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Kevin Warsh: el reto de dirigir el banco central de EE. UU. lidiando con la guerra y la presión de Trump
Kevin Warsh fue confirmado el miércoles 13 de mayo como nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed, banco central) en medio de las tensiones entre Donald Trump y los gobernadores por reducir las tasas de interés. Su llegada abre interrogantes sobre cuánto margen tendrá para sostener la independencia de la Fed mientras enfrenta presiones políticas, inflación persistente y expectativas de recortes de tasas.
Kevin Warsh llega a la presidencia de la Reserva Federal de Estados Unidos en uno de los momentos más delicados para la autonomía del banco central desde la crisis financiera de 2008.
Confirmado por el Senado para reemplazar a Jerome Powell, el economista y exgobernador de la Fed deberá demostrar si puede mantener independencia frente a Donald Trump, el mandatario que lo impulsó al cargo y que durante meses convirtió la política monetaria en un campo de confrontación pública.
La llegada de Warsh ocurre tras una campaña constante de Trump contra Powell por la negativa del banco central a acelerar la reducción de las tasas de interés. Esa presión política elevó las preocupaciones de los mercados sobre una posible erosión de la autonomía de la Fed, considerada históricamente un pilar de estabilidad financiera global.
“Además de sortear lo que ocurre con la guerra en Medio Oriente y las complicaciones del estrecho de Ormuz, Warsh tendrá que estar tratando de satisfacer las peticiones del presidente Trump, pero a la vez tratando de hacer el mandato de la Reserva Federal, tratando de mantener la inflación bajo control y maximizar los niveles de empleo”, comentó a France 24 Jorge Suárez-Vélez, economista y analista financiero.
Con 56 años y una larga trayectoria entre Wall Street, Washington y la propia Reserva Federal, Warsh aparece como una figura capaz de moverse con facilidad en los círculos de poder económico y político; sin embargo, precisamente esa cercanía con el ‘establishment’ republicano y con el entorno de Trump alimenta las dudas sobre cuánto margen real tendrá para resistir eventuales exigencias de la Casa Blanca.
Durante su audiencia de confirmación en el Senado, Warsh intentó disipar esos temores. Aseguró que Trump nunca le pidió bajar las tasas de interés y prometió que la política monetaria seguiría siendo “estrictamente independiente”. Pero los demócratas pusieron en duda la consistencia de sus posiciones, especialmente por los cambios que ha mostrado frente a la inflación y la dirección que debería tomar la Fed.
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El desafío para Warsh no será solamente político. También deberá reconstruir consensos dentro de una institución que criticó abiertamente durante años.
Según analistas en Washington, el nuevo jefe del banco central tendrá que convencer tanto a los equipos técnicos como al resto de responsables monetarios de que su liderazgo no estará condicionado por intereses externos.
“Cuando Warsh estaba siendo entrevistado como posible candidato, él dijo que las tasas de interés sí podrían bajar por lo que está pasando con la inteligencia artificial, ya que se espera que esta va a tener un muy buen impacto en términos de productividad, con lo cual él espera que esto no vaya a generar presión en los precios porque se va a producir más con los mismos recursos”, añadió Suárez-Vélez en relación con la perspectiva del nuevo jefe de la Fed a futuro.
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Un perfil robusto y particular del “halcón”
Y es que su historial dentro de la Fed ofrece señales mixtas. Entre 2006 y 2011 participó directamente en la respuesta a la crisis financiera internacional junto al entonces presidente Ben Bernanke. En ese periodo se consolidó como un puente entre el banco central y los mercados financieros, aunque también comenzó a expresar reservas frente a políticas monetarias expansivas y prolongadas.
Esa postura le dio reputación de “halcón”, término usado para describir a quienes priorizan el control de la inflación incluso a costa de mantener tasas de interés altas.
Sin embargo, su llegada ahora se produce en un contexto distinto: desaceleración económica, presiones políticas para abaratar el crédito y una Casa Blanca interesada en impulsar el crecimiento antes de las próximas elecciones legislativas.
Ahí aparece el principal interrogante sobre su margen de maniobra. Si Warsh mantiene una línea dura contra la inflación, podría terminar enfrentándose a Trump de la misma forma que Powell, pero en caso de que llegue a adoptar una posición más flexible y acelera recortes de tasas, los mercados podrían interpretar que la Fed cedió ante la presión política.
El nuevo presidente del banco central también carga con un perfil estrechamente conectado al poder financiero y empresarial estadounidense.
Antes de ingresar a la Fed trabajó en Morgan Stanley como banquero de fusiones y adquisiciones y luego se desempeñó como asesor económico de George W. Bush. Además, está casado con Jane Lauder, heredera de la familia vinculada al gigante cosmético Estée Lauder, mientras que su suegro, Ronald Lauder, mantiene una antigua relación política y empresarial con Trump.
Esa red de conexiones fortalece su influencia en Washington y Wall Street, pero al mismo tiempo alimenta el escrutinio sobre la independencia que promete defender mientras, además, se consagra como el líder de la Reserva Federal más rico hasta ahora con unos 100 millones de dólares en activos declarados.
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Con información de AFP y Reuters
