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El presidente de Senegal destituye al primer ministro Sonko y disuelve el Gobierno
El presidente de Senegal, Bassirou Diomaye Faye, destituyó el viernes al primer ministro Ousmane Sonko y disolvió el Gobierno tras meses de tensiones entre ambos dirigentes, antiguos aliados políticos.
La decisión profundiza la incertidumbre en este país de África Occidental, marcado por una grave crisis económica, altos niveles de deuda y crecientes disputas dentro del movimiento gobernante.
El anuncio fue realizado en la televisión estatal mediante un decreto leído por el asesor presidencial Oumar Samba Ba, quien informó que Faye “ha puesto fin a las funciones de Ousmane Sonko” y, en consecuencia, a las de los ministros y secretarios de Estado que integraban el Gobierno. No se ofrecieron detalles inmediatos sobre el nombramiento de un nuevo primer ministro.
Tras su destitución, Sonko reaccionó en Facebook con un breve mensaje: “Alabado sea Dios. Esta noche dormiré tranquilo en el barrio de Keur Gorgui”, en referencia al distrito de Dakar donde vive.
Poco después de la medianoche, llegó a su domicilio, donde fue recibido por cientos de simpatizantes que se habían reunido para vitorearlo, según periodistas de AFP.
La prensa senegalesa reaccionó con titulares contundentes como: “La fractura”, “Diomaye toma el poder”, “Adiós al dúo” o “Guerra interna”, reflejando la magnitud del terremoto político.
La pregunta central ahora es cómo podrá gobernar Faye y sacar adelante reformas si Sonko conserva una fuerte base popular y sigue siendo una figura dominante dentro del Pastef, partido mayoritario en la Asamblea Nacional.
Una alianza rota en la cima del poder
Senegal atraviesa una situación política inusual: el presidente debe gran parte de su llegada al poder a Sonko, quien probablemente habría sido candidato presidencial en 2024 si no se le hubiera impedido presentarse debido a una condena por difamación que lo privó de sus derechos civiles. Ante esa situación, Sonko designó a Bassirou Diomaye Faye, entonces su mano derecha, para reemplazarlo en la carrera presidencial.
Las primeras grietas públicas en la alianza aparecieron en julio de 2025, cuando Sonko criticó al presidente y denunció un “problema de autoridad” en el país. Desde entonces, los desacuerdos entre ambos se multiplicaron.
A comienzos de mayo, Faye cuestionó lo que describió como una “personalización excesiva” del poder por parte de Sonko dentro del partido Pastef. “Mientras siga siendo primer ministro, es porque cuenta con mi confianza. Cuando ese deje de ser el caso, habrá un nuevo primer ministro”, declaró en una entrevista televisada.
Horas antes de su destitución, Sonko volvió a criticar al presidente durante una intervención en la Asamblea Nacional, esta vez por la transparencia en la gestión de los fondos políticos, cuyo uso depende del poder discrecional del jefe de Estado.
Otro punto de fricción ha sido la lentitud de los procesos contra antiguos responsables del régimen de Macky Sall, acusados de corrupción por Sonko.
Sonko mantiene influencia popular y parlamentaria
Pese a su salida del Gobierno, Sonko conserva un fuerte respaldo entre sectores jóvenes y populares, que lo ven como una figura de ruptura frente al antiguo sistema político. Su discurso panafricanista, su postura firme frente a Francia, antigua potencia colonial, y su perfil de opositor frontal a Macky Sall le permitieron construir una base de apoyo fervorosa antes de las elecciones de 2024.
El reto para Faye será ahora institucional. Deberá nombrar a un nuevo primer ministro, que tendrá que obtener la aprobación de los diputados en un plazo de tres meses. Sin embargo, el Pastef controla la mayoría parlamentaria, lo que abre una incógnita clave: quién seguirá siendo leal a Sonko y quién respaldará al presidente.
“Si los diputados deciden presentar una moción de censura o de desconfianza, tienen los medios para hacerlo”, recordó Babacar Ndiaye, director de investigación del centro de estudios Wathi, consultado por AFP.
Faye, por su parte, no podrá disolver la Asamblea Nacional antes de noviembre de 2026, dos años después del inicio de la legislatura.
Crisis económica y presión social
La ruptura política se produce en un momento delicado para Senegal. Desde su llegada al poder en 2024, las nuevas autoridades han acusado al expresidente Macky Sall de haber ocultado una parte de la deuda pública, lo que llevó a la suspensión de un programa de ayuda del Fondo Monetario Internacional por valor de 1.800 millones de dólares.
Según el FMI, la deuda del país alcanza el equivalente al 132 % del PIB, lo que convierte a Senegal en uno de los países más endeudados del África subsahariana. Mientras Faye se inclina por negociar con el FMI un nuevo programa de ayuda, Sonko defendía una línea más soberanista y crítica con la influencia de las instituciones financieras internacionales.
La crisis también aumenta la frustración entre ciudadanos que esperaban empleo, mejoras económicas y una transformación profunda del país. “No es algo bueno. El país necesita empleos, no política”, dijo a AFP Modou Diaw, conductor de mototaxi en Dakar.
Mirada puesta en 2029
La ruptura entre Faye y Sonko podría transformar a dos antiguos aliados en futuros rivales políticos. El Parlamento aprobó recientemente una reforma del código electoral que abre el camino para que Sonko pueda presentarse a las elecciones presidenciales de 2029, al modificar una disposición que hacía inelegibles a candidatos condenados por difamación.
Aunque Sonko fue elegido diputado en noviembre de 2024 y posteriormente renunció a su mandato para permanecer como primer ministro, su partido sostiene que sigue siendo elegible. Faye, menos popular que Sonko pero respaldado por el movimiento “Diomaye Presidente”, también podría aspirar a un segundo mandato.
La destitución de Sonko marca una crisis de poder dentro del bloque que gobierna Senegal y amenaza con complicar tanto la estabilidad institucional como la respuesta a los graves desafíos económicos del país.
