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Salud

Qué ocurre cuando un niño recibe su primer móvil antes de los 12 años, según la ciencia

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MADRID, ESPAÑA/ DIARIO DE SALUD.— La pregunta se repite en miles de hogares alrededor del mundo: ¿cuál es la edad adecuada para entregar a un hijo su primer teléfono móvil? Mientras la tecnología se integra cada vez más en la vida cotidiana, padres, educadores y especialistas intentan encontrar un equilibrio entre los beneficios de la conectividad y los riesgos asociados al uso prematuro de los dispositivos inteligentes.

La evidencia científica parece inclinarse hacia una misma conclusión: cuanto más tarde se produce el acceso al smartphone, mejores son los indicadores de salud mental observados en etapas posteriores de la vida.

Así lo destaca el psicólogo infantil Alberto Soler, quien recientemente analizó los resultados de diversas investigaciones centradas en el impacto que tienen los teléfonos inteligentes y las redes sociales sobre niños y adolescentes.

Lo que muestran los estudios

Soler hace referencia a una investigación publicada en la revista Journal of Human Development and Capabilities y basada en datos de más de 100.000 jóvenes.

Según los hallazgos, las personas que recibieron su primer teléfono inteligente antes de los 12 años presentan en la adultez mayores probabilidades de sufrir ansiedad, depresión, baja autoestima, conductas agresivas e incluso pensamientos suicidas.

El estudio también relaciona el acceso temprano al smartphone con una peor calidad del sueño, una mayor exposición al ciberacoso y un deterioro de las relaciones familiares.

Para el especialista, los resultados muestran una tendencia clara: retrasar el acceso a estos dispositivos se asocia con mejoras progresivas en el bienestar psicológico de los menores.

“Cada año que se retrasa el acceso al smartphone hasta los 12 o 13 años se asocia con mejoras significativas en el bienestar psicológico”, explicó Soler al analizar los resultados de la investigación.

Sin embargo, el psicólogo aclara que no existe una edad universal que funcione para todas las familias y todos los contextos.

“No significa que los 13 sean la edad ideal en todos los casos, pero sí que, desde el punto de vista de la salud mental, retrasarlo más allá no aporta grandes diferencias”, señaló en una publicación difundida en redes sociales.

El otro lado del debate: el costo social de no tener móvil

A pesar de los beneficios observados en la salud mental, Soler advierte que la realidad social de los adolescentes obliga a considerar otros factores.

En una etapa de la vida en la que la pertenencia al grupo resulta fundamental, no disponer de un teléfono inteligente puede traducirse en dificultades para participar en conversaciones, organizar actividades o mantener contacto con compañeros y amigos.

Según explica, la exclusión de determinadas dinámicas digitales también puede afectar el bienestar emocional de algunos menores.

Por ello, insiste en que la discusión no debe centrarse únicamente en la edad de acceso, sino también en las condiciones bajo las cuales se produce ese acceso.

El impacto de las pantallas en el cerebro en desarrollo

La preocupación de los especialistas no se limita a las redes sociales o al tiempo frente a la pantalla.

El neurofisiólogo Javier Albares advierte que el uso excesivo de dispositivos electrónicos durante la infancia y la adolescencia puede generar efectos sobre un cerebro que aún se encuentra en pleno desarrollo.

Según señala, la hiperestimulación constante provocada por las pantallas puede alterar el funcionamiento del sistema nervioso y favorecer la aparición de irritabilidad, impulsividad y trastornos del estado de ánimo.

Estas advertencias coinciden con las recomendaciones emitidas por diversas sociedades pediátricas internacionales, que aconsejan limitar el acceso a dispositivos digitales en edades tempranas y promover una supervisión activa por parte de los adultos.

Ni prohibir ni permitir sin límites

Frente a una realidad en la que los teléfonos inteligentes forman parte de la vida diaria, Soler rechaza tanto la prohibición absoluta como el acceso libre y sin supervisión.

El especialista considera que el papel de las familias es determinante para construir una relación saludable con la tecnología.

“Una cosa es un teléfono móvil, y otra es un ordenador de bolsillo con acceso ilimitado a internet”, sostiene el psicólogo.

Asimismo, añade que existe una diferencia importante entre utilizar el dispositivo en momentos concretos y permitir un acceso permanente y sin control.

“Una cosa es dejarle emplearlo en algunos momentos concretos, y otra muy distinta es darle libre acceso a él. Una cosa es que puedan llamar por teléfono y otra es darles el móvil para que estén callados, o que tengan acceso a internet sin supervisión adulta”, afirma Soler.

Una realidad difícil de ignorar

Pese a las advertencias de los expertos, los datos muestran que el acceso a los teléfonos inteligentes se produce cada vez a edades más tempranas.

Actualmente, más del 90% de los menores de 12 años ya dispone de un teléfono móvil, una cifra que refleja la magnitud del desafío para las familias y los sistemas educativos.

Los especialistas coinciden en que la solución no pasa por demonizar la tecnología ni por eliminarla de la vida cotidiana, sino por aprender a gestionarla de manera responsable.

En un entorno cada vez más digitalizado, el verdadero reto consiste en encontrar el equilibrio entre aprovechar las ventajas de la conectividad y proteger el bienestar emocional y psicológico de las nuevas generaciones.

La pregunta sobre cuándo entregar el primer móvil probablemente seguirá generando debate. Sin embargo, la evidencia científica parece apuntar hacia una recomendación cada vez más clara: cuando se trata de salud mental, esperar un poco más puede marcar una diferencia importante.

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