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Trump acelera la estrategia para Cuba: presión económica y disuasión militar con la mirada puesta en el verano
Una política de “aceleracionismo” contra La Habana. Altos funcionarios estadounidenses, citados por ‘Axios’, describen la estrategia actual hacia Cuba como una forma de “aceleracionismo”: aumentar progresivamente la presión económica y política para dar celeridad al deterioro del régimen cubano sin provocar, al menos por ahora, un colapso abrupto o una intervención directa.
La lógica de la Casa Blanca sería desgastar la capacidad del Gobierno cubano para sostenerse económica y socialmente. Las fuentes aseguran que la Administración considera que el régimen atraviesa uno de sus momentos más vulnerables debido a la crisis energética, el deterioro económico y el creciente descontento social.
En esa línea, Washington ha concentrado esfuerzos en cortar uno de los principales soportes de Cuba: el petróleo venezolano. La caída de los envíos desde Caracas ha agravado la crisis energética de la isla, generando mayores apagones, escasez de alimentos y una profunda tensión social.
“Tenemos tiempo. El régimen no”, resumió un alto funcionario la visión de la Administración Trump.
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Sanciones contra GAESA, en el centro del cerco financiero
El eje más visible de la ofensiva económica ha sido la orden ejecutiva firmada por Trump el pasado 1 de mayo, dirigida contra GAESA, el conglomerado militar-empresarial que controla buena parte de la economía cubana.
Y es que las nuevas sanciones no solo afectan a empresas estadounidenses, sino también a compañías extranjeras que hagan negocios con GAESA. ‘Axios’ sostiene que navieras como CMA CGM y Hapag-Lloyd, así como la minera canadiense Sherritt International, ya habrían suspendido operaciones vinculadas a Cuba. También existiría presión sobre entidades financieras y cadenas hoteleras de España, México y Panamá.
La diferencia con respecto al embargo histórico es relevante. Mientras el embargo tradicional limitaba el comercio estadounidense con Cuba, estas nuevas medidas buscan aislar internacionalmente al aparato económico controlado por las Fuerzas Armadas de la isla.
Marco Rubio, secretario de Estado y figura central de la política latinoamericana de Trump, ha liderado esta campaña. Y el senador cubanoestadounidense ha convertido el combate contra GAESA en una prioridad diplomática y simbólica.
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El Pentágono sienta las bases de la presión militar
Aunque funcionarios estadounidenses insisten en que “no hay una invasión planeada ni inminente”, tanto ‘Axios’ como ‘Politico’ describen un incremento notable de la preparación militar estadounidense en el Caribe.
‘Axios’ reveló que el Comando Sur realizó recientemente ejercicios interinstitucionales para ensayar escenarios de crisis en Cuba. Las simulaciones incluyeron posibles disturbios masivos, respuestas a drones cubanos y escenarios de represión interna durante el verano, una etapa considerada especialmente sensible por el agravamiento de los apagones y las altas temperaturas.
‘Politico’, por su parte, describe un despliegue naval sin precedentes recientes en la región. El portaaviones USS Nimitz, acompañado de destructores y cruceros con capacidad de lanzar misiles de precisión, se encuentra operando en el Caribe. Además, se reportan vuelos constantes de vigilancia sobre territorio cubano y la posibilidad de desplegar fuerzas anfibias con miles de marines.
Analistas citados por ‘Politico’ consideran que esta presencia militar cumple principalmente una función disuasoria e intimidatoria, aunque reconocen que también permitiría ejecutar ataques selectivos o capturas de altos dirigentes cubanos si Trump lo ordenara.
Sin embargo, dentro de la propia Administración existirían dudas sobre una operación prolongada. Un asesor citado por ‘Axios’ advirtió que Trump “no quiere tropas sobre el terreno durante más de 48 horas” y teme quedar atrapado en un conflicto complejo.
¿Puede Trump hacer en Cuba lo mismo que en Venezuela?
Uno de los elementos más llamativos de los reportes es la comparación constante con Venezuela. Tanto ‘Axios’ como ‘The Guardian’ sostienen que la acusación judicial contra el expresidente cubano, Raúl Castro, recuerda el proceso político y mediático que precedió la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero.
No obstante, funcionarios estadounidenses identifican diferencias clave. La primera es que Washington aún no tiene una figura clara para liderar un eventual gobierno de transición en Cuba. En Venezuela, según ‘Axios’, Trump ya consideraba viable reemplazar a Maduro antes de la operación armada que terminó con su captura y extradición.
La segunda diferencia es institucional. El régimen cubano, aseguran funcionarios citados por ‘Axios’, ha experimentado durante décadas un proceso de descentralización parcial del poder que dificulta que la captura de una sola figura provoque un cambio inmediato de sistema.
Y la tercera es legal y política: el embargo contra Cuba está codificado por el Congreso estadounidense. Incluso si Trump quisiera normalizar rápidamente las relaciones con un nuevo gobierno, necesitaría cumplir condiciones legales vinculadas a elecciones libres, liberación de presos políticos y garantías civiles.
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El desgaste social dentro de Cuba
Más allá del componente geopolítico, los reportes coinciden en que la situación económica y social cubana atraviesa un momento crítico.
La isla se encuentra fuertemente golpeada por la inflación, el colapso energético y la escasez. Testimonios recogidos en La Habana muestran una población agotada por los apagones, el encarecimiento del combustible y la falta de medicamentos.
El Gobierno de Trump parece considerar que ese desgaste puede traducirse en nuevas protestas masivas similares a las ocurridas el 11 de julio de 2021, cuando miles de cubanos salieron a las calles exigiendo libertades y mejoras económicas.
Funcionarios citados por ‘Axios’ creen que el verano podría convertirse en un punto de inflexión: altas temperaturas, cortes eléctricos y alimentos echándose a perder sin refrigeración podrían detonar una nueva ola de manifestaciones.
Aunque la estrategia se basa principalmente en la coerción económica, Washington también intenta combinarla con ayuda humanitaria limitada.
Estados Unidos anunció recientemente 100 millones de dólares en asistencia para Cuba, con la condición de que los fondos no sean administrados por el Gobierno, sino por organizaciones religiosas y benéficas.
Funcionarios estadounidenses presentan esta política como un intento de mostrar a los cubanos que existe una alternativa económica y social fuera del control estatal.
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Marco Rubio y la construcción del relato político
Bajo este panorama, el papel del secretario de EE. UU., Marco Rubio, de padres cubanos, aparece como central en esta estrategia. Además de impulsar sanciones, Rubio ha advertido públicamente que un “Estado fallido” a 145 kilómetros de las costas estadounidenses representa una amenaza para la seguridad nacional.
‘The Guardian’ interpreta estas declaraciones como parte de una narrativa orientada a justificar medidas más agresivas. El diario británico sostiene que la difusión de supuesta inteligencia sobre drones cubanos y amenazas a Guantánamo recuerda argumentos utilizados por Estados Unidos antes de otras intervenciones militares.
La columna de opinión de Owen Jones también plantea que la Administración Trump podría estar buscando una “victoria fácil” tras el desgaste internacional derivado de la crisis con Irán.
Desde La Habana, el canciller Bruno Rodríguez ha acusado a Washington y particularmente a Rubio de manipular la opinión pública para justificar una posible intervención militar.
Pero, a pesar de la retórica dura y del despliegue militar, no existe evidencia pública de que Trump haya tomado la decisión de intervenir militarmente en Cuba. Los propios funcionarios, que hablaron bajo condición de anonimato, reconocen que la situación es compleja y que una invasión podría derivar en un conflicto prolongado e impredecible.
Lo que sí muestran las distintas acciones de Trump es una coordinación creciente entre presión económica, preparación militar y construcción narrativa. La Casa Blanca parece apostar a que el deterioro interno genere una transformación política en la isla o, al menos, abra un escenario favorable para incrementar la influencia estadounidense.
Mientras tanto, Cuba enfrenta una de las crisis más profundas de las últimas décadas, atrapada entre el endurecimiento de las sanciones de EE. UU., la fragilidad económica interna y el temor a una escalada regional de consecuencias todavía imprevisibles.
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