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¿Qué buscó la visita no anunciada del director de la CIA a Moscú y cómo impactaría a Ucrania?

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La visita de John Ratcliffe a Moscú no había sido anunciada públicamente antes de que medios estadounidenses informaran sobre ella. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, confirmó este miércoles 26 de agosto que el director de la CIA mantuvo conversaciones con funcionarios de los servicios de inteligencia rusos.

Además, declaró que el presidente Vladímir Putin fue informado de los contactos, pero precisó que Ratcliffe no se reunió con el mandatario ruso. Peskov tampoco reveló quiénes participaron exactamente por la parte rusa.

Aunque no se conocen el contenido ni los objetivos concretos del encuentro, el viaje abre un canal de comunicación de alto nivel que puede servir para gestionar riesgos de seguridad, explorar posiciones sobre Ucrania y otros conflictos o preservar una vía de diálogo entre dos gobiernos cuyas relaciones, según el propio Kremlin, siguen sumidas en una “profunda crisis”.

“Ha habido contactos a través de los servicios de seguridad”, explicó Peskov, quien añadió que Putin se mantiene informado de este tipo de contactos.

“Ahora puede que salga algo de esto. Estamos trabajando arduamente para poner fin a esa guerra”

La presencia estadounidense en Moscú fue detectada después de que un avión militar estadounidense aterrizara en el aeropuerto de Vnukovo el martes y abandonara la capital rusa ese mismo día, según medios estatales rusos.

El Gobierno de Donald Trump tampoco ha explicado públicamente el propósito concreto del viaje. El inquilino de la Casa Blanca calificó la visita de Ratcliffe como algo “bastante rutinario” o “semirutinario”, aunque posteriormente dejó abierta la posibilidad de que tenga consecuencias.

“Ahora puede que salga algo de esto. Estamos trabajando arduamente para poner fin a esa guerra”, sostuvo Trump en una entrevista con el programa radiofónico de Glenn Beck, en referencia a la invasión de Rusia en Ucrania.

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Un encuentro excepcional, aunque no sin precedentes

Pese a que los contactos entre los servicios de inteligencia estadounidense y ruso se han mantenido incluso durante periodos de gran tensión, una visita de un director de la CIA a Moscú es poco habitual.

El analista ruso especializado en servicios de seguridad Andrei Soldatov señaló a la agencia estadounidense de noticias AP que este tipo de viajes “no se producen todos los años”. Según su análisis, los canales entre las agencias de inteligencia de ambos países han permanecido abiertos durante décadas precisamente porque pueden ser necesarios para abordar asuntos urgentes de seguridad nacional.

El antecedente más importante se produjo en noviembre de 2021, cuando el entonces director de la CIA, William Burns, viajó a Moscú y se reunió con Putin. Aquella visita tuvo lugar pocos meses antes de la invasión a gran escala de Ucrania.

Archivo: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y John Ratcliffe, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), conversan al salir de una reunión de gabinete en Camp David, Thurmont, Maryland, Estados Unidos, el 31 de julio de 2026.
Archivo: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y John Ratcliffe, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), conversan al salir de una reunión de gabinete en Camp David, Thurmont, Maryland, Estados Unidos, el 31 de julio de 2026. © Reuters/Nathan Howard

Burns transmitió entonces advertencias estadounidenses sobre las consecuencias de una eventual invasión. Tres meses después, en febrero de 2022, Rusia lanzó su ofensiva militar a gran escala contra Ucrania.

Otro precedente se produjo en noviembre de 2022, cuando Burns se reunió en Turquía con Serguéi Naryshkin, jefe del Servicio de Inteligencia Exterior ruso. En aquella ocasión, según funcionarios estadounidenses, el director de la CIA advirtió a Moscú de las consecuencias de utilizar armas nucleares en Ucrania.

El encuentro de Ratcliffe ocurre, por tanto, en un contexto muy diferente, pero recupera una herramienta de comunicación que Washington y Moscú han utilizado incluso cuando sus relaciones diplomáticas se encuentran en uno de sus puntos más bajos.

¿Tiene relación directa con las negociaciones sobre Ucrania?

Por ahora, no hay pruebas públicas suficientes para afirmar que Ratcliffe viajara a Moscú para negociar un alto el fuego o un acuerdo de paz en Ucrania. Ni la CIA, ni la Casa Blanca ni el Kremlin han divulgado el contenido de las conversaciones. Trump tampoco explicó el objetivo de la misión cuando fue preguntado específicamente si Ratcliffe había viajado para abordar posibles acciones rusas relacionadas con la OTAN o las sanciones contra Irán.

La respuesta del presidente fue que ninguna de esas opciones correspondía al motivo del viaje y volvió a describirlo como un contacto “bastante rutinario”.

Sin embargo, el contexto de Ucrania y la sugerencia en las palabras de Trump hace difícil desvincular completamente la visita de la guerra. El líder republicano ha convertido el final del conflicto en una de sus principales prioridades de política exterior y ha mantenido conversaciones con Putin desde su regreso a la Casa Blanca.

Al mismo tiempo, los esfuerzos para conseguir un acuerdo duradero se han estancado. Putin ha rechazado la propuesta del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, de establecer un alto el fuego inmediato y sostiene que Moscú busca una solución integral del conflicto, no una tregua temporal.

Bomberos trabajan en el lugar de un ataque con misiles rusos, en el marco del ataque de Rusia contra Ucrania, en la región de Kiev, Ucrania, 5 de agosto de 2026.
Bomberos trabajan en el lugar de un ataque con misiles rusos, en el marco del ataque de Rusia contra Ucrania, en la región de Kiev, Ucrania, 5 de agosto de 2026. © Reuters/Anatolii Stepanov

La guerra, mientras tanto, continúa con ataques de largo alcance de Rusia y Ucrania.

Pero la utilidad de una reunión entre los jefes o altos funcionarios de inteligencia de dos países enfrentados no necesariamente consiste en negociar un tratado. Estos canales pueden utilizarse para reducir el riesgo de una escalada, transmitir mensajes que requieren discreción, intercambiar advertencias o discutir asuntos de seguridad que no pueden abordarse públicamente.

En el caso de Rusia y Estados Unidos, esto adquiere especial relevancia porque ambos países poseen arsenales nucleares y mantienen intereses contrapuestos en distintos escenarios internacionales.

El antecedente de Burns y Naryshkin en 2022 es ilustrativo: aquella conversación no buscaba poner fin a la guerra, sino establecer límites frente al riesgo de que Rusia utilizara armas nucleares.

Por ello, el hecho de que Ratcliffe haya viajado personalmente a Moscú puede ser significativo incluso si no produce ningún anuncio diplomático inmediato.

La consecuencia más inmediata de la visita puede ser la reapertura de un canal de comunicación directo en un momento de elevada incertidumbre.

Si el encuentro permitió transmitir posiciones sobre Ucrania, podría contribuir a que Washington conozca mejor las condiciones que Moscú considera necesarias para un acuerdo y, a la inversa, a que el Kremlin reciba directamente mensajes estadounidenses.

Pero sería prematuro interpretar la visita como el comienzo de un nuevo proceso de paz. No existe información pública que permita afirmar que Ratcliffe haya conseguido un compromiso ruso para un alto el fuego, que se haya alcanzado un acuerdo sobre territorios ocupados o que Moscú haya modificado sus objetivos militares.

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¿Pueden mejorar las relaciones entre Washington y Moscú?

El Kremlin ha dado una respuesta cautelosa. Peskov calificó los contactos entre los servicios de inteligencia como “un fenómeno positivo”, pero simultáneamente afirmó que las relaciones entre Rusia y Estados Unidos atraviesan una “profunda crisis”.

El portavoz ruso sostuvo que estos contactos suelen mantenerse incluso durante los momentos más difíciles de las relaciones bilaterales. Sin embargo, añadió que todavía es demasiado pronto para determinar si la visita de Ratcliffe contribuirá a sacar a ambos países de esa crisis.

Esa cautela refleja una realidad: un contacto entre servicios de inteligencia no equivale a un acercamiento político general.

Washington y Moscú continúan enfrentados por la guerra en Ucrania, las sanciones occidentales contra Rusia, la seguridad europea y sus intereses contrapuestos en distintos conflictos internacionales. Un encuentro secreto puede abrir una vía de comunicación, pero no necesariamente modifica esas diferencias.

Y es que el acercamiento entre Trump y Putin no ha resuelto la guerra. Las relaciones entre Washington y Moscú comenzaron a experimentar cierto deshielo después del regreso de Trump a la presidencia. El mandatario estadounidense ha hablado varias veces por teléfono con Putin e incluso se reunió con él en Alaska.

Donald Trump et Vladimir Poutine lors de leur rencontre à Anchorage, en Alaska, le 15 août 2025.
AArchivo: Donald Trump y Vladimir Putin durante su reunión en Anchorage, Alaska, el 15 de agosto de 2025. © Kevin Lamarque/Reuters

Trump llegó a la Casa Blanca prometiendo terminar rápidamente la guerra en Ucrania. Sin embargo, más de un año después, el conflicto continúa y las negociaciones no han producido un acuerdo definitivo.

Ese contraste es importante para interpretar el viaje de Ratcliffe: el contacto directo entre altos funcionarios estadounidenses y rusos se ha multiplicado respecto de los peores momentos posteriores a la invasión, pero ese diálogo todavía no se ha traducido en una solución para Ucrania.

La reunión de Moscú puede ser una señal de que Washington quiere mantener abiertos todos los canales posibles con el Kremlin, incluso mientras las negociaciones políticas permanecen bloqueadas.

La variable de Irán y Medio Oriente

Hay además otro elemento que podría explicar el interés estadounidense en hablar directamente con Moscú: la relación de Rusia con Irán.

Moscú y Teherán mantienen una asociación estratégica y Rusia ha respaldado a Irán durante años. Desde el inicio de la invasión de Ucrania, Irán proporcionó a Rusia drones Shahed y posteriormente autorizó su producción en territorio ruso. En enero de 2025, ambos países firmaron un tratado de “asociación estratégica integral”.

Según funcionarios estadounidenses citados anteriormente por AP, Rusia también proporcionó a Irán información que podría ayudarle a atacar buques, aeronaves y otros activos militares estadounidenses en Oriente Medio.

Eso no demuestra que Irán haya sido el tema de la reunión de Ratcliffe —y no existe información pública que lo confirme—, pero constituye un elemento relevante del contexto estratégico.

Soldatov planteó precisamente la posibilidad de que Ratcliffe hubiera viajado para abordar asuntos relacionados con la protección de personal, bases o instalaciones estadounidenses en Oriente Medio, o para intentar influir en la relación entre Moscú y Teherán.

Le président russe Vladimir Poutine avant une réunion en marge du sommet de l'Organisation de coopération de Shanghai (OCS) à Tianjin, le 1er septembre 2025.
Archivo: el presidente ruso Vladimir Putin antes de una reunión celebrada al margen de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Tianjin, el 1 de septiembre de 2025. © AFP/Alexander Kazakov

La visita de Ratcliffe contiene, al mismo tiempo, dos mensajes aparentemente contradictorios. Por un lado, demuestra que incluso en medio de la guerra de Ucrania existen canales directos entre los aparatos de seguridad de Estados Unidos y Rusia. Por otro, el Kremlin insiste en que las relaciones bilaterales siguen atravesando una “profunda crisis”.

Ese contraste probablemente sea la mejor manera de interpretar el viaje por ahora. La reunión puede servir para gestionar riesgos, intercambiar información o explorar posibilidades que todavía no están maduras para la diplomacia pública. También puede convertirse en un primer paso hacia conversaciones más amplias sobre Ucrania.

Pero mientras no se conozca qué discutieron Ratcliffe y sus homólogos rusos, cualquier conclusión sobre un eventual acuerdo de paz sería especulativa.

Lo que sí está confirmado es que Washington y Moscú han decidido mantener abierto, en uno de los momentos más delicados de su relación desde el final de la Guerra Fría, un canal de inteligencia de alto nivel. La importancia de ese contacto dependerá de si consigue traducirse en algo más que comunicación: una reducción de riesgos, avances sobre Ucrania o, eventualmente, una nueva etapa en las relaciones entre las dos potencias.

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Con Reuters, AP y medios locales

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