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Trump y las midterms: el costo del diésel y la gasolina y la inminente factura en las urnas
«Basta con observar los precios de la gasolina y el diésel para encontrar una explicación clara de lo que parece ser un inminente cambio en el control del Congreso de los Estados Unidos«. Así resume el economista en jefe de la consultora RSM en Reino Unido, Joseph Brusuelas, la perspectiva del impacto electoral para Donald Trump del repunte de tarifas energéticas, en entrevista con France 24 en Español.
El encarecimiento de los combustibles, en especial del diésel, se ha convertido en un problema económico y político para Donald Trump en un momento crucial por las elecciones legislativas de Estados Unidos del 3 de noviembre.
La gasolina afecta directamente a millones de conductores, mientras que el diésel encarece el transporte de mercancías y los costos agrícolas. «Esto puede resumirse en las dos grandes ‘G’ en Estados Unidos: «gasoline and groceries» (gasolina y comestibles)», subraya Brusuelas.
Es que el precio promedio del diésel en Estados Unidos subió a 6,28 dólares por galón y el de la gasolina ronda los 4,30 dólares.
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El alza progresiva, disparada por la guerra iniciada por EE. UU. e Israel contra Irán en febrero pasado, mantiene acorralados a agricultores, transportistas, empresas y consumidores y amenaza con pasarle una costosa factura al oficialismo republicano en las llamadas midterms o elecciones de medio mandato.
Antes del ataque a Irán -el 28 de febrero de este año-, «Trump no parecía demasiado preocupado por esta elección, aunque ya daba por perdido el control de la Cámara de Representantes -el Congreso actual está bajo el control del oficialista Partido Republicano, que mantiene una mayoría en ambas cámaras-. Pero, ahora, enfrenta la posibilidad real de perder también el Senado y varias gobernaciones «, advierte el analista económico y presidente del Consejo Consultivo de la Fundación Chase, Alejandro Chafuen, a France 24.
«En mayo, participé de una reunión de grandes líderes políticos y funcionarios del mundo conservador y liberal de Estados Unidos, donde el diagnóstico que circulaba era que si el precio de la gasolina no bajaba de 3,50 dólares, no había chances reales para los republicanos, especialmente en el Congreso», añadió al recordar que cuando Trump asumió su segundo mandato, el precio promedio de la gasolina rondaba los 3 dólares por galón y ahora ha escalado a los 4,30 dólares.
Por eso, el presidente enfrenta ahora una batalla para reforzar su base electoral y calmar el descontento de agricultores, camioneros y conductores agotados por una gasolina a más de 4 dólares y un diésel en récords, de acuerdo con los analistas.
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La inminencia de un «voto castigo»
En Estados Unidos, como en gran parte del mundo, el tema económico es un determinante electoral e, históricamente, los partidos en el poder enfrentan un voto de castigo cuando la inflación y los combustibles registran alzas extensas antes de unas elecciones midterms.
«Se trata, sencillamente, de llegar a fin de mes en el hogar estadounidense medio. El aumento del 43,2% en el precio de la gasolina y del 67,8% en el del diésel, teniendo en cuenta las distancias que muchos estadounidenses recorren cada día, ha generado una presión notable en el presupuesto familiar», detalla el experto de RSM.
Por su parte, Philip K. Verleger, un economista experto en mercados energéticos y presidente de la firma PKVerleger LLC, resalta que el tema de los combustibles es especialmente sensible en este país: «Disponemos de muy poco transporte público. Es posible que los ciudadanos estadounidenses tengan que conducir más para realizar actividades esenciales que la gente en Europa. Esto significa que los consumidores no pueden reducir sus compras de gasolina».
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Una encuesta de Reuters/Ipsos de octubre parece confirmar esa preocupación. El sondeo indica que cerca del 80% de los estadounidenses encuestados responsabilizaba a Donald Trump por el aumento de los precios, en medio de un creciente descontento económico.
Y de poco sirven las justificaciones de Trump de proteger el país. De acuerdo con Chaufen, al votante medio «no le interesan las razones de geopolítica o seguridad nacional que llevaron al ataque contra Irán; le interesa, quizás más que con cualquier otro bien, lo que sucede con el precio de la gasolina en su vida diaria. Es una señal de que las cosas andan mal. El diésel mueve los camiones de carga y las cosechadoras, así que su encarecimiento se traslada directamente al costo de los alimentos, la ropa y otros productos básicos».
Incluso, agricultores y transportistas de estados tradicionalmente republicanos, como Iowa y Kansas, están sintiendo el impacto del combustible caro. «Y los votantes rurales son clave para el Partido Republicano. Pierden en las zonas urbanas. Quienes viven en zonas del campo consumen más gasolina», describe Verleger.
La consecuencia electoral potencial es clara: si los votantes perciben que el Gobierno no logra controlar el costo de vida, los candidatos republicanos podrían pagar parte del precio en las urnas, especialmente en distritos competitivos y estados agrícolas. Aunque se trata de un riesgo, no de un hecho, los analistas van más por la primera opción: el voto castigo.
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¿Medidas de Trump sin efecto?
El precio del diésel es algo que todo el mundo ve constantemente en el cartel de las estaciones de servicio y que, realmente, no depende de quién esté en la Casa Blanca, sino de mercados globales, pero el votante igual responsabiliza al gobierno de turno, explica Chafuen.
Por eso, en respuesta, un Donald Trump desesperado por bajar los precios ha impulsado una serie de medidas, muchas de ellas costosas y políticamente delicadas.
“El presidente quiere que bajen los precios del diésel, por eso ha tomado medidas históricas para que los agricultores, camioneros y trabajadores estadounidenses ahorren hasta el último centavo que tanto les ha costado ganar”, afirmó Taylor Rogers, portavoz de la Casa Blanca.
Pero, las medidas anunciadas todavía no han producido un alivio significativo -los precios del diésel volvieron a subir a mediados de octubre- y algunas ayudas a los agricultores llegarán solo después de las elecciones del 3 de noviembre.
El Gobierno del magnate republicano, por ejemplo, ha ofrecido miles de millones de dólares en ayudas para el diésel de los agricultores, flexibilizado las normas para los camioneros, suavizado sanciones al diésel ruso -con lo que llegó a un acuerdo de suministro con el presidente Vladimir Putin- y presionado a los aliados europeos para que liberen reservas de emergencia.
Trump firmó también una orden ejecutiva de emergencia para permitir que camiones de carga utilicen en las autopistas el llamado diésel teñido de rojo. Se trata de un combustible exento del impuesto federal de carreteras (24.4 centavos por galón) y que usualmente está destinado a tractores y maquinaria agrícola.
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Sin embargo, esa acción tampoco está funcionando como se esperaba, entre otras razones porque los agricultores y transportistas aducen que el tinte rojo deja un residuo químico en los tanques que dura años y, si autoridades estatales los inspeccionan después de que expire el decreto en diciembre, se enfrentarán a multas de miles de dólares.
David Fialkov, principal lobista de NATSO, una organización comercial que representa a los mayores operadores de paradas de camiones de EE. UU., afirmó que sus miembros destacan el esfuerzo de Trump, pero que conlleva demasiado riesgo.
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El acuerdo del diésel con Putin: «¿Pintalabios en un cerdo?»
Para frenar el encarecimiento en el sector energético, que se vincula directamente al conflicto con Irán y los ataques en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica del comercio petrolero, Trump negoció directamente con el presidente ruso, Vladimir Putin, la importación y liberación de millones de barriles de diésel ruso en los mercados.
«El acuerdo con Putin busca abaratar el costo de vida para los consumidores estadounidenses, pero dudo que tenga un efecto real antes de las midterms. Solo el fin de las guerras en Irán y Ucrania podría mejorar el escenario, y eso recién se notaría en el mediano o largo plazo. No hay tiempo para que ocurra antes del 3 de noviembre, y Trump ya perdió credibilidad en la materia. Su estrategia y narrativa sobre Venezuela tampoco tendrán éxito mientras los consumidores no vean un alivio concreto en el precio del combustible», afirma Chafuen.
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El primer cargamento de 40.000 toneladas zarpó hacia Nueva York. El envío se realizó a bordo del buque de bandera maltesa Agioi Fanendes, que partió el 22 de octubre y se estima su arribo a las costas estadounidenses para el 7 de noviembre.
Pero ese pacto detonó una tormenta en Washington. Senadores, incluidos republicanos y demócratas, condenaron ese acuerdo y aseguraron que viola las leyes estadounidenses de 2022 diseñadas para asfixiar económicamente a Moscú y frenar el financiamiento de su ofensiva militar.
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Del lado internacional, el mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, calificó la decisión como un «paso débil» de Washington que menoscaba las sanciones globales contra Rusia.
Brusuelas coincide en subrayar el bajo impacto de la decisión de Trump y la califica como un «ruido» en vísperas electorales.
«El acuerdo con Rusia simplemente no es lo suficientemente grande como para provocar una caída significativa de los precios del gasóleo y, si es que llega a producirse, será mucho después de la jornada electoral», afirma el experto.
«En primer lugar, las 300.000 toneladas métricas de diésel solo bastan para cubrir 12 horas de suministro, dada la demanda diaria. En segundo lugar, Rusia simplemente no dispone de la capacidad de excedentes necesaria para cumplir los objetivos a mediano o largo plazo que implica el acuerdo. Por lo tanto, se puede considerar más bien como ruido en torno a las elecciones estadounidenses y algo que no tendrá repercusión en los mercados energéticos mundiales». añade.
Verleger resume este esfuerzo de Trump en la expresión popularizada por Dick Cheney y Barack Obama: «Es ponerle pintalabios a un cerdo», lo que se traduce en un intento superficial sin nada de fondo.
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«Un punto de inflexión» para los demócratas y los republicanos
«La tendencia apunta en la misma dirección: pérdida de terreno republicano. El tema de la gasolina funciona además como símbolo de una promesa incumplida: Trump ofreció bajar el costo de vida y el precio subió», afirma Chafuen al remitirse a las encuestas de Reuters y de la consultora Rasmussen.
Es que la mayoría del Partido Republicano se consolidó en 2024 sobre la base de promesas relacionadas con la estabilidad de los precios. Pero, justamente, las decisiones políticas concretas de la mayoría gobernante en materia de comercio y la guerra con Irán son los principales factores que influyeron en el repunte de los precios y la inflación general.
Para Brusuelas, debido a esas decisiones, el electorado estadounidense «parece dispuesto a instaurar una nueva mayoría gobernante en el Congreso». Para este economista, «se trata del punto de inflexión decisivo que dará lugar al control demócrata de ambas cámaras del Congreso de los Estados Unidos».
En esto coincide Philip K. Verleger al detallar: «Lo cierto es que los precios saltan a la vista cada vez que sales de casa (…) y eso ayudará a los demócratas a conseguir cinco escaños adicionales en la Cámara de Representantes, además de los que ya han ganado».
No obstante, los pronósticos alentadores para la oposición progresista matizan que puede tratarse de un impacto a corto plazo en los bolsillos, dado que no se vislumbra un fin de la guerra comercial, ni de la guerra en Irán.
A ello se suman otros desafíos de los demócratas, como la inmigración y la política del ICE.
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Del lado republicano, la guerra en Irán, que expertos apuntan como detonante del repunte de petróleo, también divide internamente al partido oficialista.
De acuerdo con Chafuen, parte del quiebre interno republicano se visibilizó con el tema de las exportaciones de diésel.
El senador Chuck Grassley, de Iowa, impulsó con fuerza una prohibición temporal de 90 días a las exportaciones, comparándola con los embargos agrícolas que presidentes de los años setenta impusieron cuando subían los precios de los alimentos.
Trump respaldó la idea, pero chocó de inmediato con la resistencia de senadores de estados petroleros y de las propias petroleras, que advirtieron que la medida podría encarecer aún más los precios en vez de bajarlos.
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