Nacionales
Realidad, salud y vida de nuestros artistas

Por: Charlie Núñez
Sergio Vargas es un artista de gran sensibilidad y compromiso social; por su condición de figura pública, lo que Sergio dice o hace es de interés general. Como a veces suelta cosas que salen de su boca que aparentemente no fueron filtradas por su cerebro, entonces vienen las polémicas a su alrededor.
A raíz de la muerte de Rubby Pérez, el gobierno venezolano le concedió la ciudadanía póstuma, viajando a Venezuela varios merengueros, la casi totalidad, figuras de los años dorados del merengue. En un momento de distensión, Sergio Vargas expresó: «¿Cuál de nosotros será el próximo en morir?»; la pregunta desencajó el estado de ánimo de los allí presentes.
Aunque la pregunta estuvo un tanto alejada de la “zona de strike”, sobre todo por el contexto en el que se formuló, es algo que también debe llamar a la reflexión.
¿Por qué traemos esto a colación en este momento? Recientemente vi a un cantante de esa época, a quien admiro y aprecio, defenderse de una crítica que le hacía un comunicador, que cuestionaba la calidad de una presentación, argumentando que estuvo allí cumpliendo ese compromiso, pero que su condición de salud no era la mejor.
Quiero destacar que, en la década que más brillaron los artistas en mención, el promedio de vida en la República Dominicana era de 63.4 años; en la actualidad es de 73.7 a 74.8; y la mayoría de esos artistas, aunque sus figuras, producto del gimnasio, cuidado de la piel, estilo de vestir, etc., les disfraza los años, la gran mayoría, poquito más, poquito menos, ronda los 70 años.
Joseito Mateo murió a los 98 años, Johnny Ventura a los 81, Cuco Valoy tiene 89 y Fefita La Grande 82; solo Dios sabe a la edad que cualquiera partirá de este mundo, pero aunque la carrocería permanezca impecable, no podemos dejar de reconocer que el motor y la transmisión siempre reflejarán el modelo del vehículo, sobre todo si se le ha metido muchas millas.
La salud y la misma muerte son parte esencial de la vida; todos debemos verlas como algo natural y no hay por qué temer hablar de eso, ocultar una dolencia o molestarnos por un señalamiento que se haga.
Nuestros artistas y el público que les ha apoyado tanto en el país como en el extranjero; lo que debemos todos es estar conscientes de esa situación, aceptarla, comprenderla y ser condescendientes frente a cualquier percance; sería una forma de homenajear sus trayectorias.
