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Salud

Pablo Gajate, oncólogo: «El retraso diagnóstico del cáncer de vejiga a veces viene porque se confunde con otras patologías habituales»

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Pablo Gajate Borau, vocal de Investigación Clínica y Traslacional del Grupo Español de Oncología Genitourinaria.

MADRID, ESPAÑA / AGENCIA DPA.— Cada año se diagnostican en España cerca de 22.000 pacientes de cáncer de vejiga. La mayoría son varones, pero también se dan casos en mujeres, aunque en ellas la sospecha sea menor. Entre los principales factores de riesgo, el tabaquismo

La Sociedad Americana del Cáncer señala que las personas fumadoras tienen al menos tres veces más riesgo de desarrollar este tumor y que el tabaco es el causante de alrededor de la mitad de los casos. Pablo Gajate Borau, vocal de Investigación Clínica y Traslacional del Grupo Español de Oncología Genitourinaria (Sogug, por sus siglas en inglés: Spanish Oncology Genito-Urinary Group) y médico adjunto del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid), explica los principales signos de alerta y cómo ha cambiado el pronóstico de este tipo de cáncer en los últimos años.


—¿El cáncer de vejiga da síntomas?

—Sí, sí da síntomas y además son fácilmente identificables. El más frecuente, que tienen más del 90 % de los pacientes, es la hematuria: presencia de sangre en la orina. Habitualmente es visible a simple vista. También pueden aparecer otros, como sentir un poco de escozor al orinar e ir al baño con más frecuencia o cierta urgencia. El problema que tienen estos signos es que no son nada específicos del cáncer de vejiga y pueden confundirse con otros problemas que pueden no ser tan graves, como una infección de orina o una hiperplasia benigna de próstata. Muchas veces el retraso en el diagnóstico del cáncer de vejiga viene porque se confunde esta patología con otras más habituales.

—No se deben ignorar ninguno de estos síntomas si se dan. 

—Sin ninguna duda, creo que cualquier persona que presente hematuria debe consultar por lo menos con su médico de atención primaria y que sea él el que haga un primer diagnóstico diferencial. Y si considera que hay alguna posibilidad de que el paciente presente un cáncer de vejiga, pues remitirle al servicio de urología.

—¿Qué porcentaje de casos se suele detectar a tiempo?

—La gran mayoría, en torno al 70 % de los pacientes presentan un cáncer de vejiga en fases iniciales, cuando el tumor es aún superficial. Esto facilita tanto que el tratamiento sea más eficaz, como que las probabilidades de recaída sean menores. Sin embargo, todavía hay un porcentaje relevante que se diagnostica en fases más avanzadas. Es en este último grupo en el que estamos intentando centrar la investigación y mejorar los resultados.

—¿Cómo suele ser el perfil de un paciente con cáncer de vejiga?

—Lo habitual es que sean mayores, por encima de 70 años. A lo mejor son pacientes que no consultan tanto a su médico de atención primaria. También se asocia mucho al tabaco, por lo que habitualmente suelen ser pacientes mayores y fumadores. Es verdad que también se ven casos, aunque no tan frecuentes, en mujeres y personas más jóvenes; pero únicamente uno de cada cuatro pacientes con cáncer de vejiga es mujer. 

—¿Los síntomas en mujeres suelen ser los mismos que en los hombres?

—Los síntomas suelen ser los mismos. El problema es que una infección urinaria, que es la principal enfermedad con la que se suele confundir el cáncer de vejiga, es mucho más frecuente en una mujer que en un varón. En ocasiones el retraso del diagnóstico en la mujer puede venir por este motivo. 

—¿Cuál es el pronóstico?

—Depende de cuándo se diagnostique. En fases iniciales, cuando el tumor está localizado y son superficiales, tienen mejor pronóstico, se hacen tratamientos locales y el paciente puede preservar la vejiga. Hay un gran porcentaje de curación. Cuando la enfermedad está más avanzada y afecta a capas más profundas de la vejiga, habitualmente el tratamiento tiene que ser más agresivo, aunque el paciente todavía tiene la posibilidad de curación. En cambio, cuando se desarrolla metástasis, la posibilidad de curación a día de hoy no la tenemos, pero es verdad que con todos los avances que ha habido en los últimos años, hablamos de supervivencias muy prolongadas y unos resultados muchísimo mejores de lo que teníamos hace solo cinco o diez años.

—¿Qué opciones de tratamiento hay a día de hoy para un cáncer de vejiga?

—En pacientes con tumores localizados, el objetivo es intentar preservar la vejiga. En caso de que no sea posible, habría que hacer una cirugía e intentamos poner tratamientos antes y después de esta. Cuando la persona ya ha desarrollado metástasis, hay que decir que ha habido grandes avances para el tratamiento en estos últimos años. Clásicamente, desde los años ochenta, se aplicaba un tratamiento con quimioterapia. Ahora, tenemos fármacos que han empezado a desplazar este tipo de terapia.

La inmunoterapia ha sido la gran irrupción de la oncología en la última década y se ha instaurado como tratamiento estándar en este tipo de cáncer, pero es que nuevos fármacos como los anticuerpos conjugados (ADC, por sus siglas en inglés), ya están instaurados en la primera línea de tratamiento frente al cáncer de vejiga; así como terapias dirigidas para mutaciones específicas de determinados tumores. Vamos avanzando hacia una medicina más personalizada y las opciones que tenemos para los pacientes ahora mismo son muchísimo más variadas y muchísimo más específicas que lo que teníamos hace diez años.

—¿Podría decirse que la supervivencia es más alta?

—Sí, la supervivencia en los últimos diez años se ha triplicado. 

—¿Se puede prevenir un cáncer de este tipo?

—Se puede disminuir su riesgo, aunque no existen cribados como una mamografía para el cáncer de mama. Para reducir el riesgo al máximo posible la principal medida es dejar de fumar. Como he dicho, el tabaquismo es su principal factor de riesgo. Además, hay que hacer concienciación para tenerlo presente: es un tumor más frecuente de lo que consideramos. En caso de que aparezca algún síntoma, como sangre en la orina, hay que consultar a un médico para que nos haga las pruebas necesarias.

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