Internacionales
Armenia en víspera electoral: qué hay detrás del acercamiento a Europa y la distancia de Rusia
En Ereván, el clima preelectoral atraviesa por una mezcla de desgaste, polarización y búsqueda de rumbo, en un país que todavía intenta definir qué modelo de seguridad, democracia y pertenencia internacional puede sostener después de sus crisis recientes.
En esta atmósfera aterrizó este mes una doble cita europea, casi como una escena preparada para condensar todas esas tensiones. Primero, la cumbre de la Comunidad Política Europea y, al día siguiente, la primera cumbre bilateral entre Armenia y la Unión Europea. Ereván se llenó de banderas, accesos restringidos, controles de seguridad, caravanas oficiales y líderes europeos.
Detrás de las fotos diplomáticas, el primer ministro armenio, Nikol Pashinian, expuso su apuesta europea, intentando colocar al país en un nuevo lugar del mapa político internacional.
Una extensión de tu navegador parece estar bloqueando la carga del reproductor de video. Para poder ver este contenido, debes desactivarla en este sitio.
La imagen era potente. Armenia, un país pequeño, golpeado por la guerra, la pérdida de Nagorno Karabaj, el desplazamiento de su población armenia y la crisis de confianza con Rusia, recibió a líderes europeos en una cumbre de alto nivel. Para el Gobierno, esa foto funcionó como una respuesta visual a las preguntas que atraviesan a la sociedad armenia desde hace años.
La VIII Cumbre de la Comunidad Política Europea constituyó una puesta en escena del rumbo político que Pashinian quiere consolidar, diversificando sus alianzas y desplegándose como una democracia en una región donde ese concepto no siempre define las reglas del juego.
Leer tambiénArmenia se aleja de Rusia y estrecha lazos con la Unión Europea
La cumbre como escenario electoral
La Comunidad Política Europea llegó a Armenia en una etapa de transición geopolítica y fuerte tensión interna. En ese escenario, Pashinian pone en marcha la campaña con la apuesta política de transformar el peso de las recientes derrotas en un argumento a favor de la paz regional.
Después de haber conducido al país durante la guerra de Nagorno Karabaj contra Azerbaiyán en 2020 y, posteriormente, el desplazamiento forzoso de su población armenia y la pérdida total del control sobre el territorio en 2023, el primer ministro intenta presentarse como el único dirigente capaz de cerrar ese ciclo de violencia y evitar nuevas hostilidades con su vecino.
Leer tambiénEl trauma en Nagorno Karabaj, la herida abierta de los armenios
Su discurso electoral se apoya cada vez más en una contraposición que expone, por un lado, a su gobierno como una oportunidad de paz, apertura regional y normalización; y por el otro, a la oposición como el riesgo de regresar a la lógica de la guerra, el aislamiento y las viejas dependencias.
Esa tensión explica por qué la cumbre tuvo un peso que excedió la agenda oficial. Para el Gobierno armenio, organizar un evento de esta magnitud permitió mostrar eficiencia, reconocimiento internacional y capacidad de interlocución con los principales actores europeos. En paralelo, sus críticos cuestionan qué tan concreto es ese respaldo, cuando persisten amenazas por parte del régimen azerbaiyano de Ilham Aliyev, prisioneros armenios detenidos en Bakú y presiones en torno a cuestiones internas de Armenia, como exigencias de enmiendas constitucionales.
La cumbre bilateral Armenia-Unión Europea del 5 de mayo reforzó el argumento de que Armenia “ya no es simplemente un vecino periférico de Europa”, sino un socio con una agenda propia. En esa jornada, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, impulsaron los debates en torno a temas como conectividad, energía, transporte, reformas, resiliencia democrática y cooperación económica; mientras la parte armenia puso sobre la mesa discusiones en torno a la liberación del visado europeo para los ciudadanos armenios y el proceso de adhesión de Armenia al bloque europeo.
En esta dirección, la idea de viajar a Europa sin visa o de imaginar a Armenia más cerca del espacio europeo despierta expectativas concretas en los ciudadanos armenios, que ven en ese camino una promesa de movilidad, oportunidades y pertenencia a otro marco político.
Para el Gobierno de Pashinian, ese entusiasmo puede convertirse en un recurso electoral y presentar la orientación europea como algo capaz de tocar la vida cotidiana de los ciudadanos. Europa aparece cada vez más como una palabra de campaña, al tiempo que el oficialismo impone el discurso de un lazo estrecho de los principales candidatos de la oposición con Rusia, hasta el punto de acusarlos de ser agentes del Kremlin y responder a sus intereses.
Leer tambiénArmenia y la UE firman acuerdos de cooperación en una histórica cumbre
Macron, Aznavour y la diplomacia emocional
En medio de la agenda formal, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ocupó un lugar propio. Su visita a Armenia no fue una más. En las calles, en redes sociales y en los videos que circularon durante esos días, el mandatario francés apareció rodeado de una popularidad que pocos líderes extranjeros logran despertar en Ereván.
Caminó, saludó, se fotografió con niños, salió a correr por las mañanas y protagonizó una de las escenas más comentadas de la visita: cantó “La Bohème” de Charles Aznavour, mientras Nikol Pashinian lo acompañaba en la batería. La imagen tenía todos los elementos para volverse viral: un presidente francés interpretando la canción de las figuras más queridas de la cultura franco-armenia y un primer ministro armenio fuera del registro rígido del protocolo. Durante sus casi tres días de estancia en el país caucásico, hubo gestos pensados para ser vistos, compartidos y comentados.
Francia tiene un lugar especial en el imaginario armenio; por su diáspora, por su historia de reconocimiento del genocidio armenio, por sus posiciones críticas frente a Azerbaiyán y por la manera en que Macron ha buscado mostrarse como uno de los líderes europeos más sensibles a la causa de esa nación. A estos puntos se suma al reciente suministro de equipamiento militar, que el líder armenio prometió exhibir en un desfile militar el próximo 28 de mayo, aniversario de la primera independencia del país.
En la dimensión política, este panorama le dio a Pashinian una fotografía de cercanía con uno de los líderes europeos más queridos por una parte importante de la sociedad armenia y se apropió de una forma de diplomacia emocional que conecta con la calle en un contexto de campaña electoral.
Leer tambiénLíderes europeos y Canadá estrechan lazos en una cumbre de seguridad ante fracturas con EE. UU.
Europa como promesa y como límite
El acercamiento de Armenia a Europa tiene un componente aspiracional, pero también uno defensivo. No nace solamente de una afinidad ideológica con los valores occidentales, sino también de una decepción profunda con Rusia y sus mecanismos de seguridad.
Después de 2020 y, sobre todo, después de 2023, una parte importante de la sociedad armenia dejó de creer que Moscú pudiera o quisiera proteger los intereses vitales del país. Esa fractura abrió espacio para que Pashinian profundizara su discurso de diversificación, mediante una aproximación mayor a Europa y Estados Unidos, y más distancia respecto de la alianza rusa que ya no ofrece la misma certidumbre.
Pero el camino europeo tampoco está libre de contradicciones. La Unión Europea respalda la democracia armenia, financia programas, envía señales políticas y reconoce la importancia estratégica del país. Sin embargo, su capacidad de actuar frente a Azerbaiyán tiene límites. Bruselas puede acompañar reformas, promover conectividad y hablar de paz regional, pero no necesariamente está dispuesta a asumir compromisos de seguridad duros.
Pashinian intenta mostrar que Armenia está saliendo del aislamiento y que su Gobierno logró llevar al país a una nueva plataforma internacional. Su relato insiste en que Armenia sobrevivió a una etapa traumática, rompió dependencias peligrosas, defendió su democracia y ahora empieza a ser reconocida por Europa como socio político. Sus opositores responden que las cumbres no protegen fronteras, ni liberan prisioneros y que el reconocimiento europeo no compensa la pérdida de Nagorno Karabaj, tema que quedó totalmente al margen de las instancias europeas en Ereván.
Esa diferencia entre respaldo político y garantía estratégica será una de las claves del debate electoral. Ambas narrativas tendrán eco porque tocan fibras reales de la sociedad armenia. Hay cansancio de la dependencia rusa, pero también miedo a quedar en una zona gris. Hay deseo de Europa, pero también frustración cuando Europa no actúa con la contundencia que muchos armenios esperan. Hay orgullo por ver a Ereván convertida en escenario de grandes cumbres, pero también dolor por lo que quedó fuera del encuadre.
En esa tensión se juega buena parte de la legitimidad política de Pashinian; entre una narrativa y otra se moverá el electorado.
