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Nepal y el Tíbet elevan a 1.384 las víctimas mortales mientras continúa la búsqueda de desaparecidos
Un lamentable balance que sigue aumentando. En Nepal, la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres situó este domingo en 1.341 el número de fallecidos, frente a los 1.344 contabilizados el día anterior.
Las autoridades explican estas variaciones por la complejidad de las labores forenses y por la recuperación de restos humanos parciales entre los escombros. El número de desaparecidos asciende ahora a 4.996, entre ellos al menos 589 extranjeros, incluidos dos españoles.
Hasta el momento, solo 98 cuerpos han podido ser identificados y entregados a sus familias. En el Tíbet, las autoridades chinas elevan a 43 los fallecidos y mantienen en 519 el número de personas cuyo paradero se desconoce.
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La esperanza reaparece entre los escombros
Pese al paso de los días, varios rescates recientes han ofrecido un inesperado margen de esperanza. El sábado, los equipos de emergencia encontraron con vida a Chandrika Kumari Shrestha, una mujer de 64 años que permaneció alrededor de once días atrapada en un reducido espacio de su vivienda derrumbada en el mercado de Betrawati, en el distrito de Nuwakot. Su familia había comenzado incluso los rituales funerarios al considerar que había fallecido.
Los rescatistas rodeaban los restos de la vivienda, una construcción de cuatro plantas arrasada por las inundaciones y parcialmente sepultada por el barro, cuando escucharon una voz que pedía auxilio. Tras unos 45 minutos de operación, lograron localizar a Shrestha y trasladarla a un hospital militar.
El rescate se produjo después de otras operaciones exitosas en las inmediaciones del río Trishuli. Un ciudadano chino fue encontrado con vida tras permanecer once días atrapado en un túnel de la central hidroeléctrica Upper Trishuli-1, en Rasuwa.
Y un día antes, el pasado viernes 4 de septiembre, dos trabajadores fueron liberados de una galería de la cercana central Trishuli 3A, donde habían permanecido sepultados durante diez días. Estos hallazgos han reforzado los esfuerzos de los equipos de emergencia, que siguen concentrando parte de sus recursos en túneles, galerías y huecos entre edificios derrumbados donde podrían permanecer personas atrapadas.
Betrawati continúa siendo uno de los principales focos de las operaciones. El mercado y numerosos edificios residenciales quedaron prácticamente sepultados bajo depósitos de lodo que se endurecieron hasta adquirir una consistencia similar al hormigón.
Los equipos trabajan con palas y herramientas de excavación y se introducen en pequeños espacios entre las estructuras colapsadas, mientras utilizan silbatos periódicamente para detectar posibles respuestas. Días atrás fueron recuperados 24 cuerpos en avanzado estado de descomposición de un edificio que albergaba una pequeña tienda, según responsables de las operaciones.
Un despliegue masivo ante una emergencia prolongada
Las autoridades nepalíes mantienen uno de los mayores dispositivos de emergencia desplegados en el país, con 21.465 efectivos del Ejército, la Policía y la Fuerza Armada trabajando sobre el terreno.
Hasta ahora, las operaciones han permitido auxiliar y poner a salvo a 13.104 personas, mientras que 6.075 heridos han recibido atención médica. La emergencia también ha provocado un desplazamiento masivo de población: 3.652 personas permanecen alojadas en 39 centros de acogida provisionales distribuidos principalmente en los distritos de Rasuwa, Nuwakot y Dhading.
Las consecuencias de las riadas se extienden mucho más allá de las zonas donde se concentran las labores de rescate. Cientos de cadáveres han sido arrastrados por los ríos hasta lugares alejados del distrito de Rasuwa, mientras en Chitwan, a cientos de kilómetros de distancia, las autoridades han habilitado fosas comunes para cuerpos no identificados cuyo avanzado estado de descomposición dificulta su conservación.
La búsqueda de desaparecidos continúa mientras las posibilidades de encontrar supervivientes disminuyen con el paso del tiempo, aunque los rescates registrados en los últimos días han llevado a los equipos a mantener la vigilancia en estructuras colapsadas y túneles.
El desastre, desencadenado por el derrumbe de un glaciar que provocó las devastadoras inundaciones, deja así una emergencia humanitaria todavía abierta, con miles de familias a la espera de noticias sobre sus seres queridos y una compleja tarea de reconstrucción por delante.
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Con Reuters y EFE
