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El inédito panorama del 2028: un reto para las estrategias

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Por Charlie Núñez

Cuando se acerca un proceso electoral, la gente comienza a escuchar de asesores extranjeros y de estrategas; también usted se topa con analistas en los medios que abordan el tema estratégico de los partidos y en cada organización existen los “expertos en estrategia”; con tantos expertos, debemos determinar, y nos preguntamos: ¿quién definirá la estrategia de cada partido?.

El estratega es como el médico; su capacidad, experiencia, inteligencia, todo ayuda a su buen desenvolvimiento. Ambos trabajan con síntomas, signos, estudios y diagnósticos que concluyen en la receta o recomendaciones.

Lo que nunca se puede perder de vista es que aún síntomas y signos similares no necesariamente van a concluir en un mismo diagnóstico y que para la receta y recomendaciones hay que tomar en cuenta factores que obligan a que cada paciente o proceso de ambas áreas sea visto y analizado caso por caso.

Como en mi caso, no soy médico, voy a enfocarme en el tema electoral que se avecina y enfocar dicho proceso en función de los elementos que hasta el momento se observan y lo que aparentemente son las estrategias políticas y comunicacionales de los partidos.

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Cuando se pertenece a las instancias superiores de las organizaciones políticas, se participa de muchas actividades, reuniones y presentaciones que van alimentando el cerebro de esos dirigentes de informaciones y conocimiento por encima del conglomerado; esto provoca que con el tiempo pocas cosas les son nuevas y les resulta entendible cualquier presentación.

Lo peligroso de esto es cuando se combinan esos conocimientos con el ego de “yo soy el jefe”, pues de ahí se imponen diseños estratégicos en contra de recomendaciones profesionales y tienen la tendencia a invadir el terreno de las estrategias de comunicación en el que pocos políticos tienen conocimiento.

Es muy importante separar la estrategia política de la de comunicación, pues la primera existe sin la segunda, pero la segunda sin la primera son tiros al aire.

En esta etapa es muy notorio que las estrategias comunicacionales se están imponiendo sobre las estrategias políticas de las tres principales fuerzas organizadas; están tratando de imponer una narrativa ignorando la principal fuerza, que es la de la abstención, que aparece en los estudios como ninguno, no sabe o no opina.

Para ganar la presidencia de la República, a partir del 1996, se requiere del 50% + 1 voto; ese primer proceso ha sido el único en el que los dominicanos acudimos a una segunda vuelta, pues aunque Hipólito Mejía no logró esa votación, la población había hablado y su competidor para la segunda vuelta, Danilo Medina, no logró convencer al doctor Balaguer de que le apoyara, por lo que ir a una segunda vuelta era pérdida de tiempo y dinero para el país.

De ahí en adelante, todos los procesos se debatían entre dos organizaciones, periodos en los cuales el Partido de la Liberación Dominicana logró imponerse en cuatro procesos presidenciales consecutivos, hasta que pierde las elecciones del 2020 en las que, igual, se debatieron dos fuerzas políticas, el PLD, que sufrió una división en medio del proceso, y el PRM.

El panorama político cambia radicalmente en cuestión de días en el mundo y la República Dominicana no está exenta de eso, pero al momento se siente un desplome del PRM en el poder, sin que los partidos adversos hayan sido grandes beneficiados por esa caída; ninguno sabe o no opina si se han fortalecido. Sin embargo, eso no ocurre con los candidatos, pues David Collado, Leonel Fernández y Omar Fernández se han mantenido con simpatías por encima de los demás.

Collado, ya en las últimas semanas, está sufriendo la caída estrepitosa de su partido.

¿A partir de esta realidad, qué ha sucedido? Las principales fuerzas políticas viven presentando encuestas que les favorecen, de las que salen publicadas; cada uno promueve el o los cuadros que entiende le benefician y las dos que más han llamado la atención, que son Gallup y ACD Media, se han guardado los datos de escenarios en los que se proyectan los candidatos.

Eso no significa que los partidos no conozcan la realidad; es lógico que cada uno decida morir peleando hasta donde se pueda. Lo único que, contrario a toda lógica, se deja de lado son las estrategias políticas para proceder con una estrategia de comunicación que busca imponer una narrativa de triunfo en la que se está cometiendo un error muy visible; es cuando las palabras y los discursos chocan con la realidad y la gente lo nota.

En el pasado, el orgullo de un periodista era manifestar objetividad en sus opiniones; si tenía vínculos políticos, no lo vivía pregonando. Hoy, una buena parte de los que actúan en los medios de comunicación, sin una conciencia de lo que significa tener un micrófono por delante, actúan libremente como voceros de partidos y sus exposiciones son como militantes políticos, y estos se creen que con decir que su candidato va a ganar ya será así y sus comentarios, por más vueltas que le den, terminan en que su candidato ganará.

La lógica dice que peledeístas y pueblistas deberían denunciar y combatir al gobierno y el gobierno intentar hacer bien la cosa. ¿Qué está sucediendo? Que no es un partido, es el o los candidatos de un partido que le están comiendo los caramelos y, en vez de gobernar, se han dedicado a tratar de desacreditar a esos candidatos haciendo énfasis en Leonel Fernández. El PLD, que pasó de un silencio sepulcral mientras se le golpeaba a tener una activa presencia en los medios, una de las encuestas, la Gallup, a pesar de que se evidenció una manipulación en la presentación, pues sus propios números decían otra cosa, presentó un cuadro de empate entre PLD y FP.

Un PRM bajando le entró a su peligro evidente, Leonel, un PLD que quiere subir ataca a quien quiere desplazar, a Leonel, y de repente tenemos a voceros del PLD y del PRM juntos atacando a Leonel Fernández, lo que sitúa a este candidato ante los ojos del mundo como el de mayor posibilidad.

Otro elemento que se discute es que no habrá solución en primera vuelta; por lo tanto, se vislumbra un acuerdo obligatorio de dos de las tres fuerzas principales. Incluso se ha planteado la remota posibilidad de que ese escenario de segunda vuelta sea entre PLD y FP; sin embargo, hay un escenario que pocos han visualizado: es el de una gran coalición que, encabezada por uno de los candidatos punteros, pueda generar una solución en primera vuelta sin necesidad de acuerdo de dos de los tres principales.

En este último, el voto útil jugaría un importante papel, lo que a su vez pondría en peligro la disminución de la o las fuerzas que se abstengan de participar en esa coalición.

La gran prueba de cualquier acuerdo, de posicionamiento o de posibilidades, será definitivamente las elecciones de febrero; aunque no es necesariamente una sentencia, negar el impacto de febrero en mayo es no mirar con objetividad los procesos.

Ahí se demostrará quién tiene proyecto de poder o quién busca sobrevivir, pero además quién piensa en el país o solo en particularidades de ocasión. Los días son cortos y los plazos implacables; todos atentos.

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