Salud
“El colesterol era la pieza que faltaba”: el descubrimiento que podría cambiar el tratamiento de tumores agresivo
NUEVA YORK,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- Durante años, el colesterol ha sido señalado como uno de los principales enemigos de la salud cardiovascular. Sin embargo, en el campo de la oncología, este lípido ha comenzado a despertar un interés diferente: algunos tumores parecen depender de él para sobrevivir.
Ahora, investigadores del Instituto Sanford Burnham Prebys, en colaboración con la Universidad de Illinois en Chicago, han descubierto una forma de convertir esa dependencia en una debilidad potencialmente letal para las células cancerosas.
Los resultados, publicados en la revista científica Science Advances, describen un mecanismo que impide a ciertos tumores utilizar el colesterol que necesitan para crecer, provocando una especie de “hambre celular” que bloquea su expansión.
La adicción al colesterol de algunos tumores
Los científicos explican que numerosos tumores agresivos desarrollan una intensa necesidad de colesterol para mantener su crecimiento acelerado.
Este fenómeno resulta especialmente evidente en cánceres que presentan mutaciones en el gen TP53, conocido por los investigadores como el “guardián del genoma” debido a su papel fundamental en la prevención del desarrollo tumoral.
Cuando este gen pierde su función protectora y muta, las células cancerosas comienzan a fabricar colesterol de manera descontrolada y a utilizarlo como combustible para sostener su proliferación.
Las alteraciones en TP53 están presentes en aproximadamente la mitad de todos los tipos de cáncer y son particularmente frecuentes en algunos de los tumores de mama más difíciles de tratar.
Los investigadores señalan que estas mutaciones aparecen en más del 84% de los cánceres de mama triple negativo y en cerca del 75% de los casos HER2 positivos, dos subtipos asociados con una mayor agresividad clínica.
El hallazgo que cambió el rumbo de la investigación
La investigación se centró en una familia de enzimas denominadas PI5P4K.
Durante años, los científicos sospechaban que estas moléculas desempeñaban un papel importante en el metabolismo de las células cancerosas, pero desconocían exactamente cómo influían en su supervivencia.
La doctora Brooke Emerling, directora y profesora asociada del Programa de Metabolismo del Cáncer en Sanford Burnham Prebys, explicó que los resultados obtenidos superaron las expectativas iniciales.
“Normalmente, cuando los ratones pierden el gen TP53, están condenados a morir de cáncer en un plazo de cuatro a ocho meses”, señaló la investigadora.
Sin embargo, al eliminar las enzimas PI5P4K, los científicos observaron un resultado sorprendente.
“Los animales estuvieron protegidos al 100% y nunca desarrollaron un tumor. El colesterol resultó ser una de las piezas que nos faltaba en este rompecabezas”, afirmó Emerling.
Más allá de las estatinas
La relación entre colesterol y cáncer no es un tema nuevo.
Durante años, diversos investigadores han explorado la posibilidad de utilizar medicamentos como las estatinas para limitar el acceso de los tumores a este lípido.
Sin embargo, la experiencia clínica ha mostrado que muchas células cancerosas logran adaptarse y desarrollar mecanismos de resistencia.
Por ello, el nuevo estudio plantea una estrategia completamente diferente.
En lugar de impedir que el colesterol exista, los investigadores buscan evitar que la célula cancerosa pueda utilizarlo adecuadamente.
La clave no estaría en reducir la cantidad de colesterol disponible, sino en alterar la logística interna que permite aprovecharlo para activar mecanismos de crecimiento.
Una cuestión de ubicación dentro de la célula
El descubrimiento se centra en unos compartimentos celulares llamados lisosomas.
Estas estructuras actúan como centros de transporte y procesamiento dentro de la célula y desempeñan un papel importante en la movilización del colesterol.
En las células tumorales con mutaciones activas en TP53, los lisosomas suelen ubicarse cerca de la membrana celular.
Esa posición estratégica facilita el contacto entre el colesterol y una proteína denominada mTORC1, considerada uno de los principales reguladores del crecimiento celular.
Cuando esta proteína recibe señales procedentes del colesterol, activa una serie de procesos que favorecen la supervivencia y expansión del tumor.
Sin embargo, al eliminar las enzimas PI5P4K, los investigadores observaron que los lisosomas dejaban de desplazarse hacia la periferia celular y quedaban agrupados cerca del núcleo.
Como consecuencia, el colesterol y la proteína mTORC1 dejaban de encontrarse.
“Como dos barcos que se cruzan en la noche”
El doctor Ryan Loughran, investigador posdoctoral y coautor del estudio, utilizó una imagen sencilla para explicar el fenómeno.
“Cuando la ausencia de estas quinasas altera la posición de los lisosomas, el vínculo entre el colesterol y la proteína de crecimiento mTORC1 se rompe; se convierten en algo parecido a dos barcos que se cruzan en la noche”, explicó.
Al desaparecer esa conexión, la señal que impulsa el crecimiento tumoral se interrumpe.
Los investigadores describen este proceso como una especie de inanición artificial: el colesterol sigue presente dentro de la célula, pero el tumor ya no puede aprovecharlo para alimentar su desarrollo.
Una nueva esperanza para los cánceres más difíciles
Los resultados han despertado un considerable interés dentro de la comunidad científica debido a su potencial aplicación en tumores que actualmente presentan opciones terapéuticas limitadas.
Los investigadores trabajan ahora en el desarrollo de fármacos capaces de inhibir selectivamente las enzimas PI5P4K y reproducir los efectos observados en los modelos experimentales.
La esperanza es diseñar tratamientos dirigidos que actúen específicamente sobre la vulnerabilidad metabólica de las células cancerosas sin afectar de manera significativa a los tejidos sanos.
Aunque todavía serán necesarios nuevos estudios para evaluar la seguridad y eficacia de esta estrategia en seres humanos, los hallazgos ofrecen una perspectiva prometedora para pacientes con algunos de los cánceres de mama más agresivos y resistentes a las terapias actuales.
Para los investigadores, el descubrimiento demuestra que comprender cómo los tumores utilizan recursos esenciales como el colesterol puede abrir caminos inesperados en la búsqueda de nuevas terapias contra el cáncer.
