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Tragedia en Maldivas: lo que rodea la muerte de cinco buzos italianos en una cueva submarina
El jueves 14 de mayo, cinco ciudadanos italianos descendieron a las entrañas de una cueva submarina en el atolón Vaavu, Maldivas, en el sur de Asia, en pleno océano Índico. Nunca regresaron a la superficie.
Cuatro horas después de que iniciaran la inmersión, la tripulación del yate que los había llevado hasta allí emitió una alerta. Para cuando los equipos de rescate llegaron al lugar de los hechos, ya era demasiado tarde.
Lo que siguió durante los días posteriores fue una operación de rescate casi tan peligrosa como el propio accidente: un buzo militar de Maldivas perdió la vida en su intento por llegar a los cuerpos, las búsquedas se reprogramaron varias veces por el mal tiempo y especialistas finlandeses, australianos, británicos y estadounidenses debieron intervenir para poder extraer los restos de las víctimas de una cueva a casi 70 metros de profundidad.
Según reconocen las autoridades de las islas, se trata del peor accidente de buceo en la historia del país.
¿Quiénes eran las víctimas?
Los turistas italianos fallecidos no eran novatos en el agua. Todos tenían una relación profesional con el mar: eran biólogos marinos, instructores de buceo o ambas cosas a la vez.
Monica Montefalcone, de 50 años, era profesora de biología marina en la Universidad de Génova y una reconocida especialista en ecosistemas coralinos. Había dirigido múltiples campañas científicas en Maldivas y, de hecho, los días previos al accidente había estado trabajando en la misma zona de Alimatá en programas de investigación universitaria.
Quienes la conocían la describían como una buceadora disciplinada y rigurosa. En 2004, había sobrevivido a un tsunamimientras buceaba frente a las costas de Kenia.
Junto a ella viajaba su hija, Giorgia Sommacal. Según contó su novio al medio italiano ‘Il Messaggero’, la joven de 22 años era una apasionada por el buceo y el mar, y todos los años viajaba a Maldivas en mayo para bucear con su madre.
Muriel Oddenino tenía 31 años y era colega de Montefalcone en la Universidad de Génova, donde se desempeñaba como bióloga marina y ecóloga. Era autora de publicaciones científicas y una buceadora con experiencia comprobada.
Federico Gualtieri, también de 31 años, había terminado su licenciatura en biología marina y ecología en la misma universidad en marzo. Era alumno de Montefalcone. En su tesis, le agradecía por haberlo guiado y animado a seguir sus sueños. Era instructor de buceo además de científico.
Gianluca Benedetti, de 44 años, se desempeñaba como gerente de operaciones, era instructor de buceo certificado y capitán de barco. Su cuerpo fue el primero en ser hallado en la entrada de la cueva.
El viaje y el día del accidente
El grupo iba a bordo del Duke of York, un yate de 36 metros que opera la empresa Luxury Yacht Maldives. La expedición había sido organizada por Albatros Top Boat, un operador con experiencia en turismo científico. A bordo del barco viajaban otros 20 italianos que resultaron ilesos.
El barco había zarpado de Malé el domingo 11 de mayo hacia el atolón de Vaavu, una de las zonas menos habitadas del archipiélago y reconocida entre los expertos del buceo por sus arrecifes de coral, sus canales y sus sistemas de cuevas submarinas.
El jueves 14 de mayo, las condiciones climáticas no eran las mejores. Había sido emitida una alerta meteorológica amarilla. El mar estaba agitado y soplaban ráfagas de vientos de hasta 50 kilómetros por hora. Pese a todo, los cinco italianos decidieron descender.
La inmersión comenzó a las 9:45 de la mañana en el sistema de cuevas del canal Dekunu Kandu, cerca de la isla de Alimatá.
A las 13:45, los demás integrantes de la tripulación comenzaron a preocuparse al ver que los cinco buzos no habían regresado, por lo que decidieron alertar a la Policía de Maldivas.
Las operaciones de búsqueda y rescate comenzaron rápidamente, pero las condiciones dentro de la cueva hacían muy difíciles las tareas: había corrientes fuertes e impredecibles, pasadizos estrechos que conducían a una amplia cámara interior y oscuridad total.
La cueva
El sistema de cuevas submarinas donde tuvo lugar la tragedia es uno de los más conocidos de la zona de Vaavu. Tiene aproximadamente 200 a 260 metros de largo y su punto más profundo está a unos 70 metros bajo la superficie. La boca de entrada ya se encuentra a casi 50 metros de profundidad.
Este detalle es importante desde el punto de vista legal, ya que en Maldivas el buceo recreativo y comercial está permitido hasta un máximo de 30 metros. Para superar ese límite se necesita un permiso especial de la autoridad marítima.
Las autoridades locales aseguraron que la expedición ocurrió a profundidades muy superiores a las permitidas, e iniciaron una investigación para determinar si el grupo contaba con la habilitación correspondiente. De momento, se cree que no.
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La recuperación de los cuerpos
El viernes 15 se recuperó el cuerpo de Benedetti, en la entrada de la cueva. Las búsquedas de los cuatro restantes se suspendieron por el mal tiempo.
El sábado, la tragedia se profundizó. El sargento mayor Mohamed Mahudhee, de 43 años e integrante de la Fuerza de Defensa Nacional de Maldivas, murió durante la misión de recuperación por enfermedad de descompresión. Era uno de los buzos más experimentados del país.
El vocero presidencial Mohamed Hussain Shareef no usó eufemismos: “Su muerte demuestra la dificultad de la misión”.
La operación se retomó días después con refuerzos internacionales: especialistas finlandeses de la organización Divers Alert Network Europe (DAN Europe) y asistencia técnica de Reino Unido, Australia y Estados Unidos. El lunes 18 se localizaron los cuatro cuerpos restantes dentro de la cueva.
El martes 19, los buzos finlandeses pudieron extraer dos de ellos en una operación que demandó unas dos horas. La extracción de los últimos se esperaba para el miércoles.
¿Qué pasó dentro de la cueva?
Esa es la pregunta que todavía no tiene respuesta. Se manejan varias hipótesis, sin que ninguna haya sido confirmada ni descartada.
La primera habla sobre un problema con el aire comprimido en los tanques. Una mezcla inadecuada o la presencia de impurezas podría haber generado síntomas de intoxicación bajo el agua, lo que pudo haber entorpecido la capacidad de reacción, haciendo imposible el ascenso antes de que fuera demasiado tarde.
La segunda hipótesis es la de la desorientación dentro del laberinto de cuevas. Los sistemas de cavernas submarinas son trampas peligrosas incluso para buzos experimentados: la oscuridad total, la falta de referencias visuales y las corrientes pueden hacer que en cuestión de minutos se pierda el sentido de dirección.
La baja visibilidad provocada por el temporal y la arena removida pudo haber agravado el problema. En este escenario, el pánico juega un rol determinante: cuando un buzo se desorienta y entra en pánico, consume el oxígeno disponible mucho más rápido de lo previsto.
Una tercera posibilidad es la narcosis por nitrógeno, un fenómeno bien documentado que afecta a los buzos a partir de los 30 metros de profundidad y que altera la percepción, el juicio y la capacidad de tomar decisiones. En profundidades mayores, el efecto se intensifica y puede llevar a errores fatales en la gestión del equipo.
Por último, se evalúan también las corrientes térmicas o submarinas repentinas, que a esas profundidades pueden ser muy intensas y dificultar o directamente impedir el retorno hacia la salida.
La clave para resolver el misterio son los computadores de buceo que cada submarinista lleva consigo durante las inmersiones. Estos dispositivos registran en tiempo real la profundidad, los tiempos bajo el agua y los cálculos de descompresión.
Una vez recuperados y analizados, deberían permitir reconstruir con precisión qué hizo cada persona, a qué profundidad llegó y en qué momento dejó de haber movimiento.
La investigación y las responsabilidades
Actualmente, hay dos investigaciones en curso.
En Maldivas, las autoridades suspendieron de manera indefinida la licencia del Duke of York e investigan si la inmersión se realizó con los permisos correspondientes y si el operador turístico cumplió con las normativas locales.
Un punto clave es que, según informes locales, la propuesta presentada a las autoridades maldivas para este viaje no mencionaba el ingreso a cuevas submarinas, sino actividades de muestreo de corales en superficie.
En Italia, la Fiscalía de Roma abrió su propia investigación. La ley italiana permite que sus fiscales investiguen cuando ciudadanos nacionales cometen o sufren delitos en el exterior.
El operador turístico Albatros Top Boat, a través de su abogada Orietta Stella, declaró al diario ‘Corriere della Sera’ que la empresa no tenía conocimiento de que la expedición incluiría inmersiones profundas y que, por lo tanto, nunca solicitó el permiso correspondiente.
«Para lo que sabíamos nosotros, estas travesías científicas estaban dedicadas al muestreo de corales», afirmó.
Maldivas, por su parte, enfrenta una situación complicada. El archipiélago depende en gran parte del turismo de buceo y su reputación como destino seguro está, por primera vez en mucho tiempo, en entredicho.
Las autoridades actuaron con rapidez, pero el costo humano de la operación de rescate —incluyendo la muerte del militar Mahudhee— deja en claro cuán extremo puede ser este entorno natural cuando algo sale mal.
Con AP y medios locales
