Salud
Por qué los expertos advierten que más suplementos no siempre significan más salud
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SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La industria de los suplementos alimenticios ha experimentado un crecimiento sin precedentes durante la última década.
Productos que prometen fortalecer el sistema inmunológico, mejorar la memoria, aumentar la energía o retrasar el envejecimiento forman parte de una oferta cada vez más amplia dirigida especialmente a personas mayores.
Para muchos consumidores, tomar vitaminas o minerales se ha convertido en un hábito cotidiano asociado al cuidado de la salud.
Sin embargo, la evidencia científica muestra un panorama más complejo.
Los especialistas señalan que, en personas con una alimentación adecuada, muchos suplementos aportan pocos beneficios demostrables y, en algunos casos, pueden incluso generar riesgos si se consumen sin supervisión médica.
El envejecimiento cambia las necesidades nutricionales
A medida que las personas envejecen, aumentan las probabilidades de desarrollar deficiencias nutricionales.
La pérdida de apetito, los cambios en el gusto y el olfato, las dificultades para masticar o tragar y la presencia de enfermedades crónicas pueden reducir significativamente la calidad de la alimentación.
Además, numerosos medicamentos utilizados con frecuencia en la tercera edad interfieren con la absorción o utilización de determinados nutrientes.
Los expertos explican que muchas personas mayores terminan adoptando dietas basadas en comidas ligeras, alimentos blandos o preparaciones de fácil consumo que aportan saciedad, pero no siempre cubren los requerimientos nutricionales del organismo.
Por ello, la pregunta no es si los suplementos son buenos o malos, sino cuándo son realmente necesarios.
La vitamina B12: una de las deficiencias más frecuentes
Entre los nutrientes que generan mayor preocupación se encuentra la vitamina B12.
Con el envejecimiento, el estómago produce menos ácido gástrico, una sustancia esencial para liberar esta vitamina de los alimentos y permitir su absorción.
La deficiencia de vitamina B12 puede provocar anemia, cansancio persistente, problemas neurológicos, alteraciones de la sensibilidad, hormigueos y dificultades cognitivas.
El riesgo aumenta especialmente en personas que utilizan medicamentos como la metformina o los inhibidores de la bomba de protones.
En estos casos, la suplementación suele ser eficaz y, en determinadas circunstancias, pueden requerirse inyecciones para corregir la deficiencia.
El papel del ácido fólico
El ácido fólico, también conocido como folato, participa en la formación de glóbulos rojos y en la síntesis del ADN.
Los niveles bajos pueden provocar anemia y elevar la concentración de homocisteína, un marcador asociado a enfermedades cardiovasculares y deterioro cognitivo.
Sin embargo, los especialistas advierten que el folato no debe administrarse de forma aislada sin descartar previamente una deficiencia de vitamina B12.
Esto se debe a que puede corregir algunas alteraciones sanguíneas mientras el daño neurológico continúa progresando silenciosamente.
Vitamina D: importante, pero no para todos
La vitamina D se ha convertido en uno de los suplementos más populares del mundo.
Su papel en la salud ósea es ampliamente reconocido, especialmente en personas con osteoporosis o riesgo elevado de fracturas.
Los adultos mayores que tienen poca exposición solar, movilidad reducida o que viven en residencias de larga estancia presentan un mayor riesgo de deficiencia.
No obstante, los investigadores subrayan que suplementar indiscriminadamente no siempre aporta beneficios.
Grandes estudios han encontrado que la administración rutinaria de vitamina D en adultos generalmente sanos no reduce de forma significativa el riesgo de fracturas cuando no existe una deficiencia previa.
El nutriente olvidado: la proteína
Aunque la atención suele centrarse en vitaminas y minerales, los expertos consideran que uno de los déficits más frecuentes en la vejez es la ingesta insuficiente de proteínas.
La proteína es esencial para conservar la masa muscular, mantener la fuerza física y prevenir la fragilidad.
Una alimentación pobre en carnes magras, pescado, huevos, lácteos, legumbres o frutos secos puede acelerar la aparición de sarcopenia, una condición caracterizada por la pérdida progresiva de masa muscular relacionada con la edad.
La sarcopenia aumenta el riesgo de caídas, fracturas, dependencia y pérdida de calidad de vida.
Por esta razón, muchos especialistas consideran que garantizar una adecuada ingesta proteica puede ser tan importante como corregir una deficiencia vitamínica.
¿Funcionan realmente los multivitamínicos?
Los multivitamínicos se encuentran entre los suplementos más consumidos por la población adulta.
Sin embargo, la evidencia sobre sus beneficios sigue siendo limitada.
Un amplio estudio realizado en Estados Unidos concluyó que el consumo diario de multivitamínicos no se asociaba con una reducción significativa del riesgo de muerte.
Aunque algunas investigaciones exploran posibles efectos sobre marcadores biológicos del envejecimiento, todavía no existe evidencia concluyente de que prolonguen la vida o mejoren la independencia funcional de las personas mayores.
Los riesgos de consumir suplementos sin control
La percepción de que los suplementos son completamente seguros no siempre es correcta.
Los especialistas recuerdan que las dosis elevadas de ciertas vitaminas pueden resultar perjudiciales.
El exceso de vitamina A o vitamina D puede causar toxicidad, mientras que algunos antioxidantes administrados en dosis altas han sido asociados con un aumento de la mortalidad en determinadas poblaciones.
El hierro también merece especial precaución.
Los expertos recomiendan evitar su consumo salvo que exista una deficiencia diagnosticada o una indicación médica específica.
Además, numerosos suplementos pueden interactuar con medicamentos utilizados habitualmente para tratar enfermedades cardiovasculares, diabetes o trastornos neurológicos.
La alimentación sigue siendo la mejor estrategia
Los especialistas coinciden en que la prioridad debe centrarse en mejorar la calidad de la dieta antes de recurrir a suplementos.
Esto implica evaluar factores como la pérdida de peso involuntaria, la variedad alimentaria, los problemas dentales, la capacidad para cocinar o acceder a alimentos saludables y la presencia de enfermedades crónicas.
En algunos casos, los análisis de sangre pueden ayudar a identificar deficiencias de vitamina B12, hierro, ácido fólico o vitamina D.
Solo entonces puede determinarse si la suplementación resulta realmente necesaria.
Más allá de las pastillas
La investigación actual sugiere que el envejecimiento saludable depende de múltiples factores que van mucho más allá de una cápsula o una vitamina.
La actividad física regular, una alimentación equilibrada, el descanso adecuado, la interacción social y el acceso a servicios de salud continúan siendo pilares fundamentales para mantener la calidad de vida.
Por ello, los expertos insisten en un mensaje sencillo pero respaldado por la evidencia científica.
Los suplementos pueden desempeñar un papel importante cuando existe una necesidad concreta, pero no constituyen una solución mágica.
«El mejor suplemento es el que satisface una necesidad real, no el que promete resultados espectaculares en su etiqueta».
En una época marcada por la creciente oferta de productos para el bienestar, esta recomendación sigue siendo una de las más valiosas para quienes buscan envejecer de manera saludable y segura.
Fuente:
Materiales proporcionados por The Conversation . Texto original de Miguel G. Borda y George E. Barreto. / www.diariodesalud.com.do
