmail Qaani, reiteró que «la demanda mínima de la resistencia es la retirada del régimen ocupante (en referencia a Israel) a las posiciones que ocupaba antes del inicio de la guerra de 40 días».
Es decir, que Irán exige que las tropas israelíes se replieguen, al menos, hasta las únicas cinco posiciones que mantenían dentro de Líbano antes del conflicto iniciado con los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, el 28 de febrero pasado.
Según las declaraciones recogidas por la agencia semi-oficial iraní Tasnim, Qaani también prometió que «los muyahidín libaneses verán pronto los resultados de su valiente resistencia».
Para Michael Young, será «interesante observar la interacción entre las negociaciones de EE. UU. con Irán y los desarrollos en Líbano».
«Irán está tratando con ahínco de vincular ambos, posicionándose como el salvador de Líbano, y ahora los estadounidenses han regresado para proponer un plan que busca fortalecer al Estado libanés como el principal negociador para un alto el fuego, no a Irán», indicó el experto del Centro Carnegie para Medio Oriente«.
«Esto no complacerá a Teherán, pero si el plan puede devolver rápidamente a los libaneses del sur a ciertas aldeas, será difícil para los iraníes resistirse», concluyó.
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Con Reuters, EFE y medios locales
