Salud
Pere Estupinyà, bioquímico: «La etapa entre los 40 a los 55 es la más estresante en nuestras vidas»
MADRID, ESPAÑA / AGENCIA DPA.— Pere Estupinyà (Tortosa, 1974), químico, bioquímico y divulgador científico, no le preocupa envejecer. Pero sí le ha dado vueltas durante estos últimos años a qué le gustaría ser de mayor. Una pregunta que da título a su nuevo libro, publicado por Debate.
«Al cumplir los 50, pensé: ¿Y ahora qué? Diría que antes de tener a mis dos hijas vivía muy al día a día. Ahora pienso más en el futuro», confiesa. Unas reflexiones personales que combina con investigaciones académicas: la longevidad y el envejecimiento desde una perspectiva puramente biológica.
Su carrera como divulgador científico arrancó en el programa Redes de Eduard Punset, fue Knight Science Journalism Fellow en el MIT, trabajó en los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, ha impartido conferencias por toda España y América Latina, y ha participado en infinidad de proyectos de comunicación científica.
—¿Considera que el edadismo está instaurado no solo en la sociedad, sino también a la hora de hablar en términos de salud?
—Sí, yo creo que el edadismo tiene varias caras. Puede ser institucional, cultural, etcétera. Incido mucho en el autoedadismo o edadismo autoinfligido, porque creo que va a ir desapareciendo o, por lo menos, reduciéndose. La gente cada vez es menos edadista hacia sí misma. Ahora se está llegando a los 60, 70 y 80 mucho más empoderados. No se trata de ser viejo, sino de estar viejo según la funcionalidad, la enfermedad, la mentalidad… Y cómo te percibas a ti mismo. No se trata ya de cuántos años tengas.
—En el libro, habla de la edad prospectiva, ¿qué es exactamente?
—La edad prospectiva es el cálculo estimado de cuántos años te quedan por vivir. Nadie sabe si va a tener un accidente de coche la semana que viene, pero estadísticamente lo que se ve es que tenemos una edad prospectiva mucho mayor de lo que imaginamos. Por ejemplo, una persona que ahora cumpla los 60 años tiene el 50 % de posibilidades de pasar de los 90. Una de cada dos personas que ahora tienen 60 años pasará de los 90. Esto, no nos lo terminamos de creer. Tenemos muchos más años por delante y de mejor calidad, ese es el cambio cultural. Lo sabemos, pero no lo asumimos.
—Con la etiqueta «longevidad», se pueden encontrar muchos productos en el mercado. Por ejemplo, la dieta de la longevidad, o el suplemento con el mismo apellido. ¿Qué opinión tiene sobre todo esto?
—Hay dietas sanas y otras que lo son menos. Los nutricionistas lo saben. La dieta mediterránea es muy buena, pero hay otras en el mundo que también lo son. ¿Dietas milagrosas? Cada año aparecen varias en redes sociales. Luego hay sustancias que sí se ha visto que tienen beneficios. Por ejemplo, sabemos que el omega 3 es cardioprotector. No soy contrario al concepto de medicina preventiva y de intentar optimizar la salud. Creo que si lo hacemos con información rigurosa, está bien que intentemos estar lo más sanos posibles. Pero hay mucha gente vendiendo exageraciones porque son rentables, ya sea en forma de «me gustas» en redes o de libros.
—¿Cómo influye el estrés en el envejecimiento?
—El estrés es uno de los factores que más daño celular provocan en su relación con el envejecimiento. Es como un acelerador que pone a tope a todo tu sistema. Te aumenta el cortisol, te debilita el sistema inmune. Sufrirlo de forma puntual no es grave, pero que lo padezcas de forma continuada sí que es problemático y te puede hacer envejecer más rápido. Además, este está relacionado con la falta de descanso. El sueño es reparador, no solo a nivel cognitivo, también físico. La mayoría de personas que tienen insomnio es por estrés, no por otras cosas. Y padecerlo, te hace comer peor. Se da una cascada de desajustes que contribuyen al envejecimiento.
—Un estrés que baja con la jubilación.
—Esto está muy relacionado con la curva de la felicidad que a partir de los 55 a los 60 años, empieza a subir. Claramente la etapa entre los 40 a los 55 es la más estresante en nuestras vidas y es en la que se ve unos niveles más bajos de felicidad y bienestar. Se juntan presiones laborales, económicas, si hay niños todavía no son independientes, etcétera.
—¿Llegaremos a ver fármacos antienvejecimiento?
—Creo que sí, pero mucho más tarde de lo que algunos plantean. Lo que sucede es que aquí hay un matiz interesante: no es lo mismo antienvejecimiento que rejuvenecimiento. Es decir, fármacos que puedan hacer que el envejecimiento vaya más lento, de alguna manera ya los hay, como una estatina que te protege de temas cardiovasculares o fármacos para el control de azúcar. Estos ejemplos ya son antienvejecimiento. Habrá otros más sofisticados que llegarán en los próximos años. Si bien los más «futuristas», el rejuvenecimiento celular con terapias génicas, lo veo mucho más lejano.
—¿Qué es la gerontolescencia?
—No es un término científico en el sentido de que está empíricamente demostrado que todos pasamos por una etapa así. Es un término quizás más sociológico, que planteó por primera vez un director de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La gerontolescencia es la etapa de transición entre la madurez y una tercera edad entendida como algo positivo. En el libro planteó la cuarta edad como algo negativo. Es el momento donde alguien ya se percibe como mayor, que está entrando en otra fase. Suele coincidir mucho con la prejubilación o el momento después, y que al mismo tiempo te sientas súper bien físicamente, cognitivamente y socialmente, a nivel de energía. Unos meses o incluso años de llevar una vida de gerontolescente en el sentido de mucha actividad y alegría. Esta sería la gerontolescencia que después lleva a una etapa más tranquila, pero igualmente beneficiosa.
—Los jubilados ya no observan obras, casi que participan en ellas.
—Sí, ya no hablamos de envejecimiento activo, sino participativo. Con esta nueva longevidad donde la esperanza de vida es mayor, las capacidades de los mayores son enormes y tienen mucha experiencia y contactos. Se les tiene que aprovechar más y ellos mismos tienen que ser participativos. Están en temas de voluntariado sénior, de asociacionismo, creo que lo bonito es que no sea solo para distraerse ellos, sino para contribuir a mejorar aspectos de su pueblo, barrio, ciudad, lo que sea. Les da una motivación, lo cual es bueno para ellos, pero también tiene beneficios el entorno.
—Pere, y usted, ¿qué quiere ser de mayor?
—No tengo una única respuesta (ríe). No puedo decir músico o piloto. He analizado todas las dimensiones que planteo en el libro y voy tomando como micro-decisiones o micro-objetivos de cada aspecto: quiero ser una persona lo más longeva posible, lo más sana posible, lo más feliz posible, muy rodeada de amistades, vivir entre la ciudad y el campo y poder elegir cuándo estar en un sitio u otro, y muy conectado a mi familia. Trabajando bastante, pero a un ritmo más bajo del que tengo ahora.
