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Banco Central de RD en alerta por alza de tasas de bonos en EE. UU.

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El alza de los bonos estadounidenses puede encarecer el financiamiento externo dominicano

Santo Domingo.– El aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos comienza a convertirse en un factor de atención para República Dominicana, debido a su incidencia sobre el costo del financiamiento externo y las condiciones financieras internacionales. Ante este escenario, el Banco Central de la República Dominicana mantiene un seguimiento continuo de las tasas de interés y de los posibles efectos que puedan generar sobre la economía nacional.

La institución explicó que la evolución de los mercados financieros internacionales durante 2026 ha estado marcada por una elevada incertidumbre, mayor volatilidad y un incremento de las expectativas de inflación en las principales economías.

En Estados Unidos, el movimiento ha sido particularmente visible en los bonos de mayor plazo. El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años pasó de 4.17 % al inicio del año a 4.84 % al cierre del 9 de septiembre, un incremento de 67 puntos básicos.

En tanto, el bono a 30 años aumentó de 4.84 % a 5.29 %, para una subida de 45 puntos básicos, alcanzando niveles que no se observaban desde 2007.

Más presión sobre las tasas de largo plazo

El Banco Central señala que el comportamiento de los mercados ha estado influido, entre otros factores, por el aumento de los acontecimientos geopolíticos y comerciales, particularmente la intensificación del conflicto entre Estados Unidos e Irán y el consecuente incremento de los precios del petróleo.

Estos acontecimientos elevaron los riesgos inflacionarios y modificaron las expectativas sobre las tasas de interés de largo plazo. Al mismo tiempo, los principales bancos centrales han asumido una posición más cautelosa frente a la posibilidad de reducir sus tasas de referencia.

Sin embargo, durante el tercer trimestre la curva de rendimientos estadounidense presentó una dinámica diferente. Los rendimientos de los títulos de mayor vencimiento aumentaron con mayor intensidad, incluso en un contexto en el que algunos indicadores económicos mostraban señales de moderación.

La inflación se situó en 3.4 %, por debajo de su máximo registrado durante el año y en línea con las expectativas de los analistas.

Para el Banco Central, esto apunta a que otros elementos, más allá de la trayectoria esperada de la Reserva Federal, están cobrando importancia en la determinación de las tasas de largo plazo.

Entre ellos figuran las presiones fiscales, las necesidades de financiamiento del Gobierno estadounidense, el aumento de la oferta de activos de renta fija y los cambios en la composición de los inversionistas que compran títulos del Tesoro.

La deuda estadounidense, otro foco de presión

Las preocupaciones fiscales han ganado peso. El 19 de agosto, el Departamento del Tesoro confirmó que la deuda pública de Estados Unidos superó por primera vez los US$40 billones.

El dato aumenta las necesidades de financiamiento del Gobierno y, por consiguiente, el volumen de deuda que debe ser absorbido por los mercados. Esta presión se ha reflejado especialmente en el tramo largo de la curva, donde el rendimiento del bono a 30 años alcanzó su mayor nivel en aproximadamente 19 años.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha planteado medidas de consolidación fiscal y ha señalado que existe una alta probabilidad de que el déficit haya alcanzado su punto máximo durante la administración Trump.

No obstante, reducir significativamente el déficit en el corto plazo enfrenta limitaciones por el elevado peso de programas obligatorios como Seguridad Social, Medicare y Medicaid, además del pago de intereses de la deuda federal.

Por ello, si los déficits permanecen elevados, el Gobierno tendría que mantener importantes niveles de emisión de títulos, una situación que podría incrementar la prima exigida por los inversionistas para mantener deuda de largo plazo.

Competencia por el dinero de los inversionistas

A esta situación se suma el crecimiento de la deuda corporativa. Para 2026 se estima que las emisiones de deuda corporativa con grado de inversión alcancen US$1.9 billones, por encima del récord de US$1.66 billones registrado en 2020.

Las emisiones con vencimientos superiores a 10 años rondarían los US$380 mil millones y aproximadamente el 38 % estaría relacionado con empresas vinculadas al sector de inteligencia artificial.

Mientras tanto, la estructura de los tenedores de deuda estadounidense también ha cambiado. Los inversionistas privados mantienen actualmente alrededor del 70 % de la deuda emitida por el Tesoro, mientras la participación de la Reserva Federal y de otros bancos centrales extranjeros se ha reducido o estabilizado.

Esta mayor dependencia de inversionistas privados hace que la demanda sea más sensible a los rendimientos y puede presionar al alza el costo de financiamiento del Gobierno estadounidense.

Japón y el mercado de bonos

Otro episodio que ha incidido en el mercado ocurrió a finales de julio, cuando el yen japonés se depreció hasta niveles cercanos a 164 por dólar.

El 30 de julio, el Ministerio de Finanzas de Japón realizó una intervención estimada en ¥8.45 billones, unos US$53 mil millones. Al día siguiente, el Tesoro estadounidense participó en una intervención coordinada, mediante el Banco de la Reserva Federal de Nueva York.

El movimiento tuvo una consideración adicional: Japón es el principal tenedor extranjero de deuda del Tesoro estadounidense, con una cartera superior a US$1.1 billones. Una venta prolongada de estos títulos para defender el yen habría añadido presión a un mercado que ya enfrentaba elevados rendimientos.

Posteriormente, el Tesoro estadounidense anunció que duplicaría sus operaciones de recompra destinadas a respaldar la liquidez en los bonos de entre 10 y 30 años.

La medida produjo inicialmente una reducción de los rendimientos, pero el efecto duró menos de 24 horas. El bono a 30 años volvió a superar el 5.25 %, mientras el de 10 años rebasó el 4.70 %.

¿Qué significa para República Dominicana?

Para la economía dominicana, el nivel de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense constituye una referencia importante para determinar el costo del financiamiento externo.

Por esa razón, el Banco Central mantiene bajo observación la evolución de las tasas internacionales y sus posibles implicaciones, con el objetivo de identificar oportunamente riesgos externos y adoptar las medidas necesarias para preservar la estabilidad macroeconómica.

El escenario, sin embargo, encuentra a República Dominicana con indicadores que ofrecen cierto margen de protección.

El Índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI) se situó en 157 puntos básicos durante los primeros días de septiembre, su nivel más bajo de los últimos cinco años, reflejando una percepción favorable de los inversionistas sobre el riesgo soberano dominicano frente a otros países de la región.

A esto se suma el comportamiento del peso dominicano. Al cierre de agosto, la moneda acumulaba una apreciación superior al 7 % frente al dólar estadounidense, respaldada por el dinamismo de los sectores generadores de divisas.

Asimismo, las reservas internacionales se mantienen por encima de las principales métricas establecidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), al superar cinco meses de importaciones y representar alrededor del 11 % del PIB.

Estos indicadores no eliminan los riesgos derivados del entorno financiero internacional, pero sí proporcionan al país un colchón para enfrentar eventuales choques externos.

En ese contexto, el desafío para República Dominicana no está únicamente en el nivel actual de las tasas estadounidenses, sino en cuánto tiempo permanecerán elevadas y hasta qué punto las presiones fiscales, inflacionarias y financieras de Estados Unidos terminarán trasladándose al resto de los mercados.

El Banco Central, por tanto, mantiene el monitoreo de estas variables como parte de su seguimiento de las condiciones financieras globales y de los riesgos que puedan afectar la estabilidad de la economía dominicana.

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